Los tiempos cambian y las formas también, al menos en política.
Ya nada queda de las viejas prácticas, ni de las reglas no escritas para los momentos estelares y culminantes, como los que anteceden a la sucesión.
Durante décadas, en la época dorada del PRI dominante y todo poderoso, para los actores políticos esos días previos eran de angustia, de misterios y de cardiaca expectación.
Fue entonces que el eterno líder sindical Fidel Velázquez rubricaría la “forma y fondo” a la que aludía Jesús Reyes Heroles, en sus sabias definiciones del quehacer político.
Como advertencia a quienes aspiraban a un puesto de elección popular, la consigna del cetemista era clara e inobjetable: “El que se mueve no sale en la foto”.
Aquella fórmula –aplicada para el relevo en todos los niveles– fue efectiva en cuanto concedía al partido, operado veladamente desde Los Pinos, un amplio margen de maniobra y de negociación.
Era un modelo que exigía, ante todo, disciplina, inmovilidad y discreción.
Esperar “la señal” no era fácil. Muchos en ese trance quedaron truncos y otros en el olvido.
Tiempos idos que ya no aplican, no con el mismo rigor.
Mucho menos pueden ser válidos en una dinámica distinta como la que opera ahora Morena, por más que se parezca al PRI de ayer.
El partido ahora en el poder impone nuevas reglas. Nada es igual.
Ya no existen los “tapados”; ahora son “corcholatas”.
Los aspirantes ya no permanecen ocultos: tienen rostro, nombre y apellido.
No los delata el partido; es el presidente de la República quien abiertamente los señala. El mismo Andrés Manuel López Obrador ha dicho que él es el “destapador” y que su “corcholata” favorita será la que el pueblo quiera.
Ya no se sujetan al calendario electoral; dos años antes de los comicios, son expuestos, inducidos, encaminados.
Y ya nadie los obliga a dejar sus posiciones; desde ahí se promocionan, hacen proselitismo, acuden a todo tipo de eventos. Y hasta les exclaman: “¡Presidente!” o “¡Presidenta!”
Nuevas formas del juego político en la que los aspirantes están a la vista de todos, si bien se sabe que son tres los favoritos y los posibles: Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de Ciudad de México; Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; y Adán Augusto López, secretario de Gobernación.
También referidos: Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana; Tatiana Clouthier, secretaria de Economía; y Juan Ramón de la Fuente, embajador de México ante la Organización de las Naciones Unidas.
Se menciona también a Rocío Nahle, secretaria de Energía; Esteban Moctezuma, embajador de México en Estados Unidos; y Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política en el Senado.
Y uno más, agregado por propia cuenta y que ayuda para la anécdota: Gerardo Fernández Noroña, diputado federal por el Partido del Trabajo.
La batalla interna ya comenzó y su final parece impredecible.
¿Y en Puebla?
Algo similar veremos por parte de Morena en Puebla y eso parece sano, ante la calentura y la precipitación de algunos, o frente a la ceguera de otros más.
El banderazo lo dio el gobernador Miguel Barbosa el pasado lunes, al conminar que se pronuncien públicamente quienes tengan interés en participar como candidatos para el 2024.
En su caso, dijo que no hará referencias personales, ni tendrá favoritos, pero eso sí, pidió se jugara limpio y en el marco de la ley para que así, no se otorgue ventaja alguna a quienes ya se han adelantado.
A su convocatoria ya respondieron cuatro, aunque seguramente habrá muchos más.
Este martes, el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso local, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, anunció abiertamente su aspiración.
“He decidido pronunciarme en que buscaré la candidatura de mi partido para la gubernatura del estado de Puebla en el próximo 2024”, declaró.
Institucional, reconoció al mandatario estatal como “líder político” en la entidad y aseguró que respetará la ley electoral.
Ese mismo día, el senador Alejandro Armenta reconocería también su interés –que ya era muy notorio– y reveló que así lo había comentado ya con el propio gobernador.
Este miércoles, el exdiputado Gabriel Biestro Medinilla también alzó la mano y se dijo dispuesto a entrar a la puja por la gubernatura.
De los fundadores de Morena y promotor “desde abajo” de la 4T, al actual secretario del Trabajo le sobran razones y méritos. El gobernador Miguel Barbosa comentó que nadie puede regatearle su militancia, principios y congruencia política.
Ya por la noche de ayer mismo, para no quedar atrás, también el secretario de Educación Pública, Melitón Lozano, vía redes sociales, se sumó a los contendientes.
Dijo que la política “es pensamiento, definición y acción”. El exalcalde de Izúcar de Matamoros ya actuó.
La lista ahora es de cuatro –todos peso pesado–, pero por supuesto que hay más morenistas que tienen la mirada en Casa Aguayo.
Dos, al menos, difícilmente entrarán al juego: Ignacio Mier, ahora contenido ante acusaciones que podrían configurar delitos aun por aclarar, y Claudia Rivera, que persistente en llevar las contras y preferirá tomar su propia ruta.
¿Quiénes más por Morena?
¿El presidente del Tribunal Superior de Justicia, Héctor Sánchez Sánchez?
¿La secretaria de Economía, Olivia Salomón Vivaldo?
La convocatoria está abierta.
Son nuevos tiempos y nuevas formas.
Ahora el que no se mueva, no sale.


