Durmió en el suelo en condiciones climatológicas extremas, no tenía dónde asearse, comía lo que podía y cuando podía, además se sometió a extenuantes jornadas manejando su motocicleta durante 17 días, pero aun así, el poblano Pedro de Uriarte se convirtió en el único piloto mexicano que ha completado el afamado Rally Dakar, una hazaña que está por cumplir 17 años.
Heredó el gusto por las motos de su padre y su abuelo, por lo que prácticamente aprendió a manejarlas a la par de la bicicleta; si bien en un principio veía este deporte sólo como un hobby, un día se decidió a participar en el rally más extremo del mundo.
Aunque está orgulloso de lo que logró en aquel 2005 al recorrer cinco mil kilómetros en el desierto africano, es una experiencia que no quiere repetir, por las contrariedades que vivió, por lo que sigue con su carrera como piloto en competencias más cortas.
SU PAPÁ, INSPIRACIÓN
En entrevista con Crónica Puebla, de Uriarte recordó que su relación con las motos empezó a una edad muy corta, pues apenas había aprendido a caminar y ya lo estaban enseñando a montarse en una.
“Desde un principio fue el gusto por las motos, de toda la vida, mi papá y mi abuelo fueron de motos, tengo los videos de cuando me enseñaron andar en moto y fue el mismo día que aprendí andar en la bici sin llantitas, fue a los tres años”, recordó.
Rápidamente eligió su tipo de moto, la de terracería, porque la de asfalto nunca le generó suficiente confianza, aunque su padre recorrió América de extremo a extremo en una de carretera.
“Mi papá recorrió en moto desde Alaska hasta la Patagonia, de ahí viene mi amor por las motos, aunque yo prefiero las de terracería, evito las de asfalto por accidentes que han sufrido familiares, le hice la lucha a la de pavimento y no me hizo muy feliz, no me encantó y me mantuve en lo que es terracería”, dijo.
VEÍA EL RALLY DAKAR POR TV
Los rallys comenzaron para él como un pretexto para pasar el tiempo con sus amigos, para viajar y seguir cerca de su pasión, y con su padre veía por televisión las transmisiones de los Rally Dakar, sin saber que un día él estaría en uno.
“En Puebla hay muchos lugares para hacer rally, casi siempre fueron en pistas de enduro o hacíamos pequeños rallys o rutas de rallys anteriores, nos íbamos de Puebla a Puerto Escondido en una ruta que había, nos íbamos a Vallarta, sales de Guadalajara y llegas a Vallarta en unos dos días.
En ese entonces nunca pasó por mi mente participar en un Dakar, lo veía con mi papá en la televisión, lo veíamos todas las noches, lo grabábamos, me aprendí de memoria las zonas, las rutas, los pilotos, todo.
A competir empecé en el 2001, ya más grande, porque los rallys para mi fueron siempre de hobby, pero empecé en competencias locales, luego regionales hasta que llegué a nacionales y me fue muy bien”, indicó.
UN AMIGO LO CONVENCIÓ
Ya encaminado en la alta competencia, de Uriarte se dejó llevar por la recomendación de un amigo para probar el Rally Dakar.
“Un amigo que ya había corrido el Dakar me convenció, me asesoró y me dijo no me fuera directo a competir en ese, me sugirió correr un poco de los campeonatos mundiales, en 2003 entré a los rallys a nivel internacional sobre todo en Túnez, fue parte del campeonato mundial todo terreno y en 2004 ya pude ganar mi categoría, entonces aprendí las rutas, las condiciones que había allá además de saber navegar y en 2004 me aventé a lo grande”, apuntó el piloto poblano.
“ES UNA PESADILLA”
Tras su preparación y con 23 años de edad, el poblano financió su viaje y participó en el Rally Dakar con la misma moto con la que corría en México, iniciando en los últimos días de diciembre del 2004 con el anhelo de llegar a la meta en los primeros días de enero de 2005.
Por muchos años, el que es el rally más famoso del mundo se corría por el noroeste de África, partiendo desde diferentes ciudades de Europa y terminando en Dakar, la capital de Senegal; sin embargo, en 2008 esto cambió debido a amenazas de la organización terrorista Al-Qaeda y desde entonces la competencia se desarrolla en Argentina y Chile, aunque mantiene el nombre.
A Pedro todavía le tocó la modalidad clásica, recorrer dunas y desierto: “Arrancamos en Barcelona, cruzamos todo España, todo Marruecos, Mali, Senegal, Guinea, volvimos a entrar a Mali, fue una carrera dura, era cuando de Dakar eran 17 días, hablando desde el primer día que eran revisiones técnicas y administrativas, las revisiones de las motos, eran cerca de 10 mil kilómetros con un solo día de descanso, en el que aprovechábamos para hacerle mecánica a la moto”.
Lo extenuante de la prueba, las condiciones extremas y las interminables jornadas manejando una moto de más de 170 kilos, generaron –además de un cansancio físico– un desgaste mental importante.
“En el Dakar no disfrutas ni un solo momento hasta que se acaba, 90% de las veces estás diciendo ‘¿qué hago aquí?’ y cuando llegas a la meta es un sentimiento muy fuerte por poder decir que esa pesadilla se acabó. De antemano sabía que iba a la peor madriza física que me pudiera poner, no hay preparación suficiente para correr lo que era el rally, son muchas cosas, ir por la autopista, llegar al campamento y no tener dónde dormir, ya en ruta son muchísimos kilómetros, cruzar dunas, terracería, los problemas mecánicos, no te puedes parar ni para ir al baño, no hay dónde bañarse, duermes donde puedes, comes lo que puedes y cuando puedes, no es como ahora que se quedan en hoteles”, declaró.
VIVIÓ DE CERCA LA MUERTE DE UN AMIGO
Aunque todo fue complicado, el peor momento del rally fue cerca del final, cuando en ruta vio sobre el terreno a su amigo, el piloto italiano Fabrizio Meoni, quien oficialmente fue reportado como fallecido a causa de un paro cardiaco mientras conducía, pero de Uriarte asegura otra cosa.
“Tengo un momento claro que lo califico como el más complicado, fue en la etapa 11, entre el 9 y 10 de enero, un amigo de los que iba en la punta y que había sido de los que había ayudado a aprender a navegar (interpretar el mapa con la ruta), se pegó en la yugular con el encadenado y se desangró. En ese momento los pilotos no supimos que ya había muerto, creí que solo había sido la caída y que se iba a recuperar, fue hasta que me acerqué con mi equipo de asistencia que me confirmaron que ya había muerto”, recordó.
Y si a esa etapa le faltara algo, cuando estaba oscureciendo el propio poblano tuvo un accidente.
“Después de eso, cuando estaba en ruta a unos 18 kilómetros del campamento y ya empezaba a oscurecer, habré ido como a 110 kilómetros por hora, en ese entonces no existían las luces de xenón, eran faros de alógeno, y pues vi un burro a 150 metros parado en la carretera y me rompí la madre contra el burro, la moto la hice pedazos y de pura suerte encontraron a mi asistencia y llegaron , me ayudaron recogieron la moto y me la pudieron arreglar, si eran como las 11:00 de la noche la moto me la entregaron a las 06:00 de la mañana, se pasaron toda la noche reconstruyéndola, esa fue la etapa más dura, al ver a un amigo de los profesionales que se mató y después partírtela contra un burro a la mitad de la carretera… fue un día en el que quería irme a casa”, recordó.
ORGULLO Y REINTENTO
Al final todo ese sufrimiento valió la pena, pues luego de cruzar la meta en los primeros días de enero de 2005, exhausto e incluso desorientado, se convirtió en el primer y hasta el momento el único mexicano en completar el temible Rally Dakar.
“A pesar de todo lo que sufrí me fue bien, porque quedé en tercer lugar en mi categoría, que era de los que corríamos por primera vez, y en la general en contra de los pilotos profesionales quedé en el lugar 24. A pesar del tiempo que ha pasado sigue siendo un orgullo ser el primer mexicano en terminarlo y casi 17 años después mantengo esa marca”, comentó.
Después de su aventura africana, Pedro se convirtió en padres de una niña y las motos pasaron a un segundo plano por cinco años, hasta que en 2011 volvió al Rally Dakar, pero ahora manejando un auto y recorriendo Argentina y Chile, pero esto lo desilusionó.
“Regresé pero ahora a los coches, en 2011, pero ahora en Argentina y no tuvimos buena experiencia, para ser mi primer rally después de tanto tiempo no fue adecuado haber regresado al Dakar, tenía que haber experimentado un poco con rallys más cortos; además, prefería el formato de África que era parejo para pilotos profesionales y los que no lo son, en las mismas condiciones precarias en la ruta, en Argentina el que tiene más dinero tiene ventaja con hospedaje, comida y todo, eso ya no me gustó, perdió la esencia”, dijo.
SIGUE BRILLANDO EN ÁFRICA
Desde entonces decidió olvidarse del Rally Dakar y se enfocó en carreras mucho más cortas, que pudiera disfrutar.
“Después del Rally en Argentina seguí corriendo en México, pero eran de uno o dos días, de ir a echar relajo, divertirme y quitarme el gusanito de la carrera, de ahí corrí en 2014 y 2015 el de La Norra en Baja California, que es muy similar en condiciones al Dakar, pero mucho más corto, de mil millas, hasta que en 2015 volví a conectar con mis amigos de Bélgica y me invitaron a participar en el de Libia, se dieron las cosas y lo corrí dos años, pero para 2017 lo cambiaron a Marruecos por los problema sociales hasta 2019, porque en 2020 no hubo por la pandemia y en este año fue en Túnez, donde me fue muy bien”.
El poblano Pedro de Uriarte es un piloto histórico, que ha hecho lo que nadie en México, retarse en el rally más complicado del mundo y salir triunfante.
“Es algo recomendable que necesita ser tu pasión, necesita gustarte, la gran mayoría de la gente de organización, son voluntarios, es gente que es su pasión porque es demasiada friega, se puede pensar desde afuera que es glamur, pero no, incluso me tocó ver a trabajadores del rally que estando en el hotel con la alberca al lado ya no aguantaban y llorando se querían regresar a su casa, entonces ojalá que más mexicanos y poblanos se animen, pero que estén conscientes a lo que van”, finalizó.







