Es Relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Alfred Bernhard Nobel nació en Estocolmo, patentó en 1867 su invento como “Pólvora explosiva Nobel” y después le puso el nombre de dinamita, que en griego –dynamis– significa poder.
Se arrepintió de su fórmula al prever lo inevitable: la pólvora ha causado muchos daños materiales y humanos en su utilización bélica, como lo vemos los días de hoy.
Esto se señala porque tal vez uno de los seres afectados fue André Malraux, quien nació, creció vivió y murió viendo guerras mundiales, batallas internas, siempre entre la pólvora.
Esa vida de seguro influyó en la literatura de Malraux, y de ahí surgió La condición humana. Esto lo clasificarán los especialistas.
André Malraux fue un novelista francés, político, escritor, con una serie de obras con fuerza histórica para todos los tiempos, entre ellas:
La condición humana, La esperanza: Sierra de Teruel, Antimemorias, El museo imaginario, La soga y los ratones, Los conquistadores, La reina de Saba y Vida de Napoleón.
Se puede considerar el libro La condición humana como la obra de Malraux más leída y comentada por otros autores.
La novela está basada en la revolución de 1927 en Shanghái que generó la privación de muchas vidas, guerra que trata de “devolver la dignidad a los miserables, a los humillados, los explotados, los esclavos…”.
Para entender el gran fondo de la novela, surgieron muchas frases que generaron su título. Una reseña de Vargas Llosa nos las señala:
“Todos sufren –pensó– y cada uno sufre porque piensa. En el fondo, el espíritu del hombre no piensa más que en lo eterno, y la conciencia de la vida no puede ser más que angustia”.
“Se necesitan nueve meses para hacer un hombre, y un solo día para matarlo”.
“El mundo es como los caracteres de nuestra escritura. Lo que el signo es a la flor, la flor misma lo es a alguna cosa. Todo es signo”.
Ir del signo a la cosa significada es profundizar el mundo, es ir hacia Dios.
“La función de la inteligencia no consiste en prescindir de las cosas. La inteligencia es la posesión de los medios para dominar a las cosas o a los hombres”.
“Soy también ese cuerpo que usted quiere que sea solamente: lo sé. No siempre me es fácil defenderme contra la idea que se tiene de mí. Su presencia me aproxima a mi cuerpo con disgusto, como la primavera me aproxima a él con júbilo”.
“La vida futura vibraba tras todo aquel silencio”.
“Aunque hayas vivido dos horas como un hombre rico, la riqueza no existe. Entonces la pobreza no existe tampoco. ¿Qué es lo esencial? Nada existe: Todo es sueño”.
Tratamos de entender a Malraux porque desde joven conoció la guerra (14- 18 años), había muertos entre sus amigos, sus familiares y conocidos.
Se señala que también a mayor edad vivió la Revolución Civil Española al mismo tiempo que la Segunda Guerra Mundial.
Se enteró de la Revolución China; estuvo en la Resistencia en Francia. Tal vez por ello en sus novelas tienen un sentido de conflicto bélico.
Sin embargo que “no se trata de una novela con un insobornable fondo moral”; sus actores en la novela tratan de vivir en una nueva sociedad, “ellos mismos víctima de sus pasiones, mezquindades, sueños, ideales, vicios… porque se trata de ir hasta el fondo de la condición humana, y la condición humana acaba revelándonos que, ni ángel ni bestia, el hombre no alcanzará jamás el paraíso”.
Por eso Francisco Prieto, autor de Los 100 mejores libros del siglo XX (Planeta) nos señala:
“Usted conoce la fase se necesita de nueve meses para hacer un hombre y de un solo día para matarlo. Lo hemos sabido Usted y yo tanto como podemos saber el uno del otro… May, escuche, no son necesarios nueve meses para hacer un hombre, son sesenta años de sacrificios, de voluntad, de…” ¡de tantas cosas! Y cuando un hombre está hecho, cuando no queda en él nada de la infancia, ni de la adolescencia, cuando verdaderamente es un hombre, sólo es bueno ya para morir.
Entender o interpretar a un ser humano, a lo mejor crea las “náuseas” de Jean Paul Sartre.
Por algo dijo Malraux en su libro Antimemorias: “Casi todos los escritores que conozco, recuerdan con cariño su infancia, yo odio la mía”.


