Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava / parmenasradio.org
El mundo sufre mucho, no por la violencia
de las malas personas sino por el silencio de
las buenas personas
Napoleón Bonaparte
(1769-1821)
Lo que dice el epígrafe de estas líneas es del siglo XVIII y parece tan actual, como si se hubiera dicho ayer u hoy.
La indiferencia del mundo ante lo que le está sucediendo en Ucrania y a su población, que también sucede con los palestinos en medio oriente, pero sin tanta publicidad (por ahora) o lo mismo que sucede en tantas poblaciones desconocidas y casi sin nombre en África, o lo que sucede con los migrantes centroamericanos en su tránsito a Estados Unidos de América, incluso, en el país de Estados Unidos de América, lo mismo que sucede con millones en la India o en China, países en donde nadie sabe a ciencia cierta qué sucede.
Pero lo que sí es un hecho evidente es que este tipo de crímenes, genocidios, politicidios, se presentan, en gran parte, por el exceso de poder y de dinero, adicionado con la indiferencia de muchas personas.
Los casos emblemáticos que se pusieron a la luz pública respecto a la indiferencia es lo que resultó en la Alemania nazi, en donde la mayoría de la población, a sabiendas de lo que estaba sucediendo y padeciendo la población judía de ese mismo país, no se inmutó. Quizá algunos incluso ayudaron a cometer esos crímenes y otros, la gran mayoría, por temor o por simple displicencia cayeron en la indiferencia, en tanto no le toque a esa persona o a alguien de su familia no pasa nada.
El hiper-individualismo que se nos ha forjado a lo largo de décadas en el mundo es lo que ha provocado esa indiferencia con lo que sucede alrededor o con lo que le sucede a los demás, incluso, siendo vecinos, conocidos, amigos, cualquiera se aparta de los hechos y, por tanto, se hace indiferente.
Esto ya estaba en la mesa, sobre todo a mediados del siglo XX. Hay casos emblemáticos al respecto como los textos de Hannah Arendt, que en lo trágico de la “solución final” hace hincapié en que sucedió en tiempos del mundo moderno, por lo cual sostenía la escritora y filósofa alemana-judía que era latente el riesgo de que se pudieran presentar nuevamente los mismos hechos tan vergonzosos que se dieron con los judíos, a lo que le llamo “la banalidad del mal”, que implica caer en la indiferencia de calificar o delimitar que es lo bueno y que es lo malo, que es precisamente lo que está sucediendo con la población más cercana a Ucrania y con las naciones aledañas que, ante el temor, no participan en muchas actividades y, por otro lado, la población, que son la mayoría, en este caso de los países vecinos, prefieren no involucrarse, es decir, ver y asistir a la víctima o al ofendido.
Lo que está sucediendo ya es muy recurrente, y es una muestra de que los gobernantes no pueden permanentemente quedar en el poder, por ello es tan necesaria la democracia, aunque sea muy complicada.
No se pueden permitir gobiernos que se hayan perpetuado en sus cargos, pues esto lo que provoca es indiferencia en lo que sucede al rededor y se cuenta con el tiempo suficiente para atacar a la propia población indiferente. Es tanto tiempo en el poder que les da oportunidad para dedicarse a algo extravagante, como para poder justificarse por ellos mismos, y la muestra actual está en Rusia.
Es lo mismo que sucede con los extremadamente millonarios, llega un momento en que ya cuentan con excesivos recursos y, aún con más indiferencia hacia los demás que, por tanto, ya no se cuenta solamente con los recursos para satisfacer simplemente sus necesidades, sino emprender con esos excesos de dinero otras aventuras como son normalmente el corromper a los gobernantes, hacer uso de ese dinero para fines ilícitos, emprender negocios negros, por ello es que, si bien, ya se ha inventado la democracia, a pesar de todos sus males, para limitar al poder político, siguen existiendo ejemplos claros de la ausencia de democracia, particularmente del cambio en el poder, como Rusia, Corea del Norte, Venezuela, China, India, Cuba.
Por otro lado, no se ha inventando mucho para limitar ese mismo exceso de poder, pero del lado del dinero, es decir, de los extremadamente ricos, que les sucede lo mismo que a los que se perpetúan en el poder.
Hoy Ucrania, y otros territorios del mundo, abre el interés de buscar caminos, ideas, teorías, doctrinas, propuestas para evitar estos dos extremos: el poder concentrado en una sola persona o el dinero concentrado en una sola persona.


