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La victoria sobre el resentimiento

Crónica Puebla por Crónica Puebla
29 noviembre, 2022
en Opinión
La victoria sobre el resentimiento

EFE

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La otra cara de la moneda

Antonio Peniche García

Nada en la Tierra consume a un hombre más rápidamente

que la pasión del resentimiento

Friedrich Nietzche

 

En nuestra sociedad, lo normal es sentirnos como sujetos separa­dos uno del otro. La conciencia primaria –o, dicho de otro modo, reptiliana de la humanidad– nos impulsó a vernos como sujetos distintos, vulnera­bles y mortales.

Cada quién entiende “su identidad” como algo sumamente personal.

La necesidad de autoconservación nos ha llevado a desarrollar necesida­des de opresión y represión hacia nues­tros semejantes. Muchas veces defendien­do identidades supuestamente “sacras”.

Esa sensación de falta de identidad nos puede llevar a entrar en un laberinto tor­tuoso y lleno de perversidad.

Basta voltear un poco a la historia y caeremos en cuenta que las peores ma­sacres y crímenes de la humanidad han estado basados en la defensa de identi­dades.

Si no han sido los griegos contra los otomanos, han sido los romanos contra los bárbaros. O los cristianos contra los judíos y musulmanes. O los que busca­ban crear una identidad aria, contra to­do lo que no lo fuera.

O los aztecas contra todos los pueblos que rodeaban al imperio, y, enseguida, la imposición de la cultura judeocristiana a través de los españoles a las culturas me­soamericanas.

O la guerra de independencia e identi­dad de la 13 colonias norteamericanas; o la batallas por la imposición de una iden­tidad borbónica contra una continuidad imperial en España; o la contienda entre católicos y protestantes en Francia, o en­tre anglicanos y católicos en Inglaterra. O entre la iglesia secular y la regular.

Se han llenado libros, bibliotecas, que documentan las atrocidades de la bús­queda de identidad. Igualmente, se han llenado campos, ciudades, culturas y na­ciones enteras de sangre, dolor y resen­timientos.

Hoy por hoy, en nuestro país y en mu­chos países del orbe vemos cómo se im­pulsa el resentimiento y odio hacia quie­nes no piensan igual. Estamos de cabe­za. La inconciencia e inconsistencia de nuestras almas se ha instalado en las tri­bunas y en las canchas. Y va ganando por goleada.

La coyuntura del Mundial de futbol en Catar me lleva a reflexionar sobre algu­nos temas de fondo que a simple vista pa­recieran superficiales.

¿Se han dado cuenta de cómo se en­cuentran conviviendo los mexicanos en Catar?

En alguna de las entrevistas que ha­cen las televisoras o algún medio impre­so, ¿alguien ha visto un esbozo de divi­sión entre “chairos y fifís”?

¿Por qué podemos estar tan unidos por una selección de futbol y no pode­mos unirnos para construir un proyec­to de nación?

Somos los mejores para hermanarnos en torno al “desmadre”; logramos sumar a gente de otros países, y nos ponemos a bailar de manera perfectamente sincroni­zada en las Fanfest de un Mundial, ¿pero no podemos desarrollar de manera con­sensada y sensata un plan para sacar a nuestro país del marasmo y estancamien­to en el que se encuentra?

¿Sólo sabemos gritar e identificarnos con nuestras raíces mexicanas cuando estamos fuera de nuestra patria?

¿Acaso harán una encuesta entre ellos si son “chairos o fifís” para determinar si le echan porras juntos a México?

¿Sólo sabemos dejar nuestras diferen­cias atrás cuando nos encontramos a otros hermanos que también portan la “verde”, sin importarnos si son del norte, del sur, de la costa o del altiplano?

¿Dejaremos algún día de ser “patriote­ros” y lograremos entender lo que verda­deramente significa ser patriotas y abra­zar la universalidad de ser mexicanos?

¿Por qué podemos ser tan universales en un evento de este tipo, donde la gen­te de otros países admira nuestra unidad y solidaridad con nuestra selección, y al mismo tiempo ser tan “poquiteros” en nuestra real concepción de nación?

¿Cuándo abrazaremos con ese mismo fervor en nuestro suelo al águila de nues­tra bandera? Entendiendo que al abra­zarla respetamos y entendemos nuestras raíces.

Al mismo tiempo, ¿cuándo compren­deremos la importancia de proyectar al mexicano del siglo XXI como un ciuda­dano del mundo que abraza y respeta las otras culturas por igual?

¿Cómo es posible que los mexicanos se­pamos unificar en torno a nosotros a ciu­dadanos de todo el mundo, sin importar idioma, color o religión, y esa gente ad­mire nuestro entusiasmo y hermandad? Pero nada más pisamos tierras aztecas y volvemos a ver con resentimiento y des­precio a aquél que no piensa o se viste co­mo nosotros.

Al final, el resentimiento no perjudica a la persona hacia quien dirigimos esos sentimientos. Nos perjudica a nosotros mismos. Es como si nos diésemos un ba­lazo en el pie. El resentimiento y el deseo de venganza vuelven muy miserables a las personas que se entregan a esos pue­riles deseos.

San Agustín lo expresó de manera ge­nial: “El resentimiento es como beber ve­neno y esperara a que la otra persona muera”.

Los mexicanos necesitamos entender que las manifestaciones de división y re­sentimiento que existen nos perjudican a nosotros mismos. Tenemos que construir una visión que esté más allá de una pers­pectiva egoísta y cortoplacista.

Creo que algo fundamental para em­pezar a cambiar nuestro futuro es dejar resentimientos a un lado y empezar a ser parte de la solución. Es esquizofrénico es­tar tratando de decodificar mensajes to­do el tiempo.

Sin embargo, para poder ver una luz al final del túnel, debemos cambiar en lo in­dividual. Y buscar ponernos de acuerdo. Primero en dejar de seguir abriendo grie­tas entre nosotros. Entre empresarios y sindicatos; entre pobres y ricos; entre los ciudadanos y los políticos.

Además de estar viviendo un nacio­nal-surrealismo, hemos entrado a una época llena de maniqueísmo. “Si no estas conmigo, estás contra mí”.

Es aberrante y desgastante para todos.

No existe en la vida ni el blanco puro ni el negro absoluto. Debemos de apren­der a salir de esa penumbra y buscar una luz digna e inteligente, que nos guíe ha­cia el plano de la construcción. Y no de la destrucción. Debemos darnos cuenta de la ficción en la que estamos viviendo. Ca­si todo es una farsa.

Si no entendemos que el verdadero cambio debe ser el personal, estamos des­tinados a seguir viviendo esa mentira… esa farsa de un sistema del que nos he­mos vuelto opresores y oprimidos. Llenos de resentimiento.

Tenemos que voltear más hacia el sen­tir. Porque solo sintiendo entenderemos al otro. Y debemos dejar de escuchar las ra­zones de un sistema putrefacto, odioso y manipulador.

Creo que un gran, gran ejemplo para los mexicanos se encuentra en un líder que supo unir; qué se percató del momen­to que le tocaría vivir; que, a pesar de in­justicias sufridas, supo mirar más allá de las agujetas de sus zapatos.

En algún momento decidió levantar la cara con humildad sincera y orgullo sere­no. Supo que se enfrentaba el gran reto de cimentar una nación con base en pilares diferentes a los que habían sostenido con anterioridad a su país.

Esta frase resume magistralmente el camino trascendente que decidió em­prender Nelson Mandela:

“Al salir por la puerta hacia mi liber­tad, supe que si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento seguiría siendo un prisionero”.

La actitud de ese hombre cambió su destino. Cambió el destino de una nación. Y cambió el destino del mundo. Mandela logró, sin duda alguna, proclamar una victoria sobre el resentimiento.

La moneda está en el aire… ¿Lograre­mos esa victoria los mexicanos algún día?

Etiquetas: identidadLa otra cara de la monedamexicanosMundial de FutbolQatarresentimientoSelección Nacionaluniónvictoria

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