Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
La historia tiene su aspecto humorístico; Así nos lo cuenta Fernando Garcés Blázquez en su libro “Historia del mundo, sin los trozos aburridos”. Veamos tres de esos aspectos:
- a) Francois Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694- 1778), el escritor más popular de la Ilustración. En esta ocasión, El Monarca fue el rey de Prusia, Federico II el Grande (1712-1786), y, una vez más, la cabeza coronada dio el primer movimiento en falso invitando Voltaire a una cena y dejando sobre su plato una nota con el siguiente mensaje: “Voltaire es el primero de los asnos. Federico Segundo”. El escritor, imperturbable, leyó en voz alta la nota añadiendo una sola coma y un artículo: “Voltaire es el primero de los asnos, Federico, el segundo”.
- b) La mejor nación y el “mejor hombre del mundo”.
La “Revolución Gloriosa” comienza en 1642, época del reinado de Carlos I de Inglaterra y el Protectorado de Olivier Cromwell durante el cual se le cortó la cabeza al primero, y finaliza en 1689 cuando se destituyó a Jacobo II de manera pacífica, y el trono inglés le fue ofrecido a Guillermo III de Inglaterra (1689-1702), con la condición de que aceptara a “La Declaración de Derechos” (Bill of Rights) base de la monarquía parlamentaria, y la estructura política y social en que se desarrollaría la Revolución Industrial.
Mientras el resto de Europa era gobernada por reyes absolutistas, recelosos del progreso, siguiendo el modelo francés, Inglaterra comenzaba a experimentar las fórmulas de gobierno que rigen nuestra sociedad. Los teóricos de la Revolución Francesa, los llamados “ilustrados” (Rousseau, Voltaire, Diderot, etcétera) miraban a Inglaterra con envidia y admiración. El principal filósofo inglés de aquella época fue John Locke (1632-1704), uno de los responsables de la entronización de Guillermo II, y fundador teórico del empirismo y el liberalismo, pilares de la consolidación de Inglaterra como potencia mundial.
De acuerdo con Donald Sassoon, autor del exitoso “Cultura, patrimonio común de los europeos”:
Al final de su vida (Locke) fue un hombre célebre. Su nombre está asociado a conceptos como libertad, tolerancia y libertad ciudadana. Una conocida aristócrata le calificó como “el mejor hombre de este mundo”. Ningún ilustrado de la Europa del siglo XVIII la hubiera contradicho.
- C) “El cruasán” inseparable de un buen café”
Bizancio fue una polis griega situada a la entrada del estrecho del Bósforo, sobre una parte de la actual ciudad de Estambul y la antigua Constantinopla, en Turquía. De acuerdo con la leyenda, esta polis logró repeler un ataque nocturno gracias a la luz de la luna.
Los bizantinos, en honor a la diosa lunar Artemisa, decidieron adoptar el emblema de la luna creciente. Muchos siglos después, esta ciudad volvió a ser situada, pero esta vez los invasores lograron penetrar dentro de sus muros.
Eran los poderosos ejércitos turcos-otomanos, que orgullosos de su victoria decidieron adoptar el símbolo de la media luna en sus estandartes militares. No mucho después, estos mismos ejércitos se extendieron por toda Asia y el norte de África. Al mismo tiempo, también avanzaron por la Europa que baña el Danubio, hasta sitiar Viena, la capital del Imperio austríaco, hacia 1683.
Cuenta la tradición que, una noche –idealmente con luna creciente– un polaco de 23 años llamado Georg Franz Kolschitzky (1640-1694) atravesó las líneas turcas, y regresó con información de vital importancia para los sitiados: el rey de Polonia enviaba refuerzos. Los austriacos, entonces, se armaron de valor y pasaron al ataque, venciendo a los turcos, que huyeron abandonando armas y provisiones, entre ellas varios sacos de café.
En agradecimiento a sus servicios, Kolshchitzky fue recompensado con estos sacos, y el héroe de la batalla decidió abrir el primer café en Viena. Precisar que en aquella época, los cafés no eran desconocidos en Europa, existían varios en París, Londres, e incluso Boston, una de las principales colonias de Gran Bretaña en Norteamérica, por lo que no es posible que el café de Kolschitzky fuera el primero. Sin embargo, su popularidad eclipsó a sus predecesores, y ya se sabe, unos cardan la lana y otros…
Fuera como fuese, para evitar que aquella victoria se olvidara, el soldado cafetero le pidió a un panadero que creara un nuevo dulce. Poco después, en el café de Kolschitzky se vendió un pastel con forma de halbmond (“media” luna en alemán), como mofa del ejército derrotado. Un siglo más tarde, una jovencísima reina nacida en Viena y llamada María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena (1755-1793), más conocida como María Antonieta, llevó el halbmond a Versalles, en París. Allí, el delicioso pastel recibió el nombre por el cual es hoy mundialmente conocido: croissant (“creciente” como la media luna). Desgraciadamente para Kolschitzky, sin embargo, la frase más conocida atribuida María Antonieta fue Qu’ils mangent de la brioche (“Que coman pasteles”, y no croissant).
Algo se aprende.


