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La histórica hazaña de Pedro de Uriarte

Antonio Zamora por Antonio Zamora
4 diciembre, 2021
en Deportes
La histórica hazaña de Pedro de Uriarte
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Durmió en el suelo en condiciones climatoló­gicas extremas, no te­nía dónde asearse, co­mía lo que podía y cuando po­día, además se sometió a exte­nuantes jornadas manejando su motocicleta durante 17 días, pero aun así, el poblano Pedro de Uriarte se convirtió en el úni­co piloto mexicano que ha com­pletado el afamado Rally Dakar, una hazaña que está por cum­plir 17 años.

Heredó el gusto por las mo­tos de su padre y su abuelo, por lo que prácticamente aprendió a manejarlas a la par de la bici­cleta; si bien en un principio veía este deporte sólo como un hobby, un día se decidió a participar en el rally más extremo del mundo.

Aunque está orgulloso de lo que logró en aquel 2005 al re­correr cinco mil kilómetros en el desierto africano, es una expe­riencia que no quiere repetir, por las contrariedades que vivió, por lo que sigue con su carrera co­mo piloto en competencias más cortas.

SU PAPÁ, INSPIRACIÓN

En entrevista con Crónica Pue­bla, de Uriarte recordó que su relación con las motos empezó a una edad muy corta, pues ape­nas había aprendido a caminar y ya lo estaban enseñando a mon­tarse en una.

“Desde un principio fue el gus­to por las motos, de toda la vida, mi papá y mi abuelo fueron de motos, tengo los videos de cuan­do me enseñaron andar en mo­to y fue el mismo día que aprendí andar en la bici sin llantitas, fue a los tres años”, recordó.

Rápidamente eligió su tipo de moto, la de terracería, porque la de asfalto nunca le generó sufi­ciente confianza, aunque su pa­dre recorrió América de extremo a extremo en una de carretera.

“Mi papá recorrió en moto desde Alaska hasta la Patagonia, de ahí viene mi amor por las mo­tos, aunque yo prefiero las de te­rracería, evito las de asfalto por accidentes que han sufrido fami­liares, le hice la lucha a la de pa­vimento y no me hizo muy feliz, no me encantó y me mantuve en lo que es terracería”, dijo.

VEÍA EL RALLY DAKAR POR TV

Los rallys comenzaron para él como un pretexto para pasar el tiempo con sus amigos, para via­jar y seguir cerca de su pasión, y con su padre veía por televi­sión las transmisiones de los Ra­lly Dakar, sin saber que un día él estaría en uno.

“En Puebla hay muchos luga­res para hacer rally, casi siempre fueron en pistas de enduro o ha­cíamos pequeños rallys o rutas de rallys anteriores, nos íbamos de Puebla a Puerto Escondido en una ruta que había, nos íba­mos a Vallarta, sales de Guada­lajara y llegas a Vallarta en unos dos días.

En ese entonces nunca pasó por mi mente participar en un Dakar, lo veía con mi papá en la televisión, lo veíamos todas las noches, lo grabábamos, me aprendí de memoria las zonas, las rutas, los pilotos, todo.

A competir empecé en el 2001, ya más grande, porque los rallys para mi fueron siempre de hobby, pero empecé en compe­tencias locales, luego regionales hasta que llegué a nacionales y me fue muy bien”, indicó.

UN AMIGO LO CONVENCIÓ

Ya encaminado en la alta com­petencia, de Uriarte se dejó lle­var por la recomendación de un amigo para probar el Rally Dakar.

“Un amigo que ya había co­rrido el Dakar me convenció, me asesoró y me dijo no me fuera di­recto a competir en ese, me su­girió correr un poco de los cam­peonatos mundiales, en 2003 entré a los rallys a nivel interna­cional sobre todo en Túnez, fue parte del campeonato mundial todo terreno y en 2004 ya pu­de ganar mi categoría, entonces aprendí las rutas, las condicio­nes que había allá además de sa­ber navegar y en 2004 me aven­té a lo grande”, apuntó el pilo­to poblano.

“ES UNA PESADILLA”

Tras su preparación y con 23 años de edad, el poblano finan­ció su viaje y participó en el Rally Dakar con la misma moto con la que corría en México, ini­ciando en los últimos días de di­ciembre del 2004 con el anhelo de llegar a la meta en los prime­ros días de enero de 2005.

Por muchos años, el que es el rally más famoso del mundo se corría por el noroeste de África, partiendo desde diferentes ciu­dades de Europa y terminando en Dakar, la capital de Senegal; sin embargo, en 2008 esto cam­bió debido a amenazas de la or­ganización terrorista Al-Qaeda y desde entonces la competencia se desarrolla en Argentina y Chi­le, aunque mantiene el nombre.

A Pedro todavía le tocó la modalidad clásica, recorrer du­nas y desierto: “Arrancamos en Barcelona, cruzamos todo Espa­ña, todo Marruecos, Mali, Sene­gal, Guinea, volvimos a entrar a Mali, fue una carrera dura, era cuando de Dakar eran 17 días, hablando desde el primer día que eran revisiones técnicas y admi­nistrativas, las revisiones de las motos, eran cerca de 10 mil ki­lómetros con un solo día de des­canso, en el que aprovechába­mos para hacerle mecánica a la moto”.

Lo extenuante de la prueba, las condiciones extremas y las interminables jornadas mane­jando una moto de más de 170 kilos, generaron –además de un cansancio físico– un desgaste mental importante.

“En el Dakar no disfrutas ni un solo momento hasta que se acaba, 90% de las veces estás di­ciendo ‘¿qué hago aquí?’ y cuan­do llegas a la meta es un senti­miento muy fuerte por poder de­cir que esa pesadilla se acabó. De antemano sabía que iba a la peor madriza física que me pudiera poner, no hay preparación su­ficiente para correr lo que era el rally, son muchas cosas, ir por la autopista, llegar al campamen­to y no tener dónde dormir, ya en ruta son muchísimos kilóme­tros, cruzar dunas, terracería, los problemas mecánicos, no te puedes parar ni para ir al baño, no hay dónde bañarse, duermes donde puedes, comes lo que pue­des y cuando puedes, no es co­mo ahora que se quedan en ho­teles”, declaró.

VIVIÓ DE CERCA LA MUERTE DE UN AMIGO

Aunque todo fue complicado, el peor momento del rally fue cerca del final, cuando en ruta vio so­bre el terreno a su amigo, el pilo­to italiano Fabrizio Meoni, quien oficialmente fue reportado co­mo fallecido a causa de un paro cardiaco mientras conducía, pe­ro de Uriarte asegura otra cosa.

“Tengo un momento claro que lo califico como el más com­plicado, fue en la etapa 11, en­tre el 9 y 10 de enero, un amigo de los que iba en la punta y que había sido de los que había ayu­dado a aprender a navegar (in­terpretar el mapa con la ruta), se pegó en la yugular con el en­cadenado y se desangró. En ese momento los pilotos no supimos que ya había muerto, creí que solo había sido la caída y que se iba a recuperar, fue hasta que me acerqué con mi equipo de asistencia que me confirmaron que ya había muerto”, recordó.

Y si a esa etapa le faltara al­go, cuando estaba oscurecien­do el propio poblano tuvo un accidente.

“Después de eso, cuando esta­ba en ruta a unos 18 kilómetros del campamento y ya empeza­ba a oscurecer, habré ido como a 110 kilómetros por hora, en ese entonces no existían las lu­ces de xenón, eran faros de aló­geno, y pues vi un burro a 150 metros parado en la carretera y me rompí la madre contra el burro, la moto la hice pedazos y de pura suerte encontraron a mi asistencia y llegaron , me ayu­daron recogieron la moto y me la pudieron arreglar, si eran co­mo las 11:00 de la noche la mo­to me la entregaron a las 06:00 de la mañana, se pasaron toda la noche reconstruyéndola, esa fue la etapa más dura, al ver a un amigo de los profesionales que se mató y después partírtela contra un burro a la mitad de la carre­tera… fue un día en el que quería irme a casa”, recordó.

ORGULLO Y REINTENTO

Al final todo ese sufrimiento va­lió la pena, pues luego de cruzar la meta en los primeros días de enero de 2005, exhausto e in­cluso desorientado, se convirtió en el primer y hasta el momento el único mexicano en completar el temible Rally Dakar.

“A pesar de todo lo que sufrí me fue bien, porque quedé en ter­cer lugar en mi categoría, que era de los que corríamos por prime­ra vez, y en la general en contra de los pilotos profesionales quedé en el lugar 24. A pesar del tiem­po que ha pasado sigue siendo un orgullo ser el primer mexicano en terminarlo y casi 17 años después mantengo esa marca”, comentó.

Después de su aventura afri­cana, Pedro se convirtió en pa­dres de una niña y las motos pa­saron a un segundo plano por cinco años, hasta que en 2011 volvió al Rally Dakar, pero aho­ra manejando un auto y reco­rriendo Argentina y Chile, pero esto lo desilusionó.

“Regresé pero ahora a los co­ches, en 2011, pero ahora en Argentina y no tuvimos bue­na experiencia, para ser mi pri­mer rally después de tanto tiem­po no fue adecuado haber regre­sado al Dakar, tenía que haber experimentado un poco con ra­llys más cortos; además, prefería el formato de África que era pa­rejo para pilotos profesionales y los que no lo son, en las mismas condiciones precarias en la ruta, en Argentina el que tiene más di­nero tiene ventaja con hospeda­je, comida y todo, eso ya no me gustó, perdió la esencia”, dijo.

 

SIGUE BRILLANDO EN ÁFRICA

Desde entonces decidió olvidar­se del Rally Dakar y se enfocó en carreras mucho más cortas, que pudiera disfrutar.

“Después del Rally en Argen­tina seguí corriendo en México, pero eran de uno o dos días, de ir a echar relajo, divertirme y qui­tarme el gusanito de la carrera, de ahí corrí en 2014 y 2015 el de La Norra en Baja California, que es muy similar en condicio­nes al Dakar, pero mucho más corto, de mil millas, hasta que en 2015 volví a conectar con mis amigos de Bélgica y me invita­ron a participar en el de Libia, se dieron las cosas y lo corrí dos años, pero para 2017 lo cambia­ron a Marruecos por los proble­ma sociales hasta 2019, porque en 2020 no hubo por la pande­mia y en este año fue en Túnez, donde me fue muy bien”.

El poblano Pedro de Uriarte es un piloto histórico, que ha he­cho lo que nadie en México, re­tarse en el rally más complica­do del mundo y salir triunfante.

“Es algo recomendable que necesita ser tu pasión, necesita gustarte, la gran mayoría de la gente de organización, son vo­luntarios, es gente que es su pa­sión porque es demasiada frie­ga, se puede pensar desde afue­ra que es glamur, pero no, inclu­so me tocó ver a trabajadores del rally que estando en el hotel con la alberca al lado ya no aguan­taban y llorando se querían re­gresar a su casa, entonces ojalá que más mexicanos y poblanos se animen, pero que estén cons­cientes a lo que van”, finalizó.

 


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