Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
El distinguido maestro y ejemplar jurista Armando Porras y López, ideólogo revolucionario, escritor de libros sobre derecho, maestro, historiador, autor del libro “LUIS CABRERA, REVOLUCIONARIO E INTELECTUAL” (Porrúa 1968) nos explicaba en su cátedra en la facultad de derecho de la BUAP, sobre la importancia que el destacado poblano Luis CABRERA LOBATO tuvo en el desarrollo revolucionario de nuestro país.
Un intrépido alumno de los que nos faltan, interrumpió al maestro y le preguntó ¿qué se debe entender por revolucionario? y el maestro le contestó: “EL REVOLUCIONARIO ES EL QUE NO CORRE AL PRIMER BALAZO”, respuesta que nos quedó grabada a los alumnos.
Luis Cabrera Lobato, se conoció también con los seudónimos de Blas Urrea y Lucas Ribera, los utilizaba en su función como periodista y escritor; actividades que desarrolló con profesión generando importantes ediciones de colecciones al respecto.
Octavio Paz en su obra “El laberinto de la soledad”, habla de Luis Cabrera, lo reconoce como “un cerebro”, teórico “ideólogo”, uno de los hombres más lúcidos de la Revolución Mexicana.
La de Cabrera, es una vida ejemplar en todos los sentidos, a pesar de sus múltiples distractores.
Quienes, de los muchos, que han escrito sobre Luis Cabrera Lobato, como Gabriella de Beer con: “Luis Cabrera Lobato, intelectual de la Revolución Mexicana”, lo han señalado como un hombre de naturaleza independiente, característica a la que le fue fiel durante toda su vida.
No era de los que se aliaban a un grupo a sumar su voz a la de otros; con frecuencia era una voz aislada en una atmósfera en la cual la distinción difícilmente se toleraba.
A eso se refiere Don Demesio García Naranjo cuando se remite al fuerte carácter de Luis Cabrera al enfrentarse a la marejada de la opinión pública durante el régimen de Porfirio Díaz.
Cabrera, se ha reconocido, no era del tipo gregario, aún cuando rara vez se aliaba a un grupo o a un partido, apoyaba a Francisco I. Madero y a su causa; se unió a Venustiano Carranza y a sus fuerzas constitucionalistas.
La escritora Gabriella de Beer al citar en su libro al maestro Armando Porras y López, dice que este escritor en su libro, encuentra un hilo unificador en las relaciones que tenía Cabrera tanto con Madero como con Carranza. Atribuye estás alianzas de Cabrera a su creencia de que en México solamente se lograría un cambio decisivo cuando la clase media progresando llegara a tener fuerza política.
Como diputado a la XXVI Legislatura del Congreso Federal, dice Don Félix F. Palavicini, que Cabrera fue un personaje vigoroso, movido por ideas sociales que llamaban la atención de amigos y adversarios que lo consideraban un revolucionario firme, enérgico y sin vacilaciones. Su vida fue sembrada con verticalidad ideológica irrenunciable, que le generó ataques y amenazas.
En el Congreso en diciembre de 1912, pronunció un famoso discurso acerca del establecimiento de ejidos, qué sirvió de base a la ley del 6 de enero de 1915 y posteriormente nutrió el contenido del artículo 27 de la Constitución de 1917.
Desde luego el destacado poblano y sin igual mexicano fue un hombre de firme e inquebrantable carácter, de firmeza ideológica, y que fue reconocido por los mexicanos, y entre otros generó las clásicas envidias, las gratuitas e injustificadas agresiones públicas
Todo ello no logró opacar al poblano en su labor revolucionaria; Armando Porras y López con su pluma honesta y otras muchas biografías reconocen que Cabrera es uno de los mexicanos más destacados e importantes en la primera mitad de nuestro siglo XX.
Cabrera, pues, honró a su estado y a su país.
La obra literaria es hasta valiente, criticó a personajes políticos importantes que querían darle sesgos históricos a la traducción histórica mexicana.
Cabrera se dice fue “agilísimo, seco y de cortante ironía” en la tribuna fue un caso de entrega y de inteligencia al servicio de la nación: “Los hombres no son héroes, solo se califican por estar o no al servicio de su patria; viven por encima del descrédito, la envidia y de la injusticia.
Por estar alejados de los triunfos servilistas, por no correr al primer balazo, porque su nombre no se pierda entre la tumba del olvido”.
Se recomienda leer “Oración fúnebre” de Luis Cabrera Lobato hacia Venustiano Carranza el 21 de mayo de 1925, expresó Cabrera: “ varón fuerte en toda la extensión de la palabra… su cuerpo era lo que debería ser: el depósito de su alma, un pesado vaso de bronce macizo hecho para contener una voluntad de roble y un corazón de apóstol… Carranza supo vivir… pero no se limitó a cumplir como hombre bueno, sino que saliendo del mal de sus semejantes y distinguirse de ellos, en lo que los hombres se distinguen de los demás mortales, supo tener un ideal, supo luchar por él y pudo obtener de su existencia el máximo rendimiento que se necesita para que un hombre pueda merecer el dictado de maestro de vidas”.
Todavía quedan hombres que tienen fe en el evangelio de la libertad predicado por Madero y puesto en práctica por Carranza.
Ni Madero ni Carranza, le corrieron ni al primero ni al último balazo, supieron vivir y morir en su hora y en su tiempo.


