Por: Jorge Luis Hernández / [email protected]
Ni más ni menos
Hace algunos días, Arturo Brizio Carter anunció su salida de la Comisión de Arbitraje de la Liga MX tras cinco años de gestión, algo que –debido al bajo nivel mostrado de los nazarenos en los últimos torneos– se esperaba, es más, mucho lo pedían a gritos.
Bajo la administración de Brizio Carter, el arbitraje ganó terreno es unos aspectos, pero indudablemente perdió en otros. Sí, no todo fue malo en con el abogado del mundo del arbitraje, más allá de que las polémicas generadas en los últimos tres torneos, en particular, giraron en torno a los silbantes y su dirigente.
Dentro de lo positivo, Brizio buscó darle salida a sangre nueva del arbitraje –aunque no todos cuajaron–, se vieron nuevos rostros en los partidos del máximo circuito.
Además, las árbitras mexicanas tuvieron el apoyo que en otras administraciones jamás habíamos visto, tan esa así que la asistente Karen Díaz ha destacado por su excelente trabajo, por lo que asistirá a la Copa del Mundo de Qatar 2022 como parte de los silbantes de la Concacaf; otras como Karen Hernández y la orgullosamente poblana Cristina Guarneros, han crecido sustancialmente en cada juego en el que se presentan.
La implementación del Asistente de Video Arbitraje (VAR, por sus siglas en inglés) era algo necesario para el futbol mexicano y, en honor a la verdad, fue el señor Brizio Carter el que hizo las gestiones necesarias para que este sistema llegara pronto al futbol de nuestro país.
Las capacitaciones para los de ‘negro’ en cuestión del VAR –me dicen fuentes muy confiables–, nunca fueron el problema, pues el entonces dirigente trajo a lo mejor del área en dicho tema para poner al día a sus pupilos.
¿Entonces qué falló?
A decir del propio Arturo Brizio, algunos de sus árbitros no comprendieron el real uso de la herramienta del video arbitraje asistido, por lo que en lugar de consultar al VAR permitieron que éste terminara marcando en muchas ocasiones desde el carrito, algo que dañó mucho la credibilidad y funcionamiento de los silbantes, por lo que jornada a jornada la polémica se hizo presente en casi todos los partidos de los últimos torneos, en particular, las liguillas.
Mucho se habló de que los silbantes beneficiaron a los poderosos, económicamente hablando, a los que tienen familiares dentro de la Femexfut, suspicacias dadas –claro– por el pobre nivel que los nazarenos han mostrado-paradójicamente desde la implementación del VAR.
El pecado de Brizio Carter y una de las causas por las cuales se hizo a un lado de la Comisión, fue el amiguismo que formó internamente, pues pese a los errores muy obvios de algunos de su clan, digamos Luis Enrique Santander, Adonai Escobedo –al que terminó por mandar al carrito del VAR–, César Ramos Palazuelos, Fernando Guerrero y Jorge Pérez Durán, por decir los más “destacados”, seguían aparecido jornada a jornada.
En contraste, Brizio era implacable con los árbitros jóvenes, a quienes sí castigaba por sus malas actuaciones, como el caso de Édgar Ulises Rangel, a quien lo relegó a la Liga de Expansión y en más no lo hemos vuelto a ver en el máximo circuito.
El que tuviera que salir a justificar cada martes las decisiones de sus pupilos, en las jornadas de fin de semana, terminó por acrecentar las críticas en el medio y sobre todo de aquellos que fueron silbantes, quienes coincidían particularmente en lo comodino y mediocre que se había convertido el arbitraje mexicano.
La disparidad de criterios, la injerencia desmedida del VAR, el desconocimiento de las reglas y protocolos y hasta falta de personalidad de algunos árbitros, fueron lo que más acusaron los exárbitros –que ahora son analistas en los medios–, los jugadores, entrenadores y, por supuesto, los aficionados, pues partido a partido veíamos una disparidad increíble en la toma de decisiones de los silbantes.
Lo antes dicho, aunado a motivos personales me dicen, llevaron a Brizio Carter a renunciar y, dado que los dueños del balón veían un claro rezago en el arbitraje de la Liga MX, no dudaron en aceptar su dimisión, pues la presión de los directivos era mayúscula, pues con don Arturo, los de negro se sentían intocables pese a sus errores, eran programados o si de plano había sido grande la pifia, los acomodaba el carrito.
Ahora llega Armando Archundia, exárbitro más joven que Brizio, de otra generación de silbantes que, me dicen, tiene toda la idea de cambiar la cara del arbitraje mexicano, empezando por lo básico, sí, a muchos árbitros no les gustará pero los próximos cursos serán de reglas básicas.
De muy buena fuente le cuento que a muchos no les gustó y nos les va a gustar que los traten como novatos, pero el nuevo mandamás de la Comisión de Arbitraje tiene claro qué es lo primero a trabajar y, después, diagnóstico de los “intocables”, de esos que estaban cobijados por el otrora.
¡Vaya! Sin lugar a dudas vienen días y semanas cruciales para el gremio arbitral, pues Archundia es una persona muy bien capacitada, que ojalá pueda y lo dejen rescatar al arbitraje mexicano, que del todo –créame– no es tan malo como parece, si no que estaba muy pero muy mimado.
Al tiempo.


