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Linchamientos: la indeseable Puebla de la marabunta asesina

Arturo Luna Silva por Arturo Luna Silva
14 junio, 2022
en Garganta Profunda
Linchan a un hombre en Huauchinango; lo acusaron de ser robachicos
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[email protected] Twitter: @ALunaSilva

Aunque en el estado de Puebla los linchamientos han dismi­nuido de manera importan­te, desde 2015 no hemos podi­do erradicar esa turba irra­cional, que puede aparecer en cualquier municipio, en cual­quier tiempo y en cualquier circunstancia.

La marabunta asesina si­gue presente en hechos como el de Papatlazolco, Huachinan­go, de la semana pasada.

O en Acatlán de Osorio en 2018, en Ajalpan en 2015 o en la tristemente histórica re­ferencia de la junta auxiliar de Canoa, en 1968.

Lugares y fechas marcados en el calendario nacional de la barbarie y de la ignominia.

Muchos efectos se conju­gan, para que, por el furor de un mal humor, el miedo gene­ralizado, las fake news en for­ma de audios fuera de contexto o manipulados y por las malas de­cisiones colectivas se llegue al asesinato.

Casi siempre con el agravan­te de una desproporcionada fuerza.

Con un exceso de crueldad.

Los linchamientos en Pue­bla no han parado.

Son episodios de sangre cíclicos.

Que no hay posibilidad de entender.

¿Cómo se llega al lincha­miento cuando, en el supues­to caso de que se trate de verda­deros delincuentes, ya se les ha sometido por la superioridad nu­mérica de los pobladores?

Se repite siempre el mismo patrón: una o varias voces azu­zan, lideran a la masa.

Lo hacen desde el odio, des­de la sed de violencia, la igno­rancia y la desinformación.

El viernes pasado, en la comunidad de Papatlazolco, municipio de Huauchinango, Puebla, fue asesinado Daniel Picazo.

Tenía 31 años de edad.

Una carrera académica brillante y un futuro profesio­nal prometedor.

Hasta marzo pasado había sido asesor en la Cámara de Diputados.

Fue golpeado hasta la ago­nía y después quemado vivo.

Supuestamente los pobla­dores lo confundieron con robachicos.

¡Cuántas veces esa ha sido la excusa de la marabunta asesina!

Y cuántas veces han fallado los protocolos y las policías municipales totalmente inca­paces de enfrentar situaciones similares.

Desde el gobierno se ha dicho que habrá castigo.

Ojalá de verdad pronto haya noticias de las acciones de las autoridades.

El gobernador Miguel Bar­bosa ya se pronunció.

Calificó el hecho de barbarie.

“Prejuicios, ignorancia, rumores, un ambiente de no creer en la autoridad que está provocado por todo este momen­to que se vive en la sociedad.

El mundo global de la co­municación genera este tipo de ambientes. Yo le digo a los poblanos que regulemos nues­tro comportamiento social”, fue su llamado este lunes en su conferencia.

Mucho perdemos como so­ciedad y como humanidad con estos casos.

Saltan en el recuerdo inme­diatamente otros.

En 2018, habitantes de la co­munidad de San Vicente Bo­querón, del municipio de Acatlán de Osorio, lincharon a dos personas.

Las acusaban de intentar secuestrar a un menor en la localidad.

Varios de los participantes han recibido condenas.

Entre ellos un adolescente.

En Ajalpan, el 19 de octubre de 2015, dos encuestadores de la empresa Marketing Re­search & Services fueron gol­peados y quemados.

La versión más conocida es que el ataque se debió a que “los vieron sospechosos”.

Hay más.

La mente cae, al final de cuentas, en la peor de las referencias.

1968, Canoa.

En esa hoy junta auxiliar del municipio de Puebla, cin­co trabajadores de la Benemé­rita Universidad Autóno­ma de Puebla (BUAP) fueron linchados.

Iban de excursión a La Malinche.

Los mataron “por ser comunistas”.

El sacerdote azuzó a la ma­sa criminal.

A la turba irracional.

A la marabunta asesina.

Esa indeseable Puebla, que de cuando en cuando revive con toda su saña y toda su crueldad e irracionalidad.

Para vergüenza de todos.

Etiquetas: linchamientosPapatlazolcoPueblaSan Vicente Bo­querón

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