Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava
Estamos iniciando las administraciones públicas municipales en todo el estado de Puebla y ya se han visto algunos cambios, unos favorables y otros nada favorables para la ciudadanía.
En el caso del municipio de Puebla, afortunadamente se está combatiendo la percepción de que esta ciudad histórica, relicario de América y patrimonio protegido por la Unesco, tenga el aspecto de un simple “queso gruyere”.
Basta recorrer la ciudad para notar que sus calles y avenidas, salvo aquellas con concreto hidráulico, parecen un campo de batalla, lo que representa una odisea para cualquier conductor.
Sin embargo, la postura del actual ayuntamiento al priorizar el bacheo, especialmente realizándolo por las noches, es digna de reconocimiento.
Finalmente, hubo voluntad y, más importante aún, sentido común, algo que muchas veces parece escasear en los gobiernos.
Este esfuerzo monumental podría mejorar significativamente la imagen de nuestro alicaído municipio.
No obstante, junto con esta buena noticia, surge un problema preocupante: desde el inicio de esta nueva administración, reportar luminarias en mal
estado se ha vuelto un desafío titánico. A pesar de los intentos por realizar la denuncia, los ciudadanos se encuentran con un sistema deficiente.
Según el personal encargado de recibir las quejas, los reportes se anotan en una libreta sin control ni seguimiento.
Como excusa, se argumenta que están “procesando el cambio de administración”, lo que significa que no hay registro formal, número de reporte ni garantía de atención.
En contraste, durante la administración anterior, una luminaria reportada solía repararse en un plazo de 48 horas.
Lo que más inquieta a la ciudadanía es que se ha reactivado el debate sobre la instalación de más parquímetros en la ciudad, como en los viejos tiempos del “neoliberalismo poblano”.
Ahora, se plantea colocar parquímetros en colonias como Gabriel Pastor y Huexotitla, tras el fracaso del proyecto en el Barrio de Santiago, donde las obras realizadas dejaron la zona inservible e intransitable.
Esta insistencia en los parquímetros genera una pregunta legítima: ¿realmente resolverán los problemas del municipio?
La instalación de parquímetros es claramente una política pública de derecha, pues beneficia a grandes empresas y corporaciones, muchas veces extranjeras, que reciben concesiones por varios años.
Estas empresas subcontratan otras para implementar software y tecnología, sin generar beneficios reales para los sectores más vulnerables, que son precisamente los que las políticas de izquierda deberían proteger.
A pesar del rechazo generalizado, la propuesta de los parquímetros persiste, generando problemas donde no los hay.
En contraste, soluciones sencillas como el bacheo nocturno o la sincronización de semáforos son medidas de sentido común que podrían resolver problemas de movilidad, reducir el desgaste vehicular, disminuir el consumo de combustible, aliviar el estrés de los conductores y bajar los niveles de contaminación.
El pueblo nunca exigió parquímetros, pero sí demanda soluciones efectivas y prácticas.


