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Robots vivos que se autorreplican

Crónica Puebla por Crónica Puebla
27 octubre, 2022
en Opinión
Robots vivos que se autorreplican
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Dr. José Manuel Nieto Jalil

Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

El futuro de la ciencia va de la mano con la tecnología, en el nombre de los avances y mejoras en los sistemas biológicos e informáticos, que cada vez más se juntan para dar lugar a ciencias y aplicaciones que tiempo atrás habrían parecido de fantasía.

Hace aproximadamente 12 años, cien­tíficos del Instituto de Tecnología de Ca­lifornia (Caltech) y las Universidades de Columbia y Arizona en Estados Unidos publicaron en la revista Science la crea­ción y la programación de robots mole­culares, en cuyos componentes se inser­tó ADN con la capacidad de caminar por una superficie, coger la carga que se le in­dica y soltarla en otro sitio designado, es decir, hacer tareas complejas a una esca­la microscópica.

Estos robots de ADN tienen varios blo­ques que pueden ser modificados para ha­cer tareas específicas. Los investigadores explicaron, en aquella ocasión, que es­tos nanobots están destinados, en ape­nas unos años, a revolucionar por com­pleto una multitud de áreas, desde la in­geniería industrial a la medicina.

Estos ingenios constituyen un paso de­cisivo hacia la construcción de legiones de microrrobots de ADN capaces de fa­bricar, en potencia, cualquier clase de dis­positivo, tanto eléctrico como mecánico y poder diseñar y fabricar nuevos mate­riales que hasta ahora sólo estaban en la imaginación de los científicos, ellos po­drán reparar o reconstruir materiales or­gánicos o inorgánicos por lo que podrían reconstruirse a sí mismos, o decidir si la célula que tienen enfrente es cancerosa y debe por tanto ser destruida. Las apli­caciones para esta clase de máquinas de ADN son infinitas y abarcan una gran multitud de campos. Todo depende de la programación que incorporen.

Los investigadores plantearon la posi­bilidad de que estos nanobots podrían uti­lizarse para construir auténticas factorías de compuestos químicos, liberar medica­mentos sólo cuando hay una señal con­creta en el torrente sanguíneo o ayudar a reciclar ciertas moléculas dentro de las células, proceso que tendrá utilidad en varias enfermedades.

Unos 10 años después, en enero de 2020, un equipo de investigadores de las universidades de Vermont y Tufts de Esta­dos Unidos anunciaba que había consegui­do crear un robot viviente, para ello los in­vestigadores emplearon células madre de embriones de ranas para crear una forma de vida completamente nueva. El resultado fue unas pequeñas máquinas vivas de ape­nas unos milímetros de longitud capaces de moverse, organizarse en enjambres, au­tocurarse e incluso tener cierta memoria.

Sus responsables los bautizaron como xenobots, por Xenopus laevis (la especie de anfibio africano de la que han obteni­do el material genético).

El diseño de los xenobots fue creado en una supercomputadora en la universidad de Vermont. El algoritmo programado creó miles de diseños posibles con el obje­tivo que pudieran diferentes tareas defi­nidas por los científicos, como la locomo­ción en una dirección. A medida que los programas se ejecutaban, impulsados por reglas básicas sobre lo que pueden hacer las células cardíacas y de la piel de la ra­na, los organismos simulados más exito­sos se mantuvieron y refinaron, mientras que los diseños fallidos se descartaron.

Después de 100 ejecuciones indepen­dientes del algoritmo, se seleccionaron los diseños más prometedores para la prue­ba. Primero recolectaron células madre, cosechadas de los embriones de las ranas africanas. Estas se separaron en células individuales. Después, usando unas pin­zas diminutas y un electrodo aún más pe­queño, las células se cortaron y unieron bajo un microscopio simulando los dise­ños del ordenador.

Ensambladas en formas corporales nunca vistas en la naturaleza, las células comenzaron a trabajar juntas. Las de la piel formaron una arquitectura más pa­siva, mientras que las del músculo cardía­co se pusieron a trabajar creando un mo­vimiento hacia adelante ordenado, según lo guiado por el diseño de la computado­ra, y ayudado por patrones espontáneos de autoorganización, lo que permitió que los robots se movieran por sí mismos.

Finalmente, los investigadores han da­do un paso más al asegurar que los xeno­bots son capaces de crear copias de sí mis­mos. Las conclusiones fueron publicadas en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Su trabajo consistió el hacer uso del al­goritmo en la cual programaron el mismo para encontrar una opción biológica en la que esos nuevos seres se movieran de la forma que predecía el programa. Tras se­manas buscando la mejor configuración, ensamblando distintos tipos de cientos de células simuladas, la super computadora llegó a la combinación adecuada: células del corazón y de la piel, ensambladas de una forma específica.

Las células del corazón actuaban a modo de motor de la vida y las células de la piel se encargaban de darle forma, una estructura, al cuerpo del xenobot. La ten­dencia de las células a unirse hizo el resto del trabajo. Los xenobots se movían tal y como había predicho el ordenador y con una ventaja impresionante, después de terminar su trabajo, unos días después, quedan convertidos en células muertas de piel, totalmente biodegradables. Pero los modelos se fueron refinando aún más.

Trabajos posteriores permitieron la creación de una segunda generación de xenobots que se recuperaba de una lesión en apenas unos minutos, incluso cuan­do casi eran cortados por la mitad. Final­mente, y lo más destacado, es que logra­ron obtener xenobots con capacidad de tener memoria.

En cuanto a las aplicaciones de estos pequeños xenobots, el equipo afirma que podrían usarse para adherirse a cables y cerrar posibles fugas o daños en circuitos; incluso, ser el futuro de la biomedicina; adicionalmente, por ser biodegradables y biocompatibles con capacidad de sobrevi­vir en agua dulce, podrían usarse para re­colectar microplásticos de vías fluviales, inspeccionar sistemas de raíces en gran­jas hidropónicas, limpiar sistemas de fil­tración de agua obstruidos o sistemas de alcantarillado.

A largo plazo, pueden hacer un trabajo útil dentro del cuerpo humano, si podemos aprender a fabricar biobots a partir de célu­las humanas. Finalmente, con el desarrollo de este ser vivo por medio de la inteligencia artificial, se están abriendo las puertas a la investigación científica y médica en aspec­tos como incrementar los periodos de ju­ventud y longevidad de los seres vivos, me­jorando de esta manera su salud.

Los resultados resultan alentadores, sin embargo, algunos científicos han aler­tado del riesgo que supondría que en el fu­turo estas nanomáquinas comenzaran a replicarse por sí solas y se convirtieran en un virus, capaz de devorar la materia de la vida y de la Tierra. Este es el escenario propuesto en la hipótesis de la plaga gris (grey goo, en inglés) se refiere a un hipo­tético del fin del mundo.

No obstante, antes esa posibilidad re­mota, desde 2004, la Royal Society publi­có un amplio informe sobre los riesgos so­ciales y ambientales de la nanotecnología y concluyó que los supuestos riesgos de la plaga gris eran tan lejanos en el tiem­po que no había necesidad de preocupar­se por ellos, primero debemos enfrentar­nos a otros problemas inmediatos, antes de que se alcance el nivel tecnológico su­ficiente como para tener que preocupar­se por una grey goo.

Etiquetas: bloquescienciacientíficosJosé Manuel Nieto Jalilrobots de ADNrobots vivostecnologia

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