Los hechos ocurridos este mismo fin de semana en Matamoros, Tamaulipas, son acaso una muestra de los niveles de violencia e impunidad que prevalecen en buena parte del país.
Pero también, incuestionablemente, son fiel reflejo de la pasividad e incompetencia de la estrategia del gobierno federal para contener a los grupos de la delincuencia organizada, que han venido actuando a sus anchas bajo el cobijo de la absurda política de “abrazos, no balazos”.
La noche de este viernes, en distintas zonas –incluyendo el centro de la ciudad y en plazas comerciales–, ocurrieron varios ataques y persecuciones por parte de civiles fuertemente armados contra elementos de la Policía Estatal y del Ejército Mexicano. El saldo preliminar es de tres oficiales heridos, bloqueos y quema de vehículos.
Las imágenes difundidas por redes sociales muestran parte de las refriegas, incluso al interior de una plaza, donde familias completas debieron arrojarse al suelo para evitar el alcance de las balas.
Hace una semana otra balacera en la vía pública de la misma ciudad fronteriza causó pánico entre la población. Al menos cuatro delincuentes perdieron la vida y otro tanto resultó herido.
¿Dónde está la autoridad?
¿Dónde la obligación del Estado de ofrecer seguridad y tranquilidad social?
¿Dónde la garantía de preservar el Estado de Derecho?
Tales incidentes, como otros que ocurren en otros frentes del mapa nacional, simplemente no están en la agenda de la 4T.
Es evidente que el presidente no sólo tiene otros datos, sino también otras preocupaciones.
Sus frentes de combate son otros.
Hoy dedica todo su tiempo, todas sus fuerzas y todo su discurso para otros enfrentamientos. Los de esta semana son patéticos, por decir lo menos.
El pasado jueves pasado, López Obrador reprochó que la Universidad Autónoma de México, para muchos un orgullo nacional, “se volvió individualista y defensora de proyectos neoliberales”.
Dijo que esa honorable institución, calificada como la segunda mejor en América Latina y una de las más prestigiadas del mundo, “ya no forma a profesionistas para servir al pueblo”.
El presidente se lamentó que la UNAM se haya “derechizado”, como sucedió en los últimos tiempos, y que necesita una “sacudida”, ya que “no ha estado a la altura de las circunstancias”.
La respuesta de la UNAM no se hizo esperar. Ya le contestaron para recordarle que su compromiso y solidaridad con México “son incuestionables”, y que siempre ha sido respetuosa de las ideologías de su comunidad y sus egresados.
A los calificativos de “individualista” y “defensora de proyectos neoliberales”, la casa de estudios respondió que tiene un “compromiso y solidaridad incuestionable con México”.
Y le replicaron también que en los espacios universitarios se privilegia siempre la libertad de cátedra “para formar ciudadanos íntegros, de pensamiento independiente, sin ideologías impuestas y comprometidos con la búsqueda de un país más justo, libre y con menor desigualdad… Así es y así ha servido la Universidad de la nación”.
Otra batalla absurda de AMLO en los días recientes fue contra la Organización de las Naciones Unidas, porque no ha otorgado su aval para la aplicación de las vacunas rusa y china Sputnik V y CanSino, respectivamente.
El director del organismo internacional, Tedros Adhanom, también respondió con prontitud a sus quejas. Le dijo que si tenía alguna duda, que mande a sus expertos (¿¡López-Gatell!?), ya que ambas marcas de vacunas no han acreditado todavía los protocolos que exige la Organización Mundial de la Salud.
Uno y otro tema no son aislados; configuran el expediente de acciones fallidas. En ambos casos, las cifras de los recuentos hablan por sí solas.
Una en materia de seguridad pública: los homicidios se suman día con día y la delincuencia se mueve con impunidad, mientras que las fuerzas federales reparten gas, siembran árboles, construyen aeropuertos, ponen vacunas, reparten enseres y persiguen migrantes.
Otra en contra de la pandemia de la COVID-19: estamos en verde pero crecen los contagios y decesos, la vacunación es desigual y muchos –millones– tienen dosis no avaladas todavía por expertos internacionales.
Son otros los intereses de AMLO, otros sus frentes de batalla.


