Por: Daniel Aguilar Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2
Tal vez sólo sea un romántico y nostálgico que sigue añorando ver al equipo que con el que crecí. Esa fórmula donde Jorge Posada mandaba la señal, Mariano Rivera venía hacia el plato, roletazo al campo corto y el hombre más seguro del mundo conseguía el out 27 para darle la victoria a Andy Pettitte.
Tardé en entenderlo y hoy en día los Yankees también se han adaptado al nuevo sistema de juego, a lo que los expertos llaman (y los puristas repudian): el beisbol moderno.
Y así, con toda esa nostalgia empezaba a ver los juegos, me ha tocado ver desfilar un sin fin de buenos para nada como Carl Pavano, Troy Toulowitzki, Wilson Betemit, el mismo Chapman e incluso, peloteros de renombre con los que no pasó gran cosa como Iván Rodríguez e Ichiro Suzuki.
Al final, la comparación y exigencia estaba por los cielos, es triste pero ellos jamás volverán, lo único que se puede rescatar es un poco de la esencia de aquél equipo que dominó por completo las Ligas Mayores. Esa época negra donde sólo existían los Yankees de Joe Torre y ya. No había más para el beisbol.
Hoy, el beisbol moderno a adaptado o adoptado ciertos roles en la ejecución del juego, nos guste o no, la hora de fabricar carreras y colgar ceros ya viene dictada por la dichosa sabermetría. Por eso cuando vi a Gerrit Cole querer ganar su blanqueada no me quedó más que aplaudir.
Los Yankees están viviendo su mejor momento de la temporada y, creo, de los últimos cuatro años, el equipo empieza a conjuntar cosas que no se veían hace tiempo. Aunque antes de abundar en el tema nos debe quedar claro algo, si no ganas en octubre, haz favor de tirar todo eso a la basura, como lo ha sido desde 2010, porque en esta organización no hay espacio para los tibios.
Cuando llegaron Gallo y Rizzo agredecí que Cashman al fin recordara para quién trabaja, o incluso, quién era él cuando trabajaba con el gran Jefe. Este par de cañoneros no sólo hacían que el equipo diera el golpe sobre la mesa, ya en el terreno abría un abanico de posibilidades que hacían falta.
Profundidad y, sobre todo, desahogo. Aunque mi amigo Manuel de la Torre no quiera aceptarlo, Giancarlo vive un gran momento gracias a las variantes que tiene el lineup. La alineación se equilibra, hace ver mejores lanzamientos a la parte medular, todo está perfecto. Tal vez, un servidor no volvería a poner a Gleyber y si un día se recupera Hicks, le llamaría perfección.
Este equipo debería seguir un par de ejemplos: las ganas de jugar de Andrew Velázquez y el pelear hasta el final como Jameson Taillon. Así es la nueva era del Imperio y algo tiene que llegar, porque pase lo que pase, por mucho que avance el deporte, siempre tendrán la sombra de su historia.
EL TRONO VACANTE Y EL ODIO RIVAL
Quería tocar este punto y una disculpa por la demora. Los Toros de Tijuana se impusieron por mucho Acereros de Monclova y sí, el campeón murió, dejó el trono vacante y ya empezó el patrón a cortar cabezas.
El deporte en general siempre ha generado expectativa la actuación del campeón defensor, si puede repetir o quién será el valiente que logre dejar el trono vacante. Pero lo que ha hecho Gerardo Benavides con la novena azul supera todo lo antes visto en la pelota veraniega.
Sí, los Diablos Rojos, Tigres e incluso los Sultanes generan pasiones y rivalidades con los equipos que enfrentan, su participación en postemporada también es obligada ya que le dan un sabor especial, pero, sobre todo, necesaria. Y cuando se van, motivan a la novena que los echó, celebran la victoria y eso impulsa a seguir buscando el título.
Cuando la Nación Azul levantó la Copa Zaachila en 2019 generó molestias de frontera a frontera. Este 2021 luego de su eliminación fue la mofa de un país, sí, el campeón ha muerto y regresará, por lo pronto me quedo con algo cierto. El beisbol en México cambió cuando Benavides Pape tomó las riendas de su primer equipo, sus decisiones a muchos no les gustarán, pero los números hablan y sobre todo generan incomodidad misma que aún celebra la corona vacante.


