Iván Mercado / @ivanmercadonews / Facebook: IvánMercado
Datos oficiales de la Universidad Johns Hopkins continúan evidenciando el movimiento ascendente en la numeralia que retrata la realidad de la pandemia de coronavirus en México. Ya son más de 71 mil mexicanos muertos que se contabilizan oficialmente en el territorio nacional, y aún no sucede nada que nos haga pensar que se está preparando una nueva estrategia para detener esta dramática realidad y hacer frente a una inevitable segunda ola de un virus que promete ser mucho más agresivo y letal.
Las condiciones estarán dadas para que el COVID-19 impacte por segunda ocasión un territorio que ni siquiera ha logrado controlar e iniciar un descenso en sus gráficas de contagios y decesos, desde el pasado 27 de febrero, cuando se reportó de manera oficial el primer caso positivo de la enfermedad en nuestro país.
Europa sufre los efectos de una segunda ola de la pandemia. España parece haber sido el territorio que abrió la puerta a este nuevo embate. Desde el pasado 1 de septiembre se reportan números crecientes de casos positivos de COVID-19 y esto se constata en el documento: “Análisis y predicción del coronavirus para la UE-EFTA-Reino Unido y otros países”.
El Hospital Universitario de Barcelona y la Universidad Politécnica de Cataluña fueron las primeras instituciones en lanzar una alerta a la Unión Europea sobre un rebrote de casos positivos en la población joven y el potencial origen sería el efecto de relajación en las medidas sanitarias y la apertura indiscriminada de antros, bares y restaurantes.
Dados los altos niveles de movilidad al interior de España y de otros países de la Unión Europea, los científicos del viejo continente advierten que de no implementarse medidas “drásticas” de contención, la segunda ola podría significar vivir nuevamente escenarios como los de marzo pasado, cuando la propagación de la enfermedad registró momentos de descontrol total.
LA SEGUNDA OLA
En esta dramática realidad que pareciera una película de terror adelantada para los mexicanos, el segundo ataque reporta mil 400 casos positivos en 24 horas solamente en territorio español.
En esfuerzos desesperados por no hundirse nuevamente en una crisis peor que la primera, el gobierno de España ha lanzado el Código Fuente Radar COVID, una aplicación diseñada para que desde los teléfonos celulares los ciudadanos reporten casos sospechosos o confirmados de la enfermedad para que las autoridades sanitarias puedan ubicarlos, aislarlos y tratarlos desde los primeros síntomas.
Sin embargo, la herramienta tecnológica no ha logrado la respuesta espera da dados los niveles de desconfianza de la población tras temer que se trate no de un apoyo, sino de un mecanismo de geolocalización y control de las sociedades.
Este es precisamente uno de los mayores dramas de esta segunda ola.
Los 29 millones de casos de contagios y 921 muertes en el planeta, sumado al desastroso manejo político de la pandemia, motiva y refuerza los enormes niveles de desconfianza entre las diferentes poblaciones en el mundo.
México no escapa a ninguna de estas conductas observadas en diferentes naciones. De hecho, vivimos un escenario aún más grave al llegar a los primeros seis meses de la pandemia sin siquiera haberla controlado.
Aunado a lo anterior, la necesidad de reactivar una economía agonizante y condenada a una muy larga recuperación ha obligado a las autoridades federales y estatales a autorizar la reapertura de distintos sectores, a fin de evitar una catástrofe social mayor.
Sin embargo, y a pesar de que los mexicanos tenemos la penosa ventaja de observar con relativa antelación los episodios de esa película de terror que se vive en el planeta, la desconfianza, la irresponsabilidad y la soberbia siguen siendo conductas vigentes que pronostican un grave escenario para nuestro país, incluso, más grave aún de lo que hemos tenido que vivir y sufrir.
Las más de 71 mil muertes oficiales, que rebasan por mucho los escenarios “catastróficos” del vocero, el subsecretario de Salud federal Hugo López- Gatell Ramírez, aún no son suficientes para dar un obligado y urgente viraje a una desastrosa política sanitaria en México.
Peor aún, el desprecio y la soberbia parecen envolver a las actuales autoridades del sector salud, cuando seis exsecretarios federales hicieron llegar un plan definido para contener y reducir los niveles de propagación en ocho semanas y con ello llegar en mejores condiciones a la multicitada segunda ola de contagios.
La respuesta de López-Gatell fue carente de cualquier señal de humildad y atención, abrazada de la burla y el sarcasmo, al afirmar que revisaría el documento para ver si encontraba una “fórmula mágica” viable para el futuro de los ciudadanos.
Inciertos, los próximos meses para el mundo; peor, el panorama para México cuando el desprecio, la soberbia y la ironía son los motores emocionales que mueven al responsable de las estrategias sanitarias para proteger a 125 millones de seres humanos en este país.
Urge que la comunidad científica seria y responsable de nuestro país y del mundo hablen públicamente con responsabilidad sobre el verdadero momento por que atraviesa nuestra especie.
Actualmente, las vacunas son un tema obligado e impuesto por los políticos, no por los científicos que trabajan a marchas forzadas para hacer “anuncios esperanzadores” pero lejanos, sobre la peligrosa rapidez con la que se trabaja en laboratorios del mundo para obtener una ansiada cura a un virus que, a decir de los propios especialistas, ni siquiera han logrado estudiar de manera eficaz.
La segunda ola del coronavirus no es un mito, al igual que ocurrió con la influenza en 2010, este episodio llegará con mucha más fuerza y es un derecho de la población mundial saber que, ante la ausencia de tratamientos, nuestra mejor oportunidad es la información certera, la responsabilidad individual y la humildad institucional, dados los resultados obtenidos hasta ahora.
“ISMA”
Toda pérdida siempre implica sensaciones de desconcierto, confusión y hasta enojo, pero cuando esa pérdida es y se sabe irreparable, entonces el dolor se hace presente y domina todas las emociones naturales. El viernes pasado, muchos perdimos a un gran amigo.
El maestro Ismael Ríos Delgadillo fue de esos seres humanos que tuvo la virtud de la amistad sincera, la observación aguda y el consejo desinteresado.
“Isma”, como muchos le decíamos con afecto y con respeto, sin duda alguna parte a un lugar mejor y aunque deja un luto incuestionable, recordarlo y pensarlo alegre, ocurrente y optimista, es mi deseo permanente ante esta partida dolorosa para quienes nos quedamos.
Descansa en paz y brilla intensamente, querido amigo.


