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El Gran Adversario

Crónica Puebla por Crónica Puebla
31 mayo, 2022
en Opinión
El Gran Adversario
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Por: Antonio Peniche García
La otra cara de la moneda

 No hay nada noble en ser superior a otra persona.

La verdadera nobleza radica en ser superior a tu antiguo yo

Sócrates

UNSPLASHCharles Pierre Baudelaire, uno de los “poetas malditos” de la Francia del S. XIX, esgrimió una frase elocuente, controversial y profundamente reflexiva.

“El mayor engaño del diablo es con­vencernos de que no existe”.

Epígono del Romanticismo, Baudelai­re se aferra a la figura del diablo.

Los románticos habían buscado un nuevo héroe para sus experiencias vita­les y poéticas.

Magnificaban a Lucifer hasta verlo convertido en un símbolo.

Brutalmente asido a ese Romanticis­mo, que estaba por desaparecer, el poe­ta francés desmenuza, comprende y le otorga a Satán una belleza magnífica y sagrada.

Baudelaire es también –y hasta el ex­tremo– creador de diablos, pues los rein­venta y les da vidas nuevas.

En su obra nos los muestra de formas variadas. De rostros múltiples y caracte­res variados.

¿Pero quién es realmente ese Satanás?

¿Quién es ese Lucifer?

Nos lo han pintado como un ser ma­ligno de piel rojo escarlata; portador de colmillos vampirescos, ojos que vomitan fuego, cuernos de borrego cimarrón, co­la con punta de lanza y un afilado triden­te como su arma torturadora y expiadora.

A lo largo de siglos, filósofos, poetas y escritores han escrito sobre él.

Pero la mayoría, como lo menciona Yehuda Berg, en su extraordinario li­bro “Satán, una autobiografía”, lo han entendido mal.

Y cuando digo extraordinario me re­fiero a que la lectura mencionada ha si­do una de las mejores que he hecho en los últimos años.

Sin duda, muchas de las reflexiones de este escrito provienen de esa obra li­teraria.

Ganador del Premio Nobel, el escritor francés André Gide esboza un presenti­miento cuando dice: “Nunca se le sirve tan bien como cuando no se le percibe”.

Y complementa su sentir cuando men­ciona: “A él siempre le conviene no dejar­se reconocer […] y eso es lo que me moles­ta: pensar que cuando menos creo en él, más fuerza le doy”.

Pocos han descubierto las verdades lu­minosas que se cuelan entre las pequeñas grietas del caparazón humano.

He aquí una de las claves de nuestra existencia.

El escepticismo, clavado en nuestra mente racional, preserva la increduli­dad y alimenta a nuestro gran adversa­rio. El ego.

El escepticismo es el atrincheramien­to del alma y la lápida de la inteligencia.

La verdad del Espíritu y la apertura del alma nos pueden llevar a entender el ver­dadero papel de Satán.

De entrada, hay que aclarar un gran malentendido. Satán no es un nombre. Es la descripción de un trabajo. Es un pa­pel que se interpreta en el Juego de la Vi­da.

Satán es una palabra hebrea. El An­tiguo Testamento habla de “HaSatán”, que significa “el adversario” o “aquél que se opone”.

Un poder que se opone.

Satán es el antagonista de la película de nuestras vidas.

Como lo refiere Baudelaire, los ros­tros múltiples y variados de Satán son la depresión, la ira, los celos, la preocupa­ción, el miedo, el falso orgullo y el com­portamiento egoísta.

Y el ego es la respuesta reactiva al mundo.

Si nos volvemos vanidosos frente al éxito, es el ego haciendo su trabajo.

Si nos deprimimos frente al fracaso, ese también es el ego.

Dejamos que el egoísmo se apodere de nuestro ser… ego.

Damos caridad y dejamos que todo mundo se entere. Es ego.

Creamos un conflicto porque alguien tiene una opinión distinta a la propia. Ego por ambas partes.

Seguimos un creencia ciegamente, sin cuestionarnos. Es igualmente, el ego.

Nos dicen la verdad y la rechazamos…el ego haciendo su “magnífico” trabajo.

El ego es, finalmente, lo que nos mo­tiva a reaccionar. Es una acción refleja.

Y, de acuerdo con el planteamiento de Berg, todos esos pensamientos negati­vos son los de Nuestro Gran Adversa­rio, Satán.

Se ha disfrazado ingeniosamente de nuestro ego, para que pensemos que esa inclinación a la negatividad es nues­tra.

Nada más falso.

Todos pasamos por situaciones difí­ciles.

El tema fundamental es cómo reaccio­namos ante ellas. Qué hacemos con nues­tro dolor.

¿Dejamos que el ego se apodere de no­sotros y sufrimos? O lo afrontamos y cre­cemos.

Si escondemos la espinosa realidad en el armario, el dolor sigue y se convierte en amargura.

Hay que confrontar al desafiador, a nuestra propia oposición, a nuestro Ad­versario.

Si el Creador creó este principio nega­tivo denominado Satán no es para que su­framos sin razón, sino para fortalecer­nos en la adversidad.

Pero sólo en la medida que dejemos nuestro papel de víctimas superaremos los desafíos.

Entregarnos al proceso espiritual necesario, a pesar de las dificultades, nos llevará a ganar.

Soltarlo todo. Asumir la responsa­bilitad total de nuestros pensamientos y acciones nos conducirá por el camino de la Luz.

Desear. Anhelar. Poseer la vehemente y humilde actitud de que nada nos per­tenece.

Nada… Todo es prestado.

El tiempo es lo más valioso que tene­mos. Es la moneda de cambio con el Uni­verso.

Entenderlo es el primer paso hacia el camino de Luz que a todos nos espera. De­pende de nosotros mismos cuánto tiempo nos tardemos en verlo.

Y la Creación no entiende la negati­vidad.

“No pienses en una montaña” (acabas de pensar en una montaña).

Satán quiere que nos hundamos en sentimientos de culpa, desamparo, des­esperanza… emociones que la Luz ni si­quiera reconoce.

Pero si corregimos y aceptamos nuestros errores, en ese momento nos abri­mos a que la Luz entre, penetre y envuel­va la situación.

Con la Luz todo se puede arreglar.

Siempre hay una salida. Si empeza­mos a ver la Luz que hay detrás de todo – incluso de las situaciones malas– Satán no tendrá poder.

Ahora bien, el Universo se rige por un sistema. Existen leyes universales que funcionan hasta en el lugar más re­cóndito.

Uno de los principios fundamenta­les de ese sistema es la Ley de causa y efecto.

La tercera Ley de Newton estable­ce: “A toda acción le corresponde una re­acción igual en magnitud, pero de senti­do contrario”.

La Ley del karma es una interpreta­ción energética de esa ley y asegura que cada individuo vive las consecuencias de sus propios actos, ya sean positivos o negativos.

La palabra karma significa “acción”, y ésta se refiere a nuestras acciones físi­cas, verbales y mentales.

La Ley de la cosecha. “El que siem­bra vientos recoge tempestades”.

Jesús expresa en el Evangelio: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así tam­bién haced vosotros con ellos”

Yehuda Berg le llama “Medida por medida”.

Es, sencillamente, una ley espiritual universal y que es tan simple como las leyes que gobiernan el espacio.

Así como la Ley de la gravedad no dis­tingue personas ni cosas. Ni personalida­des, ni situación económica, ni estatus, ni poder. Una rama le puede caer encima a un mendigo o a un millonario.

De la misma manera, existe una co­rrelación directa, una proporción de uno a uno entre los pensamientos y ac­ciones de cada ser.

Es simple. Se trata de energía espi­ritual.

En la medida que juzgues a los demás, serás juzgado.

En la medida que seas egoísta, cose­charás egoísmo.

En la medida que odies, serás odiado.

En la medida que ames, serás amado.

En la medida que cuides de los demás, los demás cuidarán de ti.

Todo el mundo es puesto a prueba. Todo el mundo está sujeto al principio de “Medida por medida”.

Obtenemos exactamente lo que da­mos. Para bien o para mal.

Así que la “guerra más santa” que po­demos librar es contra nuestro propio ego. Nuestro Gran Adversario.

Su trabajo es incitar al egoísmo en to­das sus manifestaciones:

Egocentrismo, baja autoestima, de­presión, enojo, celos, preocupación, mie­do…

Satán prospera en la necesidad y la decepción. La negatividad, el cinismo y la envidia.

El gran secreto es entender este jue­go de la existencia. Darle una patada al egoísmo y saludar a la Vida.

No importa cuán bajo hayamos caído. Tenemos el poder de cambiarlo.

Si comprendemos bien, el papel con­cluyente y último de Satán va acorde con la búsqueda de iluminación.

Nos obliga a confrontarnos para que vislumbremos el camino hacia la Luz.

Satán quiere que ascendamos como seres. Que por convencimiento propio to­memos el camino del Amor. ¿Podría ser un tipo de hierofanía? Tal vez…

La oscuridad no existe, es simplemen­te la ausencia de Luz.

Por cierto… ¿Y Lucifer?

Resulta que, incidentalmente, su tra­ducción es “El que brilla” o “Portador de Luz”.

Y, como lo escribiera de manera reful­gente Gabriel García Márquez en uno de sus cuentos:

“La luz es como el agua, uno abre el grifo y sale”.

 

 Al gran amigo que, en tiempo perfecto,

me confrontó con la estupenda lectura sobre la autobiografía de Satán.

Que bajó al infierno. Enfrentó a su satán y dejó que la Luz lo guiara.

Gracias

Etiquetas: Gabriel García Márqueztercera Ley de NewtonYehuda Berg

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