Por: Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Es relativo
Las más grandes lecciones de la historia son: nadie se preocupó por la historia y las ideas de todos los hombres y mujeres son siempre contemporáneas.
El hombre vale porque expresa y defiende sus ideas, sin limitación o miedo o nostalgia alguna
Por ello su verdad es comprendida porque su conciencia no fue doblada ni vendida. Su vida tiene el valor de una cátedra inmortal.
Enseña con sabiduría los caminos de la pluralidad y la tolerancia con los senderos del respeto.
Su palabra, su pensamiento y su pluma tomaron el camino de la verticalidad, por ello permanece en el recuerdo fraternal de la historia.
José Nemesio García Naranjo es autor de una magnífica obra literaria. Son relevantes sus comentarios respecto de su posición ideológica y la explica en los 10 tomos de sus memorias.
Formó el famosísimo “Cuadrilátero” integrado por José María Lozano, Querido Moheno y Francisco M. Olaguídel (algunos letrados señalan que estuvo en este grupo el abogado Víctor Velázquez), grupo de oradores y magníficos juristas.
José Nemesio García Naranjo fue también respetado periodista, escritor, poeta, catedrático, historiador, político, servidor público como secretario de Relaciones Exteriores y Educación Pública.
Se reconoce que, por encima de sus respetuosas concepciones políticas, es un destacadísimo mexicano hombre de cultura.
Los 10 tomos de sus memorias constituyen una aportación al estudio de la historia y a la cultura mexicana desde fines del porfiriato hasta los años 30 del siglo pasado.
Una importante consulta para conocer a fondo a este gran intelectual mexicano es el Diccionario de Escritores Mexicanos del siglo XX. Profesores de la Escuela Nacional Preparatoria, y de la Universidad sobre la Historia de México.
De entre su caudal de trabajos culturales, amplísimo, hoy publicamos el qué intituló: “El símbolo de un nopal”, que leyó en la ciudad de Nueva York en octubre de 1930.
El NOPAL es emblemático de México porque es agresivo, viril, hermoso y se sostiene con heroísmo ejemplar: no ha menester de la caricia de los manantiales para germinar; no requiere el castigo encantado de la poda para crecer; no necesita el esmero cuidadoso del hortelano para perpetuarse. Nace en regiones áridas y polvorientas en donde fracasarían los álamos, los pino y los fresnos; se desarrolla bajo las saetas de un sol quemante; se nutre frugalmente de las rocas y del aire; conserva su verdor eglógico a través de las cuatro estaciones; levanta sus pencas hostiles contra las inclemencias que lo rodean; y exprimiendo gota a gota a las peñas avaras que lo sustentan, sabe convertir los jugos que le dan vida en el almíbar de las tunas carmesíes que se ofrendan entre espinas como si quisieran significar el enorme sacrificio con que fueron elaboradas.
Como el nopal es nuestro pueblo. La historia no ha sido para México un himno sino una elegía. De otros países no ha recibido caricias sino zarpazos. Francia, que tan noblemente ha distribuido sus libertades en el mundo, a nosotros nos quiso encadenar con un imperio; los Estados Unidos, que tantas veces han demostrado su generosidad, a nosotros nos quitaron la mitad de nuestro territorio. Nuestro pasado se amasa con lágrimas y sangre, y México, rodeado de infortunios, ha clavado sus raíces en las peñas donde se quebrarían las hojas de acero de los arados; ha extraído miel hiblea de las rocas. Ha conservado en medio de las tragedias el color exultante de la esperanza inmortal; y en la frugalidad astringente de los desiertos, ha sabido cosechar las rosas fragantes y los frutos sazonados de una cultura superior.
Por esto has hecho bien, querido artista, en escoger la cáctea áspera como símbolo de tu existencia. Sigue considerando al nopal como linfa de Castalia, bandera de combate, mandamiento de una religión. Ninguna otra planta podría ofrecerte mejor modelo en esta gigantesca ciudad de indiferencia y de hierro. Desde un punto de vista espiritual, Nueva York es tan polvosa y acre como nuestras nopaleras. Aquí las palmas se marchitan y los laureles pierden su follaje. No basta tener color y perfume para triunfar: se hace necesario envolver el espíritu en espinas para sobreponerse al medio hostil y dominarlo. Hay que ser fuerte, agresivo y sobrio; en una palabra, hay que aprender a vivir en el desierto.
Consecuente con este símbolo, tu arte se encuentra erizado de púas. Sobre todos los personajes que tú modelas, clavas las espinas de tu sátira. Los tipos neoyorquinos –Babbitts inconscientes, irlandeses ortodoxos, negros de Harlem, judíos sórdidos del Bronx– parece que los esculpiste con la punta filosa de una daga. Allí tienes un Mussolini que es un muñeco; un Portes Gil que es de un globo; un Coolidge que recuerda a Cacaseno; a Hoover le suprimiste las narices, tal vez para significar que los jazmines y las rosas le son indiferentes…
Hay, sin embargo, un tipo contra el cual se estrellaron los dardos de tu sátira cruel, y es Jorge Clemenceau: nadie se puede reír de esta caricatura porque el tigre es inmenso y ante él se quiebran las espinas del nopal.
Tu ímpetu agresivo se ha abierto paso en este medio adverso; tus obras son admitidas en las exposiciones; han entrado hasta en el Museo Metropolitano y críticos prestigiados te han rendido elogios merecidos. Tu triunfo es como un pedazo de los triunfos de la patria. Este nopal, que se ha obstinado en crecer y perpetuarse en los páramos espirituales de Nueva York, no es sino uno de los muchos retoños de la cáctea gigantesca que emergiendo entre los dos océanos, extiende sus pencas erizadas de espinas y coronadas de tunas, desde Yucatán hasta California…
No todo es aspereza en el nopal, pues hay grana en las pencas agresivas, y hay miel en los frutos que simulan herir. Aparte de tus caricaturas implacables, tú modelas madonas llenas de gracia que hablan como arcángeles y parecen vestidas de firmamento.
Allí veo tres Reyes Magos, cuyas manos fueron hechas con pétalos de lirio y en cuyos ojos paternales hay resplandores de ofrenda. Y es que ningún fruto supera en agresividad a la tuna, pero ninguno tampoco le puede ganar en dulzura.
Has aprendido a trabajar como el nopal, sin ruido, sin ostentación, sin charlatanería exuberante, dispuesto siempre a resistir los rigores de la escasez y la frugalidad. Si viene el riego fecundante, bien venido sea; y si no viene, entonces se hace preciso vencer la naturaleza enemiga y sacar miel de los desiertos; eso es lo que ha hecho México y eso es también lo que están obligados a hacer todos sus hijos.
Sigue pues, querido artista, con esta plata heráldica, como orientación y como guía; ella te ha enseñado ya a ser sobrio, ágil y sobre todo a bastarte a ti mismo. Los espíritus superficiales la ven cubierta de espinas y huyen de ella en pos de rosales fragantes: esa es la gloria fácil que dura como las rosas de Malherbe, nada más una mañana. Sobre el nopal no se nos posan los ruiseñores ni los zentzontles a cantar romanzas de amor; tampoco lo envuelven con sus colores las parvadas traviesas de las mariposas; pero, en cambio, sobre las pencas bravías se suelen posar las águilas para estrangular serpientes.
Y como la vida del artista es una lucha perpetua, el nopal tiene que se la alegoría irreprochable de los cruzados de la belleza. Te ha enseñado mucho y te seguirá enseñando a ser orgulloso, impulsivo y tenaz. Cada vez que recibas un golpe y sufras un desencanto, acuérdate de la planta heroica y piensa que siempre se puede seguir hace adelante; siempre el empuje de las raíces puede romper la dureza de las rocas; siempre se puede sacar alimento del aire; siempre se puede prescindir de la voluptuosidad y del placer; siempre se puede incrustar en las llanuras más áridas y monótonas, el estremecimiento glorioso de la vida universal.
NOTA: El humanista respeta a todos los seres humanos, a sus ideales, a sus luchas, a su esfuerzo y a sus esperanzas.
Bajo este aspecto resulta muy interesante conocer por qué nuestro escudo nacional contiene la figura del nopal. Se dice que forma parte de nuestra identidad nacional, junto con el águila y la serpiente. Existe toda una gran cultura mexica al lado de estos símbolos. La diosa otomí Acpaxapa sólo aceptaba ofrendas de las flores del nopal.
Estamos permanentemente invitando a conocer, amar y vivir a México para fortalecer nuestra identidad nacional.


