Mario Galeana
La historia del libro en Puebla comenzó con la Conquista. Las primeras obras llegaron a la Angelópolis en las manos de los frailes que iniciaron el proceso de evangelización. Sin embargo, fue hasta 1642 que Puebla produjo su primer libro.
Durante ese año, el obispo Juan de Palafox y Mendoza introdujo la imprenta en la ciudad y, con ello, nació la primera obra poblana: Historia real y sagrada de Príncipes, un tratado de alta doctrina política, dedicado a guiar al sucesor de Felipe IV y a la monarquía en general.
Con el tiempo, la ciudad de Puebla se constituyó como un importante centro productor y distribuidor de libros provenientes de las imprentas locales y de todos los territorios controlados por la Corona española.
La primera línea familiar de la cultura impresa en Puebla se inicia con Juan de Borja Infante, quien junto a su madre, Inés Vázquez Infante, mantuvo un taller tipográfico entre 1654 y 1688.
Les siguió Diego Fernández de León, quien montó su imprenta a partir de 1682.
Con ese amplio volumen de libros circulando se crearon colecciones particulares y bibliotecas en instituciones religiosas.
Cada convento contaba con un acervo de libros para el servicio de su comunidad.
La primera biblioteca
A partir de 1646 se constituyó la Biblioteca Palafoxiana, la primera del continente americano, con un acervo de 5 mil libros donados por Palafox y Mendoza para consulta de los seminaristas.
Su origen data de 1646, después de que el obispo Juan de Palafox y Mendoza, un personaje crucial en el desarrollo de la ciudad, donó su biblioteca personal de más de 5 mil libros para la formación de seminaristas.
A la postre, también se convirtió en una de las primeras bibliotecas públicas.
Hoy resguarda más de 45 mil libros que abarcan del año 1473 hasta 1821, donde se abordan 54 materias distintas escritas en catorce idiomas.
Estas van desde la Teología hasta la Química, atravesando el español, el latín, el portugués y el náhuatl, por mencionar algunos.
En Puebla, otro importante editor de libros fue la Compañía de Jesús, que tenía a su cargo dos imprentas.
Además poseía un cuantioso acervo que más tarde dio paso al otro gran repositorio histórico de libros de la ciudad: la Biblioteca Lafragua.
El acervo de este recinto está compuesto por el fondo de los propios colegios jesuitas, varios conventos de las órdenes regulares, la Academia de Bellas Artes de Puebla y el Colegio del Estado, entre otros.
Como homenaje a esta larga tradición de imprenta, el gobierno del estado declaró al 2024, como el “Año del Libro y la Lectura”, de acuerdo con un decreto publicado en el periódico oficial el pasado 28 de diciembre.
Con esta declaratoria, las autoridades darán inicio a un programa de fomento a la lectura, a través de promoción, talleres y actividades artísticas en escuelas, espacios públicos y bibliotecas ubicadas a lo largo de todo el estado.


