Fotos: Agencia Enfoque
Dice el cartel colgado de un mecate “riesgo de contagio de COVID-19” pero, debajo, un vendedor de aguas frescas y otro de tacos de canasta demuestran que ese letrero miente: no nada más hay peligro de contraer coronavirus, sino salmonelosis, cólera o puede dar una simple gastroenteritis (decían en los 70 que “te agarra Chole de la mano”) con el consumo de esos productos ahí: sin agua corriente donde lavarse las manos, con dudosas medidas de higiene en la preparación y clara contaminación de cuanto microbio habite el sitio y se pose en la comida o la bebida.
Los vendedores ambulantes llevan el timón en las calles del centro y, por supuesto, mientras tengan compradores seguirá siendo negocio tan desleal –para los locatarios que pagan local e impuestos y permisos– como lucrativo.
A poca distancia, los comerciantes del mercado Cinco de Mayo limpian a pipazo y a toro pasado, la calle donde hubo entre dos y cinco compradores por metro cuadrado para abastecerse de la materia prima para la cena de Nochebuena.


