Anahí Cepeda es una de las mayores promesas que tiene Puebla en el atletismo. A cinco añosde practicarlo, ya sabe lo que es ser subcampeona regional y ahora su mayor sueño es convertirse en olímpica.
Especialista en los cinco mil y los mil quinientos metros, la oriunda de Tehuacán ha sabido desarrollar potencia y también una fortaleza mental que le ha permitido sobreponerse a retos dentro y fuera de la pista.
Cerca de graduarse de Enfermería en la BUAP, comparte con Crónica Puebla sus anhelos.
CAMBIÓ LA BICICLETA POR LOS TENIS
Quería ser ciclista.
“Mi amor por el ciclismo era grande, pero mi mamá no me permitía practicarlo por miedo a que me fuera pasar algo; conocemos casos de ciclistas atropellados. También por el riesgo que corría al entrenar sola. En 2016 conocí amigos que practicaban el atletismo, me invitaron a una carrera de cinco kilómetros, no me fue tan mal y así poco a poco me fui involucrando”.
Empezó su faceta de trotadora en diferentes carreras amateurs en las que participaba más por diversión que por competir.
“Por un año estuve participando en diversas carreras con mis amigos, aunque veía el atletismo como algo recreativo. Lo máximo que hice fue un trail de 33 kilómetros, pero todo empírico, sin saber bien lo que hacía”.
Todo cambió en 2017, cuando conoció al que es su actual entrenador, el profesor Armando Ramírez Tamayo, quien la invitó a unirse al campus que tiene en Tehuacán el prestigioso equipo de corredores liderado por Rodolfo Gómez, uno de los mejores maratonistas mexicanos de la historia.
“El entrenador me descubrió, me vio cualidades”.
Inició la ruta de la técnica. Ese mismo 2017 ingresó a la licenciatura de Enfermería en la BUAP; dejó Tehuacán para vivir en la zona metropolitana.
“Entré al campus Puebla del equipo de Rodolfo Gómez al mismo tiempo”.
Vivía en Cholula y los trayectos eran largos hasta la Facultad de Medicina; conciliar los horarios de vida académica y deportiva fue complicado, pero le dejó mucho crecimiento.
“No podía ir a entrenar a CU, así que iba por mi cuenta al deportivo Quetzalcóatl para los días que me tocaba hacer pista; para los días de distancia trazaba rutas en la calle o en carreteras. Era muy complicado dividirme entre mis estudios y mis entrenamientos, lo bueno es que iba a la Facultad en la tarde, podía entrenar en las mañanas, aunque solo hacía una sesión. En vacaciones aprovechaba para entrenar a doble sesión. Cuando entré a prácticas hospitalarias ahí sí se me dificultó más porque en la mañana hacía las prácticas, me iba a la escuela y saliendo iba a entrenar; definitivamente no sé de dónde sacaba energía para hacer todo eso, yo creo que era por la motivación que tenía”.
DE SUBCAMPEONA REGIONAL AL AISLAMIENTO
Tantos sacrificios le rindieron frutos en 2019 cuando se alzó como subcampeona en la fase regional de la Universiada Nacional en la competencia de cinco mil metros, evento que se llevó a cabo en Xalapa, Veracruz.
“Estuve entrenando durante un año y me fue muy bien, aunque al principio tenía muchísimo miedo porque había muy buen nivel, sobre todo las chicas de Tlaxcala que tienen mucho potencial. Al final de cuentas la pista y el clima fueron muy favorables para mí, corrí muy cómoda y con el apoyo de mi entrenador y de la BUAP pude ganar la plata con un tiempo de 19 minutos y 42 segundos”.
Este envión anímico la motivó para pensar en buscar una presea en la etapa nacional de la Universiada para el 2020, y cuando estaba a unos días de participar, llegó la pandemia: se suspendieron los eventos y tuvo que encerrarse.
“Se cambiaron muchísimos planes. Ya habíamos clasificado otra vez al regional de la Universiada Nacional, pero ahora con la meta de clasificar a la etapa nacional y traer medalla. Estuve tres meses con entrenamientos funcionales en casa hasta que ya pude salir a practicar en pista”.
En marzo compitió en la Copa Tepic, en Nayarit, donde experimentó una combinación de emociones que la impulsaron a subirse al podio, aunque desde entonces no ha podido regresar.
“Gané la medalla de plata en los cinco mil. Fue mi regreso después del encierro por la pandemia y fue algo muy bonito, iba muy emocionada y motivada. No he vuelto a competir porque tuve un problema renal y estuve en reposo absoluto por un mes, me vi un poco complicada. Pero estoy retomando los trabajos y entrenamientos”.
QUIERE OLÍMPICOS
Si hay que empezar de nuevo, se hace; para Anahí no hay barreras ni pretextos. En su etapa de reactivación física tras la enfermedad, ya tiene en mente su siguiente paso, que es irse a Ciudad de México a entrenar con Rodolfo Gómez y ponerse a prueba.
“Quiero comenzar a competir en nacionales e internacionales; estoy esperando terminar mi servicio social para titularme. Mi idea es pulirme, aprovechar las bases que me dio mi entrenador aquí, y si en un año no obtengo buenos resultados, ya no seguiré en el alto rendimiento y me dedicaré a mi carrera, que me encanta. También quiero juntar dinero para irme porque lamentablemente no tengo patrocinadores y cuando estás en alto rendimiento muchas veces los atletas tenemos que poner de nuestra bolsa para ir a competencias, o incluso pedir cooperación con familiares o amigos”.
La tehuacanera se entrega a sus sueños y está dispuesta a hacer todos los sacrificios necesarios; ya se ha visualizado clasificando a unos Juegos Panamericanos y unos Olímpicos.
“Yo estaría orgullosa de portar la bandera de México en cualquier parte del mundo y demostrar que los mexicanos también podemos, que somos muy fuertes y nos sabemos sobreponer a las adversidades. También me gustaría poner en alto a Puebla; son pocos los poblanos que han podido trascender recientemente y en mujeres prácticamente no ha habido más que Margarita Cabello hace muchos años; eso es una motivación para mí, ver que hace falta poner en alto el nombre de Puebla y sobre todo el de las mujeres poblanas”.
SER MILITAR, OTRO ANHELO
Cepeda tiene muy claro su rumbo dentro de las pistas y fuera de ellas.
“Estudié enfermería porque al ir a cuidar a mis abuelos al hospital cuando estuvieron enfermos me entró la espinita de querer aprender los cuidados para poder ayudar a los demás, y así fue que me decidí. Además, entrar a la BUAP siempre fue mi sueño. Pasé el examen y me encanta mi carrera porque tiene todo: solidaridad, amor, comprensión y saber que estás tratando con vidas humanas que no es cualquier cosa”.
Decidió hacer el servicio social en el Hospital Militar Regional encaminada por el objetivo que tiene de sumarse al Ejército como otra posibilidad para desarrollarse profesionalmente e incluso deportivamente gracias al apoyo que la Sedena da a los atletas.
“Me siento muy bien; otro de mis sueños es entrar a la milicia. Ahorita que se me presentó la oportunidad de elegir en qué hospital hacer mi servicio gracias a mi promedio, no desaproveché”.
LA COVID, BATALLA DIFÍCIL
Una batalla le ha causado estragos: la pandemia. La entrega, el amor y el conocimiento a veces son insuficientes.
“Como estamos haciendo servicio, no podemos estar en hospital COVID, pero sí nos hemos topado con algunos casos porque llegan pacientes que ocultan que lo tienen y nos toca estar al pendiente de ellos. Es un desgaste psicológico súper grande. Hay personas que dicen que esta enfermedad es un invento del gobierno; me gustaría que fueran al hospital e hicieran lo que yo hago con esos pacientes para que se dieran cuenta que no es un juego, que es algo muy grave. Una piensa: voy a llegar a casa y abrazar a mi familia con el riesgo de que los contagie. Me siento mal por mis pacientes cuando tienen complicaciones, un paro respiratorio o algo, mi corazoncito de arruga, es muy triste ver a tantas personas enfermas y de todas las edades, es una batalla muy difícil que no ha acabado”.


