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Los desafíos de Morena

Felipe Flores por Felipe Flores
3 agosto, 2022
en Soliloquio
Los desafíos de Morena

AGENCIA ENFOQUE

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Surgido como un movimiento so­cial en una coyuntura histórica propicia ante los abusos y excesos de los gobiernos del PRI y el PAN, Morena está muy lejos todavía –aun os­tentando el poder– de configurarse como un auténtico y poderoso partido político.

En plan propositivo se diría que está en vías de madurez, que en ese trance hay margen para errores y hasta excesos, que en el tránsito de concretar su consolida­ción en 2024 Morena tiene aún tiempo para enmendarse.

Ojalá que así fuera, por el bien de la vi­da política, por un necesario reacomodo de fuerzas competitivas y por abonar a una mayor y mejor democracia, pero tal parece que así no será.

En una ruta prospectiva, hoy es inima­ginable suponer lo que podría acontecer en los siguientes y no menos importan­tes episodios que Morena deberá afrontar, tras la sucia elección de sus consejerías durante el pasado fin de semana.

Ciertamente, tales sucesos no son el mejor referente, ni conceden posibilidad alguna para suponerle buenos augurios.

Pareciera entonces que las batallas por venir en su vida interna, seguirán dejan­do heridos en el camino.

En la agenda morenista figura todavía la declaratoria de validez de la elección congresista, para lo cual tendrá que re­solver un buen número de recursos im­pugnatorios. Del desarrollo y los resolu­tivos de este trance, que vendrán desde la cúpula, dependerá mucho el devenir. No todos quedarán conformes.

Resueltas las Consejerías, días después vendrá la elección definitiva de los cua­dros directivos en el país, proceso que pre­vé nuevas disputas.

Luego se designará al nuevo presiden­te nacional; otras escisiones.

Ya en la víspera de 2024 vendrá, na­da menos, la elección de candidatos; la marabunta.

A la presidencia de la República.

A los gobiernos estatales, incluyen­do Puebla.

A las senadurías.

A las diputaciones federales y estatales.

En todos los casos surgirán discrepan­cias, confrontaciones, traiciones, fuegos cruzados.

Muchos saltarán del barco.

No reconocer ni aprender la lección, tras los recientes disturbios, es tanto co­mo condenar a que se repitan.

Por las reacciones vistas, tal parece que nada grave ocurrió. Eso al menos lo insinúa el propio líder moral y fáctico del Movimiento de Regeneración Nacional.

Tras el vasto cochinero que incluyó robo y quema de urnas, descarados aca­rreos, compra de votos y perverso uso de programas sociales, el presidente Andrés

Manuel López Obrador se mostró más que complaciente.

“Fue una buena jornada democráti­ca”, dijo.

Y hasta felicitó a los organizadores, Mario Delgado y Citlalli Hernández.

Si acaso, López Obrador reconoció que hubo algunas conductas, como el acarreo e inducción al voto, pero minimizó al su­gerir que “son normales” y eso ocurrió “en muy pocas casillas”.

“No fue generalizado, pero hay que mejorar cada vez más estos procesos pa­ra que no haya violaciones”.

Un leve coscorrón para quienes inclu­so cometieron delitos.

Y hasta una advertencia, quizá, del ni­vel de solapamiento que pudiera conce­derse para futuros procesos selectivos, de adentro y de afuera.

Fueron pocas, aunque muy válidas, las voces discordantes, como la del sena­dor Ricardo Monreal, quien incluso con­sideró que Morena debería ofrecer una disculpa a sus militantes fundadores y a quienes participaron de buena fe en el proceso interno, por la forma en que se desarrollaron los comicios.

Ya identificado por no coincidir a cie­gas con los altos mandos, Monreal propo­ne hacer una reflexión ahora sobre el futu­ro de Morena. “No conviene enterrar sim­plemente el episodio e intentar que todo se borre con el trayecto de las horas. No.”

“Para mí no hay molestia, hay triste­za, porque no luchamos para eso, por­que nosotros fuimos víctimas de prácti­cas que siempre combatimos y no pode­mos admitir que se trasladen a Morena. No debemos admitir, por ningún motivo. Hay que luchar y hay que generar condi­ciones para recuperar el origen y la esen­cia de nuestro Movimiento”.

En ese mismo tono se ha expresado el di­putado federal poblano Alejandro Carbajal Hidalgo, quien coincidió en ofrecer discul­pas a la verdadera militancia de la izquier­da por permitir “el agandalle” en el proce­so de renovación de consejeros estatales.

A su juicio, fue evidente el acarreo de personas y la compra de votos por parte de quienes buscaron hacerse del control del partido, lo que provocó que los verda­deros militantes y simpatizantes se que­daron a un lado, sin oportunidad de for­mar parte del Consejo estatal.

Bueno, hasta el siempre fiel e incondi­cional a la 4T Gibrán Ramírez, uno de los fundadores, se enlistó entre los inconfor­mes y dispuestos a impugnar ante la au­toridad electoral.

El politólogo dijo que la elección interna “fue una competencia de quién defrauda más: el acarreo, la competencia, la compra del voto, son causales suficientes para que se anule y lo vamos a pelear jurídicamente”.

Desde luego que no habrá disculpa al­guna. El que ganó, ganó, así sea con las triquiñuelas que los morenistas auténti­cos tanto repudiaron.

Así el panorama, las aguas en More­na empezaron a enturbiarse. De no sere­narlas, el diluvio será incontrolable. Un tsunami.

Bien cabe ahora la convocatoria para avanzar con unidad en aras de mantener y hasta acrecentar el poder. El desafío lu­ce difícil, complejo, casi imposible.

Morena está ahora ante la oportuni­dad de acreditar que puede ser un parti­do de grandes ligas y, para ello, está obli­gado a recurrir a las finas armas que con­cede la buena política, que implica curar heridas, concertar y negociar.

De otro modo seguirá lejos, muy le­jos de configurarse como un auténtico, democrático y poderoso partido político.

Etiquetas: elecciones MorenaPuebla

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