Es relativo
Guillermo Pacheco Pulido
No es fácil ubicar a los seres humanos en su época, su tiempo y circunstancias, estas últimas importantes, pero complejas. De ahí que cualquier opinión o comentario que se haga debe tomarse en consideración y sujetarse no lo que quería hacer la persona, sino a lo que hizo. Entre querer y poder hay un abismo poco saludable.
Puebla tiene una grandiosa historia en todas las etapas de su vida y vemos como a través de los hechos de esta historia va avanzando, va sentando y construyendo con bases sólidas su destino.
Los poblanos han consumado hechos que construyen y benefician a instituciones locales y nacionales; hay que insistir que todos esos hechos deben ser reconocidos a nivel nacional y no tenerlos olvidados, como hasta ahora.
Esos hechos son: la Batalla del 5 de Mayo de 1862, el Sitio de Puebla de 1863, la Toma de Puebla del 2 de abril de 1867 y la lucha revolucionaria de los hermanos Serdán.
Puebla, junto con el país acaba de dar un paso importante al suprimir las Juntas de Conciliación y Arbitraje, que conocían de los conflictos obreros-patronales, y en su lugar se crean tribunales jurisdiccionales para que conozcan de esos procedimientos, resolviendo con seguridad jurídica los conflictos obreros de referencia, sujetándolos a vías rápidas en todas sus resoluciones conforme al principio de legalidad.
Los poblanos en el campo de los asuntos laborales también han hecho historia a través del movimiento revolucionario.
En primer lugar señalamos al expresidente de los Estados Unidos Mexicanos, general de División Manuel Ávila Camacho, quién entregó a obreros y patrones la Ley del Seguro Social institución de mucho prestigio y eficacia.
Otro poblano destacado lo fue el licenciado Gustavo Díaz Ordaz, expresidente de los Estados Unidos Mexicanos, quien expidió el 1 de abril de 1970 una nueva Ley Federal del Trabajo.
Otro poblano distinguidísimo lo fue el licenciado Vicente Lombardo Toledano, dirigente obrero, creador de instituciones jurídicas laborales, dirigente de las agrupaciones obreras denominadas CROM y CTM, creador también de instituciones jurídicas de enseñanza del derecho, beneficiando a los integrantes del sector obrero, social y patronal.
Fue considerado dentro del grupo de los siete sabios, en nuestro país, por su cultura filosófica, jurídica, política y social.
Parece fácil hablar del derecho obrero, pero debemos recordar que todas sus conquistas han sido a través de conflictos y hasta con pérdidas de vidas humanas.
Así observamos que Venustiano Carranza, después de serias discusiones, presentó un proyecto de reformas a la Constitución de 1917, entre otras la de materia obrera contenida en el artículo 5 del mencionado proyecto.
Fue realmente el diputado poblano Froylán Cruz Manjarrez quien presentó una mención suspensiva al debate de dicha propuesta en la Cámara de Diputados, aduciendo que “ las iniciativas hasta hoy presentadas no son, ni con mucho, la resolución de los problemas del trabajo”, por lo que pedía se estableciera un capítulo especial en la materia dentro de la Constitución y no en el artículo 5, ya mencionado.
Se aprobó la propuesta del legislador Cruz Manjarrez y la nueva iniciativa le elaboró el poblano Pastor Rouaix, en su domicilio, en unión de otros diputados.
Así nació, por manos poblanas, el artículo 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo, que consideraron trascendental que la producción económica supone la concurrencia de dos factores: el capital y el trabajo que lleva como implícita consecuencia que nadie puede ser tratado como una mercancía, sino como un ser humano.
El hombre es actor de la producción, lo que quiere decir que la economía se construirá por y para el hombre, es humanizar la producción.
Es lógico que en el estado de Puebla, al entrar en vigencia el establecimiento, creación, respeto y apoyo de sindicatos, surgieran conflictos de huelga, problemas internos y externos.
Los obreros y sus líderes se enfrentaban a la fuerza pública, a otras agrupaciones judiciales, había violencia y se usaban las armas, diría alguien: “Así era en esa época”.
Y el líder tenía, por razón lógica, que ponerse al frente de “los compañeros”, pasara lo que pasara. Todo ello se llevaba a efecto todavía con el olor a pólvora revolucionaria de las armas con las que se había luchado por los ideales obreros de bienestar.
Por ello creo que debemos reconocer en Puebla a aquellos líderes, no con la crítica del desconocimiento de los tiempos históricos señalados, pues de una u otra forma defendían los derechos laborales al mismo tiempo que los medios de producción, reconociendo la necesidad de la presencia del capital.
Puebla vivió esas épocas igual que en todo el país, con sus líderes obreros “al pie del cañón”.
Ahí están en los días de la Revolución, la presencia de líderes obreros poblanos que conforman con sus actividades nuestra memoria histórica.
Hoy que existe y se empieza a aplicar la reforma mencionada al principio de este comentario, recordamos a aquéllos –como los ya mencionados– que aportaron lo mejor de ellos mismos en beneficio del desarrollo económico-laboral de nuestra entidad.
Ahí están también, entre otros, Antonio J. Hernández, Blas Chumacero Sánchez, Constantino Sánchez Romanos, Rafael Munguia B., cuya dinámica social se suma a la historia laboral de Puebla, que tiene menciones especiales para ellos junto con líderes empresariales que entendían sus funciones y la necesidad de apoyar el desarrollo del estado y del país.
Aclaro, dar nombres no lleva ninguna adulación, porque será el tiempo el que juzgará a muchos hombres y mujeres aún muertos, para ello falta mucho, cuando desaparezcan los juzgadores y los juzgados y se privilegie a la sensatez y a la razón.
El tiempo –decía Shakespeare– tiene un magistrado muy antiguo, que más tarde o más temprano a todos nos nombran en ese tribunal, aún sin haber sido líderes, porque los errores no se entierran, renacen de sus cenizas.
Así algún día se escribirá con frialdad la historia de los aquí mencionados, pero no por ello debemos dejar de reconocer ahora lo que muchos de ellos hicieron por Puebla y los poblanos.
Se valen las opiniones, recordando que los griegos decían: “Sólo los dioses y los muertos son perfectos”.


