Por: Alejandro Cañedo Priesca
Durante mis viajes, siempre busco alguna referencia de México en otros lugares. Encontrar nombres de hoteles o de restaurantes en lugares lejanos me hace pensar sobre qué estarían imaginando aquellos que decidieron ponerle el nombre de Acapulco a un hotel en la lejana Trieste, en Italia, o el más repetido Hotel México en algunas ciudades aún más lejanas.
Posiblemente, a aquellos propietarios, un viaje les dio un motivo para siempre recordar el lugar o una historia que aprendieron, y su mejor manera de hacerla real es darle un nombre, que posiblemente no tenga nada que ver con el lugar donde se instaló.
Bajo esa visión, viajé a Viena, capital de Austria, con la intención de disfrutar sus palacios, museos e historia y también con las ganas de ver dos referencias con la historia de nuestro país. Desde niño había escuchado que el “Penacho de Moctezuma” se encontraba en un museo austriaco, lo cual me tenía intrigado y me preguntaba cómo había llegado y en qué condiciones se encontraría.

También después de leer en el libro Noticias del imperio de Fernando del Paso, quería conocer el lugar donde estaban los restos de Maximiliano de Habsburgo. Dos referencias de México en una de las ciudades más bellas y ordenadas que he visitado.
La próxima semana les platicaré más sobre estas dos referencias de México en Austria, por ahora pongamos un punto de partida a la visita: el centro histórico de la antigua capital imperial, conocida como la “Innere Stadt”, que está rodeada por la Ringstrasse, un amplio boulevar flanqueado por edificios muy grandes del siglo XIX y elegantes cafeterías.
En el centro se encuentra la Catedral de San Esteban y al suroeste del mismo se puede visitar el Palacio de Schöbrunn, que fue construido por el Emperador Leopoldo I entre finales del Siglo XVII y principios del XVIII, siendo el palacio principal de la Emperatriz María Teresa.
Viena está llena de música y esta pue de disfrutarse en el “Musikverein” y en la Casa de la Ópera, “Staatsoper”, así como también se puede admirar el espectáculo que representan las maniobras de los caballos Lipizzaner, en la célebre Escuela Española de Equitación o escuchar el Coro de los Niños de Viena en la Hofburgkapelle. Viena, a diferencia de Praga, la otra ciudad imperial, es tranquila y a través de sus calles y parques pueden encontrar la alegría que se obtiene viajando. Viajemos juntos.


