Es relativo
Lic. Guillermo Pacheco Pulido
La historia la han escrito también caballos, perros y otros animales. Hay páginas que relatan actos de heroísmo como si fueran seres humanos.
Caballos como “El Siete Leguas” que en realidad era una yegua y “El Grano de Oro”, de Pancho Villa; el “Bucéfalo” de Alejandro Magno; “Palomo” de Simón Bolívar; Stratego, el caballo de Aníbal (Cartaginés),”El Cuaco” de Emiliano Zapata, entre otros, que no solamente estaban preparados para atacar, sino también para defender al jinete, como se relata en la historia.
El hombre en sus etapas primitivas casi les daba el carácter de dioses a los animales: al águila real, para los aztecas y otros pueblos se le veneraba por su gran fortaleza y dominio del cielo.
Otros eran venerados como el jaguar, el quetzal, la serpiente, el mono y la mariposa de obsidiana.
En el hinduismo la vaca es un animal sagrado por ser símbolo de la fecundidad y la maternidad.
Otros animales también se convirtieron en acompañantes de los seres humanos.
En este caminar encontramos la frase “El perro es el mejor amigo del hombre”, que ha persistido en el tiempo y el espacio, y que ha dejado gratos recuerdos, alegrías, recuerdos y tristezas por sus actuaciones con los seres humanos, al igual que los caballos.
El abogado y asesor presidencial en Estados Unidos fue el creador de ese dicho. Sucedió en un juicio ante los tribunales por la muerte de un “galgo”.
Un hombre llamado Charles Burden encontró a su perro muerto con señales de violencia y las evidencias señalaban que su vecino Leónidas Hornsby fue el asesino.
Enojado e indignado por la muerte del perro, decidió ir con las autoridades a levantar cargos.
George Graham Vest pronunció el siguiente discurso ante el Jurado del Tribunal de Warrensburg, Misuri durante el proceso judicial por homicidio de aquel galgo:
“Caballeros del Jurado:
El mejor amigo que un hombre puede tener podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Su propia hija o hijo, a quienes crió con amor y atenciones infinitas, pueden demostrarle ingratitud.
Aquellos que están más cerca de nuestro corazón, aquellos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores.
El dinero que un hombre pueda tener, también podría perderlo, volará en el momento en que más lo necesite.
La reputación de un hombre quedará sacrificada por un momento de locura o debilidad.
Las personas que están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos, serán las que arrojen la primera piedra creando el fracaso que nuble nuestro porvenir.
El único absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar es su perro.
Caballeros del Jurado: el perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y la enfermedad. Dormir en el frío piso donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo.
Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo. Si las desgracias dejan a su amo sin hogar y sin amigos, el confiado perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderlo contra todos sus enemigos.
Y cuando llega el último acto, y la muerte hace su aparición y el cuerpo es enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido, allí justo a la tumba, se quedará el noble animal, con la cabeza entre las patas, los ojos tristes pero abiertos, noble y sincero, más allá de la muerte”.
El asesino de su perro fue sancionado, tras el juicio.
El perro, el caballo y su “amo” serán siempre dos corazones con un mismo latido más allá de la dimensión humana.
La lealtad nunca será condicionada: Es un interesante debate decir que los animales tienen alma, que el animal piensa; lo malo es que el hombre le llama instinto.
Yo creo que aceptamos que el animal, tiene o siente dolor, que el animal ríe o expresa su estado de ánimo (alma) cuando se le acaricia o se le trata con cariño. (Movimiento animalista de Puebla).
La naturaleza requiere que a los animales les demos un trato respetuoso, o como dicen los abuelitos: trata a los demás cómo quieres que te traten a ti.
¡Hermano lobo!, decía San Francisco de Asís, al caso, algún día es importante conocer que hay un término histórico que en griego es kynikos (cínico) y significa “como un perro”.
Cínico no tiene en Grecia el significado que ahora se le da. El cínico vivía como un perro, es decir, en plena libertad. Entre los pobres se creó una escuela filosófica, “Los Cínicos” en la que destacó Diógenes de Sinofe, quien tenía y vivía con un desprecio absoluto a todo convencionalismo: vestía con harapos, dormía en un sarcófago, comía alimentos descompuestos, todo como si fuera un perro; creía en el poder de la virtud y de la sencillez extrema, una extrema virtud.
El filósofo Diógenes decía que “el objeto y fin que se propone la filosofía cínica… es la felicidad.
Esa felicidad consiste en vivir de conformidad con la naturaleza y no seguir la opinión de la multitud, en ser libre, independiente de todo, vivir relajado sin sumisión alguna y a nadie”.
Hay una frase de Alejandro Magno: “En verdad os digo, que si no fuera Alejandro querría ser Diógenes”.


