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Amor por los costalazos

Antonio Zamora por Antonio Zamora
11 octubre, 2020
en Deportes
Amor por los costalazos
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Por: Antonio Zamora  

Son más de 40 años los que el Gato Gris tie­ne como luchador y si bien la agilidad y las fuerzas se han ido mer­mando, porque el tiempo no per­dona, sus ganas de estar en un ring se mantienen vivas como desde el primer día, por lo que este tiempo de inactividad por la pandemia, lo tiene con una enorme nostalgia.

La suspensión de las funcio­nes de lucha libre en Puebla y el resto del país, lo puso contra la lona no sólo por el impedimen­to para hacer lo que más le apa­siona, sino también porque afec­tó su trabajo como costurero de máscaras y equipos para los lu­chadores, algo a lo que se sobre­puso con la venta de cubrebocas artesanales personalizados, ne­gocio que vivió su bonanza en las primeras semanas del confi­namiento y ahora ya está en la tercera caída.

 

NO LE GUSTABA LA LUCHA LIBRE

Sin ningún vínculo con este de­porte en su familia, conoció el pancracio casi de casualidad, pues cuando se acercaba a los doce años de edad, su cuñado lo incentivó a inscribirse a un gim­nasio molestándolo por su as­pecto físico, aunque la intención solo era que se activara para me­jorar su peso, y fue así como co­menzó con los costalazos.

La lucha no era algo que le gustara, pero con tal de comen­zar a ejercitarse atendió el pe­dido y logró convencer a su pa­pá para que le permitiera darse de alta en el gimnasio ubicado en San Baltazar Campeche, zo­na en la que actualmente sigue viviendo.

“En un principio a mí no me gustaba esto de la lucha, fue por mi cuñado que decía que estaba gordito, que fuera al gimnasio a hacer ejercicio, a practicar al­gún deporte, no específicamen­te lucha libre, él me decía que fuéramos por aquí en San Bal­tazar hace 40 y tantos años, él fue el de la idea y fuimos a pedir permiso con mi papá, porque la gente de antes no era de decir ya vete, antes tenías que con­vencerla para poder hacer algo. Convencimos a mi papá y co­menzamos a entrenar a los 12 años”, recordó.

Ahí fue donde conoció al que se convirtió en su gran maestro, el legendario Ángel de Puebla, quien entre las décadas de los se­senta y setenta del siglo pasado, fue una figura en diferentes are­nas no solo de la Angelópolis, si­no en el varias partes del país e incluso fuera de México.

“El único profesor que tuve fue el Ángel de Puebla, que en paz descanse, los entrenamien­tos eran como los de antes, por­que hoy es muy diferente, an­tes era muy riguroso, muy es­tricto y dilaté año y medio para hacer el debut como luchador, fue a los 13 años y medio, y pues me agarró de sorpresa el profe­sor, me dijo que ya iba a empe­zar, que sacara las cosas para lu­char, pero como no tenía, él me las presto”.

 

POR SU AGILIDAD SE LLAMÓ GATO GRIS

Tras un intenso año y medio de trabajo y formación como gla­diador, su maestro fue el que le prestó el primer equipo de lu­chador que iba a usar, y por lo repentina de la noticia, no pu­do preparar el nombre de su per­sonaje, por lo que, aludiendo al color de su traje, su debut lo hi­zo bajo el sobre nombre de Oran­ge Man con tan solo 13 años de edad.

“Como el profesor se dedicaba a vender equipos me regaló uno que ya no habían ido por él, me dijo: ‘ya me lo dejaron, así que póntelo tú’, era un equipo negro y naranja y como no tenía nom­bre ni personaje todavía, empecé como Orange Man, y así estuve como seis meses. El debut fue en Amalucan, y ya de ahí empecé a trabajar como amateur en colo­nias para poder desarrollarme, iba a dónde el profesor me lleva­ba, siempre anduve con él”, dijo.

Sin embargo, luego de ha­ber superado los nervios de las primeras luchas y cada vez con más facultades en el encordado, a los 14 años decidió adoptar el personaje que mantiene hasta el momento, el Gato Gris.

“A los 14 años y medio empe­cé a luchar como Gato Gris, me puse así porque de chamaco se me facilitaba de un brinco subir­me a las bardas, entonces sur­gió porque me dijeron: ‘tú brin­cas y pareces gato’; y lo de gris fue porque es uno de los colores que me gustan mucho”, apuntó.

Ya con un equipo propio y estrenando personaje, su creci­miento se hizo cada vez más evi­dente, por lo que cuando cum­plió 17 años, el Ángel de Puebla le recomendó separarse y que él comenzara su propio camino pa­ra poder seguir desarrollando su carrera.

“Estuve con mi maestro has­ta los 17 años cuando él me di­jo que había que buscarle cada quien por su lado, pero aun así él me jalaba siempre, fui uno de los mejores alumnos. Cuando empecé por mi cuenta me costó porque ya estaba acostumbra­do al trabajo que el profesor me

daba, pero al mismo tiempo me fui abriendo carrera en esto, me fueron conociendo los promo­tores con los que fui trabajando, me empezaban a llamar y así me fui abriendo carrera”, señaló.

Hasta la fecha, han sido cien­tos de funciones, muchas victo­rias, pero también derrotas, las cuales lo llevaron a perder su máscara y en algún momento su cabellera, aunque lo que si­gue manteniendo y nadie le va a quitar es su humildad que lo obliga a no caer en la presunción de presumir los rivales a los que se ha enfrentando o los triunfos que ha obtenido, eso se lo guar­da en su mente y su corazón.

“Yo creo que todo luchador recuerda su etapa arriba del ring como algo especial, yo sien­to que todas las luchas son bue­nas, todas las luchas que uno hace son muy buenas y las re­cuerda, claro, se recuerda cuan­do pierdes cabellera, la másca­ra, esas cosas se te quedan gra­badas, pero a mí no me gusta la presunción, mi historial luchís­tico lo llevo en mi cabeza y en mi corazón”, indicó.

ONCE AÑOS ENMASCARANDO

Cuando se comenzó a dar cuen­ta que el cuerpo no le respondía como antes, pero su amor por el pancracio seguía latente, deci­dió ceder en su actividad como luchador y comenzar a fabricar máscaras.

“Voy a cumplir 11 años co­mo costurero en equipos de lu­cha libre, me decidí por los mis­mos compañeros, como yo sabía coser lencería porque trabajé en una fábrica, un compañero me dijo que por qué no le hacía una máscara, entonces desarmamos una y tratamos de ver moldes, y si bien al principio no salían co­mo uno quería, puse mi taller en unos cuartos que me dejó mi pa­pá y ya llevo varios años cosien­do, le trabajo a muchos luchado­res de Puebla, uno que otro forá­neo de Tlaxcala, del Estado de México, Veracruz e incluso Aca­pulco”, recordó.

 

CAMBIÓ MÁSCARAS POR CUBREBOCAS

Su estilo a ras de lona como lu­chador clásico lo hace un ex­perto de las contrallaves, y así fue cómo se pudo zafar del can­dado que la contingencia le es­taba aplicando, ya que con las suspensiones de las funciones y sin clientes a quiénes venderles máscaras, ideo una nueva cara para su negocio.

Lo que comenzó como un cu­brebocas de regalo para sus nie­tos se convirtió en un boom, pues la necesidad de protegerse para evitar un contagio, combinado con los diseños vistosos y adap­taciones para que parecieran las máscaras de los luchadores más famosos, provocó que sus obras artesanales fueran codiciadas no solo en Puebla, sino en varias partes de la República.

“Con todo esto de la contin­gencia, pensamos en qué íbamos a hacer con el negocio, y plati­cando con mi hermana salió es­te proyecto, se nos ocurrió, hici­mos un cubrebocas de tela nor­mal y se los di a mis nietos, aga­rré una de las telas metálicas que tengo, empecé a dibujar el diseño del Psycho Clown, que es luchador que les gusta y como su papá también es luchador los subió al Face, empezaron hacer los pedidos y se vino el boom, se vino la ola de chamba”, señaló.

Los pedidos se incrementa­ron, clientes de Nuevo León, de Chiapas, de Guerrero, de Jalisco y otros estados pusieron en un mano a mano complicado al Ga­to Gris y su familia, aunque su­pieron salir avantes.

“Entre sacar la figura del mo­delo que nos piden, coser, en­samblar y empaquetar nos tar­damos como unas dos horas y media, eso es un cubrebocas chi­co, ya cuando es de media mas­cara, que cubre de la nariz ha­cia abajo como si fuera masca­ra, nos tardamos un día”.

“Mucha gente nos contactó para que les vendiéramos, tene­mos clientes de Chiapas, Aca­pulco, más por el norte como Nuevo León, Guadalajara, San Luis Potosí, todos nos contacta­ban por Facebook, estamos ahí como Gato Gris Zaz”, precisó.

SE ACABÓ LA BONANZA Y EMPEZÓ LA NOSTALGIA

Empero, como todo ciclo de vida de un negocio, al tocar su pun­to más alto, vino la caída; la bo­nanza se terminó y las ventas ya no son las de un inicio, cuan­do incluso había clientes que les hacían pedidos de hasta 750 cu­brebocas de lucha libre.

“Ahorita seguimos vendien­do, pero no como al principio, cuando no nos dábamos abasto, teníamos el taller saturadísimo, veníamos entregando cubrebo­cas con casi un mes de posterga­ción, porque había clientes que nos pedían hasta 750, entonces había mucha chamba, pero aho­rita ya los pedidos los entrega­mos, si son muchos, máximo en una semana, pero yo ya perdí la cuenta, ¿cuántos hemos hecho? Quién sabe”, declaró.

Y es en este momento cuando la nostalgia lo invade por volver a los enlonados, en los que se­guía apareciéndose hasta antes de la pandemia de coronavirus, y aunque todavía no hay fecha para que regresen las funcio­nes, ya prepara su regreso jun­to a otros luchadores.

“Entre comillas seguimos ac­tivos, no a 100 por ciento por­que ya nos pesa un poquito la polilla, pero ahí vamos echándo­le ganas cuando nos invitan, ya cumplí 40 años como luchador y mi última lucha fue en febrero en una función en un salón so­cial por Xilotzingo”.

“Por eso ya estamos prepa­rándonos, estamos en pláticas con algunos compañeros para regresar a trabajar, aunque ha­brá que cuidarnos, regresar con mucho cuidado, porque esto de la pandemia no se va a quitar hoy o mañana, con la distancia que se puede tener, yo me sien­to con ganas de volver a salir a trabajar un rato, mientras Dios nos preste vida lo haré con mu­cho gusto”, comentó.

Así es la vida de Gato Gris, al­guien que se ha entregado por completo a la Lucha Libre, que tiene un amor por este deporte que le provoca un deseo de pa­sar sus últimos momentos sobre un cuadrilátero, una pasión que nunca se redujo a pesar del paso de los años.

“Lo que provocó que me ena­morara fue haber desayunado, comido y cenado lucha libre des­de el principio y hasta hoy en fe­cha, es un amor tan bueno que me ha hecho convertirme en costurero de máscaras, este es mi sueño, mi pasión, esto no me aburre, esto me gusta, que nos dan una máscara pues la revisa­mos y la volvemos a coser; la lu­cha libre para mí es todo, es mi vida y si muriera en un ring se­ría muy feliz”, aseguró.

Etiquetas: amalucanÁngel de PueblaAngelópoliscubrebocasGato Grislucha libreOran­ge Man

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