A Pedro Ángel Palou Pérez, lector feroz de los archivos en torno al 18 de noviembre de 1910, no le fue concedido verlo; dedicó toda su vida adulta a buscarlo. Tampoco Ernesto Solís López tuvo fortuna; y comenzó a buscarlo en los años 30. El expediente apareció ya. Ayer lo dio a conocer el secretario de Cultura, Sergio Vergara.
Está a resguardo del Tribunal Superior de Justicia y es la declaración de Filomena del Valle, la esposa, para entonces ya viuda, de Aquiles Serdán.
Un año después del tiroteo de 11 maderistas defendiéndose de 185 policías y militares, y ya fuera de la cárcel –la habían encerrado el 21 de noviembre junto con Carmen, herida de un disparo, y la madre de los Serdán Alatriste–, la viuda denunció el asesinato de su marido, el robo de 8 mil pesos y el destrozo de la casa.
Porque en la 6 Oriente sólo quedó completa la cama de Carmen y un buró; lo demás fue hecho añicos por tropa y policías.
En esa declaración, Filomena adjunta los dibujos del forense que describen los tiros en cabeza y cuello que recibió su esposo, descubierto en un cajón-entrepiso bajo la duela de una habitación donde se guardaban fusiles y parque. Ella argumentó que el parte oficial mentía: ¿cómo iba a morir Aquiles al forcejear con el oficial Porfirio Pérez, si el tiro a 12 centímetros de la ceja derecha viene de un arma que lo atacó por la espalda y desde arriba?
Su palabra y la del político
Una vez que Filomena del Valle levantó la denuncia, El País, periódico de la época, envió a un reportero a entrevistar al jefe político de Puebla, Joaquín Pita.
La versión de ella negaba el parte oficial que él había firmado y que decía que Aquiles Serdán murió porque forcejeó con el oficial Porfirio Pérez y éste se defenció con un disparo.
Pita aseguró que sus investigaciones estaban cerradas.
Filomena contraargumenta: la trayectoria de las balas indica que a su marido le dispararon dos personas, desde dos puntos, una al frente, otra por detrás. Y desde arriba. Y el zapatero maderista medía 1.74 de altura, así que no había modo de que un soldado estuviera más arriba que él, erguido.
Sólo cabe una descripción de la escena del asesinato: Aquiles estaba en el escondite de las armas, bajo el suelo, y le dispararon tan de cerca que la pólvora le quedó en la piel; y de tan arriba, que los ángulos de trayectoria son imposibles de haber podido levantarse.
Joaquín Pita, entrevistado, rechazó la versión de Filomena.
El crimen se dejó sin resolver
El manuscrito de caligrafía abierta es el dictado del juez de la causa, cuando exoneró a Juan Bede, encarcelado bajo la acusación de haber asesinado a Aquiles Serdán.
Se asienta una fecha: 13 de abril de 1912. Se ordena la libertad del acusado en la tercera resolución.
Y se declara abierta la causa por falta de pruebas para responsabilizar a este hombre.
El documento no solo recoge la narrativa de los hechos, como la preparación armada del movimiento revolucionario y de quienes participaron en este, sino comprueba el papel que jugó Puebla en el escenario político nacional de esa época, destaca el secretario de Cultura, Sergio Vergara Berdejo.
La denuncia de Filomena comenzó a integrarse el 24 de mayo de 1911; el caso fue atendido por el juez Celerino Flores.




