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La Puerta del Perdón

Crónica Puebla por Crónica Puebla
5 octubre, 2022
en Opinión
La Puerta del Perdón

Agencia Enfoque

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Adolfo Flores Fragoso / [email protected]

La Puerta del Perdón fue nuestra portería.

Cada tarde, después de hacer los deberes escolares y comer, mi hermano Miguel Ángel y yo cruzábamos a “balonear” en el atrio de la Basílica Ca­tedral de la Puebla de los Ángeles.

Con magistrales “patadones” de mi bro a aquella portería (a sus cuatro años de edad), aprendí de su naciente fortale­za y carácter honesto, duro, transparen­te y fulminante.

Como hasta hoy, a sus 53 años de edad.

Por cierto, mis tres palos “sin red”, fue­ron cierta reja de bronce de la Catedral angelopolitana, esa donde salen y entran las peregrinaciones de viernes santo, o donde obligan a entrar al Papa (si es que viene).

En la calle 16 de Septiembre.

Obvio: el sacristán nos corrió cierta tarde a punta de “mecatazos”.

No problem.

Éramos chamacos y decidimos –en­tonces– jugar al “penal o gol” en la reja del sur, la que vierte hoy a turistas sobre la calle 5 Oriente.

Propietarios mis padres del Hotel Cen­tro, junto con mi abuela y mi hermano, ahí me crié.

Simbólicamente, arriba del bar El Co­rreo.

Punto desde donde mi padre bajaba a comprar un Canada Dry, cada vez que me empachaba.

Tardaba dos horas en retornar con el refresco ya tibio.

Quién sabe por qué.

…

En documentos escritos a ma­no (de la época) y leídos (sin épo­ca), sólo hay cuentos y cuenta del fu­turo atrio de la Catedral, de Maria­no Fernández de Echeverría y Veytia y Diego Antonio Bermúdez de Castro. Ambos cronistas del siglo XVIII.

Mariano describe su niñez en ese terre­no baldío donde jugaba (el atrio actual).

Diego Antonio describe (1746) “un te­rreno lleno de construcciones”.

Pero, ¿qué inmuebles había ahí?

Según esas crónicas, quedaban los pa­redones o restos de la primera Iglesia Ma­yor de la Puebla de los Ángeles. Un inten­to de primera catedral o Sagrario, que en su interior resguardaba la Capilla de las Benditas Ánimas Benditas del Purgato­rio, “en el altar mayor”.

A un costado (sureste del actual atrio), “el altar arrimado”, o capilla de natura­les, o de San Pedro de los Indios, que apor­taba una inmensa cantidad de dinero en limosnas, pues siendo albañiles los cons­tructores de esta ciudad, fueron los más leales y comprometidos aportadores de oro de la Puebla de los Ángeles.

Sin ser ladrones, hay que aclarar.

Al igual que los aguadores de esta ciudad.

Más hacia el actual centro del atrio (de sur a norte), construyeron las casas del Cabildo (Episcopal) y del Curato, que fue­ron viviendas de sacerdotes y seminaris­tas, con balcones al norte.

Esos ventanales fueron construidos pa­ra que los “curitas” y sus alumnos pudie­ran ver la corridas de toros, escenificadas en lo que hoy conocemos como el Zócalo.

Y más espacios donde el arzobispado cobraba “derecho de piso”.

Grandes comerciantes siempre lo han sido.

…

Ya terminada la construcción de la ac­tual Basílica Catedral de la Puebla de los Ángeles, todos los pequeños inmuebles ubicados en el atrio actual, fueron de­molidos.

Las casas, los comercios y curiosidades históricas pasaron a desaparición eterna: el curato, las capillas, el intento de semi­nario, una pila de agua… En fin.

Surge, entonces, el concepto del co­merciante ambulante y deambulante, aquel que camina poco más de 12 ho­ras diarias para ganar algunas monedas.

La primera central de abasto en el atrio de este pueblo.

Esa es la historia de la Puebla que al­bergan los siglos del XVI al XVIII, asen­tadas en crónicas de José de Mendizá­bal, Bermúdez de Castro y Echeverría y Veytia.

La historia tiene aroma a papel viejo.

Igual en una caja de cartón municipal de Puebla, que en algún archivo de las In­dias de Sevilla.

Previo cruce del charco de Atlas.

En un largo vuelo Cancún-La Haba­na-Barajas (Madrí).

Y en tren, a Sevilla.

Para retornar después a pedir perdón.

Frente a la Puerta del Perdón.

Etiquetas: adolfo flores fragosoBasílica Ca­tedralporteríaPuebla de los ÁngelesPuerta del Perdón

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