Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava / correo: [email protected] web: parmenasradio.org
La democracia se ha ido convirtiendo en tecnocracia:
no manda la gente, sino la lógica tecnológica.
La tecnocracia es el control de la economía y de la sociedad
a partir de criterios no humanos, sino exclusivamente técnicos
Jordi Pigem
Pareciera que han quedado en el pasado aquellos tiempos en los que el banco central se encargaba de las políticas monetarias de un determinado país que pertenecía y dependía directamente de la administración pública; es decir, del Poder Ejecutivo.
En esos momentos, lo que sucedía era que, ante la falta de dinero, por ejemplo, para pagar la nómina gubernamental, se recurría a la emisión de billetes o a acuñar más moneda; con eso se salía del paso, particularmente en la década de los 80 en nuestro país.
En parte precisamente por tanto circulante era que se presentaban las exorbitantes tazas de inflación de esos tiempos.
Ante esa realidad fue que se implementó en el mundo –porque no fue exclusivo de México, sino una condicionante de los organismos internacionales a las naciones occidentales– la conversión de los bancos centrales en instituciones autónomas al Poder Ejecutivo, que no dependieran de decisiones políticas de la administración pública, sino que los cánones en que se basaran fueran meramente económicos; es decir, que pudieran controlar la emisión de billetes y el acuñamiento de moneda, así como la inflación en las naciones.
Con esas medidas –que en México fueron puestas en marcha el 1 de abril de 1994, con la reforma constitucional publicada el 20 de agosto de 1993 a los artículos 28, 73 y 123, donde se implementó la autonomía del Banco de México– parecía que todo saldría mejor económicamente; por lo menos se controlaría de mejor forma la inflación y, por otro lado, se controlaría el exceso de emisión de papel moneda y propiamente la moneda.
El problema principal de ello es que el nombramiento de quienes dirigen los bancos centrales y sus decisiones están muy alejados de la democracia, entonces se implementa la tecnocracia, que, como se indica en el epígrafe de este ensayo, “es el control de la economía y de la sociedad a partir de criterios no humanos, sino exclusivamente técnicos”.
Por tanto, se ha dejado la democracia a un lado. Entonces, ¿dónde están las decisiones de la población? ¿Qué quedó de que la democracia es el gobierno bajo el sentido común de la población? Verdaderamente, con estas medidas para controlar las políticas monetarias, se instituye la tecnocracia.
A partir de los buenos propósitos con que se gobierna con la tecnocracia se permite, en términos generales, una mayor eficacia, en el caso de la emisión de la moneda, del control de la inflación, etcétera; permite una serie de medidas que aparentemente se convierten en toma de decisiones eficaces, pero en muchas ocasiones se distorsionan y de la eficacia se cae en la negligencia.
Las medidas, lejos de funcionar, se convierten en decisiones muy técnicas en las que se olvida el sentido común y la naturaleza humana.
Por ello, se cae en problemas graves, como las crisis económicas de los últimos tiempos en la historia del mundo.
Tal es el caso de la crisis económica de 2008, que afectó todo el mundo occidental, a tal grado que provocó, en parte, la necesidad de que los estados entraran a rescatar bancos para que, a decir de los expertos, el colapso no fuera mayor.
Pero esta serie de decisiones, como el rescate de los bancos con dinero de las contribuciones de la población, no son apropiadas para el ciudadano de a pie, que paga sus contribuciones con mucho esfuerzo, y considerando que esto es destinado al gasto público, queda en tela de juicio si rescatar bancos y a los banqueros pueda ser considerado como “gasto público”.
Por esas medidas se dio la reacción después de la crisis de 2008, en 2011.
Fue un reclamo general a los gobiernos y, sobre todo, a las políticas económicas y monetarias.
Todo ello provocó un movimiento, particularmente en Wall Street, en contra de las decisiones económicas. Sin embargo, los reclamos se apagaron, mágicamente desaparecieron y no se supo más de ellos.
Por lo pronto, ya son un antecedente de que en las decisiones tecnócratas algo anda mal.


