Fotos: Agencia Enfoque
Lucía Lozada y Javier Tirado conjugaron la curiosidad con la tecnología y un par de ideas nuevas.
Años antes, el ingeniero Rafael Méndez había llegado a avecindarse a Chignahuapan con la hechura de esferas de vidrio.
La pareja se unió con otras tres personas y puso un taller.
Se establecieron en 1993, cuando internet era un sueño y no había modo de copiar lo que se hiciera del otro lado del mundo, de donde llegó a este continente la tradición de adornar con esferas.
Entre los cinco, empezaron a experimentar con materiales, diseños, productos químicos y, ¡bingo! Crearon belleza.
Diseñaron formas, figuras, añadieron telas, bases de hierro, mezclaron colores y crecieron. Hoy son 180 en El castillo de la esfera.






