Rodolfo Rivera Pacheco
Así, con estas mismas palabras, he titulado varias columnas para referirme a los problemas inherentes de varios partidos en Puebla y México. Morena no podía ser la excepción. Como hemos dicho mucho aquí mismo, Morena surgió gracias y por el liderazgo de una persona: Andrés Manuel López Obrador.
El problema de Morena no es su origen –desdoblamiento de partidos anteriores–, sino que es el Movimiento de un personaje, fundador y líder indiscutible. Pero que no se estructuró como partido, con jerarquías claras o liderazgos equilibrados.
López Obrador siempre ha sabido que Morena es su creación y que sin él es sólo un movimiento más de grupos de izquierda en el país, que histórica e ideológicamente se han peleado una y otra vez entre ellos y se han dividido una y otra vez y han fundado partidos una y otra vez. Es la historia de la izquierda en México, desde principios del siglo XX a la fecha.
Dejemos la historia, necesaria para entender lo que sucede hoy. Morena, ese enorme costal donde han ido a dar la mayoría de los simpatizantes de la izquierda mexicana, hoy una vez más y haciendo honor a sus orígenes, ya está dividido y de sus pugnas internas NO se vislumbra ningún buen futuro electoral.
Vamos, después de más de 100 años de existir como grupos políticos partidistas, un partido de izquierda tomó el poder en México gracias a la figura emblemática e indiscutible del tabasqueño Andrés Manuel López Obrador. Y quizás no les dure el gusto de la Presidencia más que un sexenio, ni la mayoría en el Congreso de la Unión.
Fieles a la costumbre, hoy Morena parece no tener liderazgo que los controle.
El presidente López Obrador parece que su único objetivo era ganar la Presidencia de la República y, una vez ahí, ha dicho y redicho que “él no se mete en los asuntos de Morena”. Y no sé si eso sea cierto… pero su partido es una olla de grillos en la que se están peleando todos contra todos.
De hecho no hay dirigencia nacional como tal. El mentado proceso interno se ha pospuesto una y otra vez y la pandemia hizo que se retrasara mucho más. En un madruguete, le quitaron la Presidencia Nacional a Yeidckol Polevnsky (que de por sí ni era presidente, sino secretaria encargada). Alfonso Ramírez Cuéllar tampoco es el presidente real. Es un encargado de despacho, mientras se lleva a cabo un proceso interno.
Lo anterior ha provocado que tampoco haya dirigencias estatales reales.
Aquí en Puebla estaba Mario Bracamonte (que tampoco era dirigente, sino delegado en funciones de presidente), pero en otro madruguete, Ramírez Cuéllar les mandó a Carlos Evangelista (quien tampoco es presidente real del CDE, sino una especie de representante del CEN para dirigir los trabajos de Morena), que ya hasta las llaves de la sede les quitó a los anteriores, con sus respectivos sueldos. ¡Pufff!
Por su parte, Ramírez Cuéllar, quien llegó supuestamente con afanes conciliadores y hasta salieron en fotos juntos y sonrientes, ya tiene demandada a Yeidckol Polevnsky por supuesta malversación (verdadera o no) de unos 395 millones de pesos y hasta faltas a los principios de Morena. Y desde luego, NO reconoce a ningún dirigente estatal (o delegado) que haya sido nombrado en tiempos de Yeidckol… aunque ellos sean los que tienen el nombramiento avalado por el INE. ¿Usted entiende algo?
Y el presidente López Obrador ni los ve ni los oye. Por supuesto quiere mantener la mayoría en el Congreso y ya anda en evidente campaña en todo el país, aún en los tiempos del coronavirus. Pero con ese partido… ¿en serio piensa que podrá lograrlo?
Si la pugna por las dirigencias ni siquiera ha comenzado como tal… no quiero imaginar cómo serán los pleitos por las candidaturas a diputados locales, a Diputados federales, a gobernadores (donde habrá elecciones para tal cargo, 15 estados) y a alcaldes. Vaya, yo creo que hasta por las regidurías va a haber muertos… metafóricamente hablando (¿o literal?).
Por supuesto, en Puebla las cosas tampoco parecen pintar bien. Además de la bronca por la dirigencia estatal, los pleitos y malos entendidos entre las distintas figuras de gobierno de Morena, destacando el conflicto entre el gobernador Miguel Barbosa y la presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera, están llevando al partido ganador indiscutible de 2018 a terrenos demasiado complicados y de desprestigio. Y el resultado electoral puede ser desastroso, de continuar así.
¿En serio no lo ven? ¿Quieren perder lo que les costó 100 años obtener?
Es la cita ineludible con el conflicto histórico entre los miembros de la izquierda en México. NO, simplemente no se saben poner de acuerdo. Va contra sus principios dialécticos materialistas. No se sienten cómodos si no se encuentran en la “unidad y lucha de contrarios”. La mentada lucha de la tesis contra la antítesis la llevan a sus últimas consecuencias y terminan peleándose hasta consigo mismos en un cuarto vacío. Normal.
Con esa realidad, Morena… ¿para qué quiere enemigos de los otros partidos?
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