Información: Roberto E. Moreno, María José Garrido Asperó y Dabet Morales / Texto: Dulce Liz Moreno
El ganador deja una tolvanera como para empanizar al público a punto de milanesa. Ha corrido el tramo inaugural de la primera carrera de ruta larga México-Puebla, organizada por El Imparcial. Es la muestra de velocidad pura y de valentía, porque 160 kilómetros de terracería se dicen fácil, pero a los corredores, ese diciembre de 1909, les toma todo un día.
La ingeniería automotriz de la época requiere que cada auto mecánico propio, provisión de gasolina, agua y aceite; un auto al final, con los jueces, y hasta un coche con un médico… que ha quedado varado recién salido de la capital del país, en Texcoco.
Tienen apenas 13 años los automóviles en tierras mexicanas. Han deslumbrado a la gente tanto como lo hizo la luz eléctrica. Las familias Limantour y De Teresa importaron en 1896 los primeros automóviles en la Ciudad de México. Antes de estas máquinas, sólo había tren para viajar. Los conductores han aprendido rápido los secretos del volante y conocen las máquinas porque hay que meterles mucha mano.
En la Ciudad de México, se ha organizado el primer club deportivo, porque el desarrollo tecnológico ha ocurrido por las ganas de un grupo de millonarios de la época de ver esto como un deporte de velocidad. Así, en pleno Bosque de Chapultepec, florece el primer club de automovilistas deportivos. El reto es, ahora, ir y venir a Puebla. Cientos, en sus mejores ropas, se reúnen a despedir el convoy.
Una gala, salida de los corredores
Las carreras comenzaron en 1902; Toluca o Cuernavaca, los destinos Apenas dos o tres competidores y todo acababa en comilona. Pero una vez que hubo suficientes aficionados, se hizo la ruta a Puebla vía Texcoco, Calpulalpan, San Martín Texmelucan y la Angelópolis. Y al día siguiente, el regreso para medir los mejores tiempos.
La salida de los competidores ocurría en Avenida Juárez, de la capital del país, con cientos de curiosos que acudían con pipa y guante, literal, porque era deporte de élite. Y los pueblos vecinos vitoreaban en los tramos carreteros a los competidores. Once aquel 1909, y para 1927 ya fueron 35, pero ahora convocados por la revista El Automóvil en México, con la mitad del recorrido, sólo 130 kilómetros.
Pero había que hacer parada de abastecimiento y reparación cada cinco, cada diez. Se corría por premios en efectivo: Copa de Plata y la medalla de oro para el vencedor absoluto, luego 500, 300, 100 y 50 pesos y juego de llantas Continental, la de lujo en la época. Para el 27, hubo escudería de innovación, la Chrysler.

Todo empezó en Guadalajara
Se les adelantaron a los capitalinos. El Club Automovilista de Guadalajara hizo las primeras carreras de coches. Tenía mejores carreteras a pueblos y ciudades cercanos. José Sánchez Juárez, dueño del Garage Internacional, tuvo la idea y convenció a Alfonso Fernández Somellera, del Garage Casa Fernández Somellera y Stevens y al gobernador Miguel Ahumada. Hubo peritos técnicos, jueces de pista tribunas bien construidas ingeniero de pista, médicos, farmacéuticos y una ambulancia.
Mayo de 1907 fue la primera carrera Guadalajara-Chapala-Atequiza. Los autos fueron pesados en la estación del ferrocarril central para asignarles su categoría.
La gran aportación fueron los abanderados, que advertían a los pilotos de algún peligro o accidente en la ruta y asegurar que no se estorbaran los conductores entre sí. Se rebasaba con sirenas.








