Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava / parmenasradio.org
Leyes hay, lo que falta es justicia
Ernesto Mallo
Es peor cometer una injusticia
que padecerla, porque quien
la comete se convierte en injusto
y quien la padece, no
Sócrates
Con las noticias de lo que ha sucedido en los últimos días de junio de 2022, respecto al linchamiento en una localidad de Huauchinango, Puebla, de un joven abogado, pareciera que estamos llegando al límite como sociedad y que es necesario que algo se haga urgentemente.
Independientemente de que las autoridades policiales y ministeriales ya han iniciado sus investigaciones, se han detenido algunos de los involucrados en el linchamiento y adicionalmente se sentencie a los responsables.
Esta situación no se puede quedar solamente en eso, como sociedad organizada simplemente para perseguir a los que participaron en ese linchamiento y juzgarlos, pues desafortunadamente es parte de otra serie de linchamientos que se han suscitado en México en los últimos años.
Basta con recordar que, en el estado de Morelos, la muchedumbre rompió la seguridad de las oficinas en donde se encontraban ya detenidos los asaltantes y en el patio de ese mismo lugar los quemaron vivos.
Estamos llegando al límite como sociedad, por lo menos, esto comprueba lo que sostenía uno de los principales contractualístas respecto al Estado, T. Hobbes, respecto a que debería ser un monstruo más fuerte y que impusiera miedo a la población, para que de esa forma se pudiera contener la fuerza de cada sujeto, pues resulta que: “el hombre es el lobo del hombre” y para evitar que nos matemos entre todos nosotros, se requiere algo que imponga mas miedo.
Por ello le denominó al Estado como un monstruo que aparece en la Biblia: “el Leviatán”, que impone el miedo suficiente a los individuos como para que estos no se acaben mutuamente matando.
Y que mejor ejemplo de lo que esta sucediendo con los linchamientos en México, como para poder comprobar esa teoría contractualista del profesor inglés, sin embargo, aquí el caso es aun más delicado, pudiera decirse que el Estado ya está instalado, con todo y sus instituciones, pero resulta que a lo largo de muchos años –porque no es por estas administraciones públicas actuales, sino en el paso del tiempo– que la población tiene la idea que las propias instancias están para hacer justicia, para detener a los criminales, para investigar, muchas, pero muchas de las ocasiones no han funcionado, por ello es que hay un ambiente generalizado de su ineficacia y nos topamos con estos extremos tan lamentables de los linchamientos y que asume la población que es mejor aplicar “la justicia por sus propias manos”.
Pero, además de esa sensación de ineficacia de las instituciones que da como consecuencia la impotencia de los ciudadanos, y que se llega con los linchamientos, es que, nos topamos con una estructura económica, política, jurídica y social que impide que el ciudadano de a pie pueda desarrollarse plenamente, propiamente parecería que el sistema está conformado para que no lo haga, pues a pesar de que muchos tengan la oportunidad de acudir a una universidad o bien de poder poner un negocio, una empresa, un taller o simplemente desarrollarse plenamente como profesionista, el sistema está estructurado para que no suceda.
Por ello es tantas trabas iniciando con los permisos y autorizaciones del propio Estado, oficinas con trámites ridículos, una serie de absurdos, que solamente se encargan de almacenar cargas innecesarias para hacer imposible el poder cumplir con la ley y, sobre todo, desarrollar una empresa, es así que resulta casi imposible que una empresa mexicana de un ciudadano promedio, pueda subsistir, menos aun que pueda competir contra las grandes marcas y las grandes cadenas comerciales.
Lo mismo sucede con las instancias políticas, para poder acceder cualquier ciudadano a los partidos políticos, no como miembro solamente, sino llegar a los puestos de mas trascendencia, resulta casi imposible, menos aun sentirse representado por los partidos políticos.
Y estas son de las principales objeciones de la población y que, sin justificar los linchamientos, es ese ambiente que se va generando en la sociedad, ambiente de rencor, de odio hacia los demás y es allí en donde estamos al límite y debemos de hacer algo, no se puede vivir con esa zozobra de que cualquiera pueda ser sujeto de un linchamiento, pero lo que es peor, de ser el provocador del mismo, no está solo en las instituciones del Estado esperar a que suceda algo para evitar estos linchamientos, está en la propia sociedad que cada día confirma más que “el hombre es el lobo del hombre”.


