En Puebla viven hacinadas 428 mil 300 personas, es decir 6.5 por ciento de la población estatal, ubicándose en décimo lugar nacional empatado con Michoacán.
Pese a este dato, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reporta que la población en esta condición disminuyó 20%, pues en 2018 eran 534 mil 600 personas.
A estos datos, hay que agregar las condiciones de la vivienda, es decir, la calidad de los materiales y sus características, que la hacen un lugar mejor o no para vivir.
Así, la población que vive en hogares con piso de tierra tuvo un incremento de 17%, debido a que en 2018 eran 172 mil 700 personas y en 2020 se contabilizaron 201 mil 400.
Mientras que hace dos años 75 mil 800 personas habitaban viviendas con techos de material endeble, para este año suman 115 mil 400, un repunte de 52%.
Aquella población que vive en hogares con muros de material endeble creció 33% pasando de 43 mil 100 en 2018 a 57 mil 400 en 2020.
MALAS DECISIONES, MÁS POBREZA
Anselmo Salvador Chávez Capó, catedrático de la Licenciatura en Administración Financiera y Bursátil de la UPAEP, indicó que el rezago que se puede ver en los indicadores del Coneval corresponde no sólo a la situación económica por la pandemia de COVID, sino por la mala distribución de programas sociales.
Consideró que muchos fueron recortados y reorientados a grupos vulnerables, pero que realmente no fueron evaluados respecto a si realmente beneficiaba más ayudar más a un sector que a otros.
Por ello, dijo que será necesario medir el impacto que tienen en la población ver si realmente están funcionando y, de esta manera, hacer un ajuste en los programas y ayudar a quienes lo requieren.


