La pandemia generó que muchos menores de edad dejaran la escuela. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al corte del primer trimestre del año, indicó que 35 mil 571 menores de 15 años no acudieron, 6% más que los 33 mil 564 de 2021.
La mayoría de los casos se trató de mujeres, con 19 mil 908 (56%), mientras que 15 mil 663 (44%) fueron hombres.
De acuerdo con el Tablero de Análisis Integral para el Seguimiento al Regreso a Clases, Información sobre Escuelas abiertas en México del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), a julio de este año, en Puebla el porcentaje de asistencia de los menores de edad fue de 87%.
Sobre las causas: 57% indicó que sus papás no los enviaron, 33%, no especificó, 9% marcó la opción “desconocido” y sólo 1% dijo que fue a causa del COVID-19.
La Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación del INEGI, indicó que 22.4% dejó de estudiar porque alguien del hogar se quedó sin ingresos o se redujo; 17.7% carecía de los elementos para tener clases en línea.
DIFÍCIL CUANTIFICAR DAÑO
José Guadalupe Sánchez Aviña, coordinador de las Maestrías en Educación en Ibero Puebla, resaltó que durante la crisis sanitaria la brecha de desigualdad social se visibilizó e hizo más grande, pues muchos alumnos no pudieron ser parte del modelo híbrido por la carencia de elementos tecnológicos, ocasionando una educación incompleta.
En el aspecto emocional y social, Dulce María Pérez Torres, investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), reveló que 30% de los estudiantes presentan fobia social, 10% reportan sentir miedo infundado y 10% sufren ansiedad.
Ambos docentes coincidieron que es importante se analice con detenimiento el retorno de los alumnos a las aulas para poder detectar cuáles son las principales problemáticas, para implementar estrategias que subsanen las carencias actuales en los menores de edad.


