Dulce Liz Moreno / FOTO: Rodolfo Pérez
Sol fiero en la Sierra Norte. El rebozo en la cabeza no alcanza a detener el calorazo.
Y en 1992, los mítines de campaña atiborran las plazas principales de las cabeceras municipales.
Apogeo del priísmo, del voto verde que inclina cualquier balanza, de los bultos de arroz y frijol llevados a casa de los seccionales para repartir entre los colonos.
¿Cómo se llama el candidato a gobernador?, ¿que qué? Ni escrito ni leído le atina el votante, pero se ha de grabar en la memoria la foto y la ha de tachar en la boleta.


