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Tesoros intangibles

Crónica Puebla por Crónica Puebla
10 septiembre, 2022
en Cultura
Tesoros intangibles

Agencia Enfoque

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Mario Galeana

Parece contradictorio pensar en un tesoro que no puede ser tocado, pe­ro esas son justamente las prácticas, los saberes y las téc­nicas que son considerados Pa­trimonio Cultural Inmaterial.

Hace 19 años, la Convención de la Unesco hizo un decreto pa­ra preservar este tipo de tesoros. Al ser inmateriales son también más frágiles, pues el tiempo pue­de contribuir a su extinción.

En Puebla hay 11 tesoros vi­vos de esta clase; son danzas, técnicas, lenguas, ceremonias y costumbres que proporcio­nan a las comunidades un sen­timiento de identidad, favorecen el bienestar social y son, al mis­mo tiempo, saberes tradicionales que han sido preservados de ge­neración en generación.

LAS LENGUAS

El Ngiwa y tutunakú son dos lenguas indígenas que tienen un riesgo mediano y no inmediato de desaparición, respectivamente.

El Ngiwa tiene cuatro varian­tes lingüísticas y se habla solo en el estado de Puebla. Según la Encuesta Intercensal 2015 del Inegi, hace siete años había al menos 18 mil 2016 hablantes. También tiene una estrecha re­lación con la lengua Ngiba (cho­cholteco), que se habla en el esta­do de Oaxaca, y a pesar de que es una lengua indígena aparente­mente vital, necesita difusión au­diovisual y material lingüístico.

El tutunakú, mientras tanto, se habla en 37 municipios de la Sierra Norte Puebla y en 24 mu­nicipios de Veracruz. Es una len­gua que pertenece a la familia lingüística Totonaco-tepehua, de la cual existen siete variantes. La lengua totonaca se compone por los términos tu’tu o a’ktu’tu, referente al número “tres” y na­cu’ que significa “corazón”.

LOS TEXTILES Y LOS TEJIDOS

La tradición textil en Puebla, so­bre todo en regiones del norte del estado, también es considerada patrimonio cultural inmaterial.

El tejido en telar de cintura y telar de pedal con aplicación de bordado que se realiza en Hueya­pan, en la sierra nororiental, es también un tesoro porque es parte de la historia colectiva de la comu­nidad. Los rebozos, chales y joron­gos que elaboran son decorados con símbolos iconográficos anti­guos, como los árboles de la vida.

El principal riesgo de este pa­trimonio inmaterial es que no hay registro escrito de los sabe­res o los íconos que se bordan en las prendas, según el Sistema de Información Cultural del gobier­no federal.

Los textiles de lana en telar de pedal que se elaboran en Zacat­lán, Tetela de Ocampo y Hueya­pan también son patrimonio, pe­ro el riesgo radica en que existen muy pocos maestros artesanos y a los jóvenes no se les enseña es­ta técnica artesanal.

Para elaborar estos textiles, primero se realiza el trasquilado de borregos y la lana es cardada e hilada a mano. Para construir el telar se requiere atención y esfuerzo por parte del artesano, que hila con meticulosidad para formar cotones, gabanes y otras prendas con diseños de anima­les, herraduras, grecas, flores y sombreros.

En tanto, el bordado en pe­penado es común entre las co­munidades nahuas del estado de Puebla, sobre todo en San Mi­guel Tenango, una comunidad en Zacatlán.

El bordado en pepenado o hil­ván son tiras bordadas sobre el cuello o espalda de busas de tela de algodón; el nombre se refie­re a que, al momento de bordar la blusa, esta se frunce o pepena para luego jalar el hilo.

El principal riesgo de esta téc­nica artesanal, según el SIC, es que los bordados actualmente suelen ser elaborados con mate­riales sintéticos y la población jo­ven ya casi no usa la vestimenta tradicional.

En la última tradición tex­til que es considera patrimonio inmaterial se insertan las blu­sas bordadas de Necaxaltepetl, Ahuacatlán, Paptlazolco, Cua­cuila y Chachahuantla, que también se encuentran en la sie­rra norte.

Esta es parte de la indumen­taria indígena y las técnicas de elaboración, que consiste en la puntada de hilván, se transmi­ten de generación en genera­ción. Con la puntada de hilván se forman figuras sobre la super­ficie de la tela, que suelen ser ro­sas y claveles, perros y pájaros, o la Virgen de Guadalupe.

LA MÚSICA: LOS SONES DE COSTUMBRE

En Puebla hay por lo menos 36 municipios en donde se tocan so­nes de costumbre, que tienen su antecedente en las prácticas mu­sicales empleadas en los rituales prehispánicos vinculados con la siembra y cosecha del maíz.

Con la conquista, los mi­sioneros consideraron que es­ta música ayudaba a mantener las creencias y supersticiones de los pueblos prehispánicos y, pa­ra acabar con estas prácticas, in­culcaron formas europeas de en­señanza musical.

Esta combinación dio pie a que en regiones indígenas y co­munidades rurales mestizas sur­gieran variantes musicales que aún estaban ligadas a los ciclos ceremoniales vinculados con la producción agrícola.

Los sones de costumbres sue­len ser interpretados por el trío Huasteco, que se conforma de violín, la jarana y la huapangue­ra, pero también pueden incluir­se arpas, rabeles, jaranas, gui­tarras, flautas de carrizo, tam­bores, conchas de tortuga, tepo­naztlis y trompetas de caracol.

DANZAS, CEREMONIAS Y ESPECTÁCULOS

En la Mixteca, existe una manifes­tación cultural denominada ma­roma o circo campesino, que son presentaciones que solían hacer­se durante fiestas tradicionales de las comunidades indígenas.

Consistían en ocho o 12 per­sonas que realizaban números circenses, como caminar sobre alambras, girar sobre una barra metálica, hacer acrobacias en trapecios y, en general, núme­ros de alto riesgo de peligrosidad.

Según el SIC, estos espectácu­los fueron muy populares en mu­nicipios de la Mixteca de Puebla y Oaxaca durante el siglo XIX, y en la actualidad sólo hay un gru­po que está a punto de desapa­recer debido a que sólo está in­tegrado por personas mayores.

Hace 12 años, las autorida­des de cultura realizaron un en­cuentro de compañías de maro­meros en la comunidad de El Ro­sario Micaltepec, en Petlalcingo, y desde entonces advertían que los jóvenes no querían integrar­se a estas actividades y que tam­poco las autoridades locales in­centivaban el interés de las per­sonas por recrearlas.

La Danza de los Tecuanes de Acatlán de Osorio, también en la Mixteca, es otro patrimonio cultu­ral inmaterial. Se trata de danzas en las que participan hasta 40 per­sonas, en donde la figura principal es el tecuan, tecuani o tecua (ja­guar, “el devorador de hombres”).

Esta danza gira en torno a una leyenda en la que dos tribus se acu­saron mutuamente de dañar a su ganado, hasta que se dieron cuen­ta de que el responsable era un ja­guar. Entonces decidieron poner trampas en contra del animal.

Esa es precisamente la danza: una cacería, una persecución, un baile en el que se mezclan la naturaleza, dios, el diablo e in­cluso la magia.

La danza se presenta en Acat­lán el domingo previo al 24 de octubre, que es día de San Rafael Arcángel, el patrono principal de la comunidad. También se pre­senta el día 2 de noviembre en el panteón municipal de Acatlán.

La lista de patrimonio inma­terial la completan las ceremo­nias rituales del volador en mu­nicipios de la sierra norte, como Pahuatlán, Cuetzalan, Tenam­pulco, Huauchinango, Naupan y Honey

Para las autoridades es difí­cil determinar en dónde se ori­ginó, pero se tiene conocimien­to de que esta se remonta al año 600 antes de Cristo.

El ritual fue ampliamente di­fundido en Mesoamérica, pues sintetizaba el precepto filosófico del tiempo y el espacio. También se le asocia con la fertilidad, que está representada en el descenso de los danzantes, que simbolizan la caída de la lluvia.

Es, sobre todo, una danza en las alturas: a más de 20 metros, el caporal coordina el ritual ar­mado de un tambor y una flauta; los danzantes saltan al vacío, su­jetados por la cintura, y giran 13 veces cada uno de ellos, lo que multiplicado por los cuatro vola­dores da 52: el ciclo de 52 años del calendario indígena.

LA TALAVERA POBLANA

La cerámica de talavera es, como se sabe, el último de los tesoros intangibles de Puebla. Su decla­ración como patrimonio inmate­rial ocurrió en 2019 con el obje­tivo de preservar su técnica, que depende de los únicos nueve ta­lleres certificados oficialmente.

La fabricación de la talave­ra puede ser considerada una apuesta contra el tiempo: entre triturar el barro, moldearlo, con­vertirlo en cerámica, cocerla o dejarla secar por meses, decorar­la, hornearla de nuevo y final­mente venderla, hay un proceso irrepetible que dura demasiado tiempo en una época caracteri­zada por lo instantáneo.

La tradición comenzó duran­te el siglo XVI y sus técnicas, pro­cesos, herramientas y materiales han perdurado durante todo ese tiempo; los talleres y artesanos han salvaguardado las fórmu­las de preparación de esmaltes y óxidos, así como del decorado de piezas y formas únicas.

INVENTARIO

Danzas, ceremonias y rituales:

  1. Danza de los Tecuanes (Acatlán de Osorio)
  2. Ceremonia ritual del volcador en Pahuatlán, Cuetzalan, Tenampulco, Huauchinango, Naupan y Honey
  3. La maroma o circo campesino en la región mixteca

Textiles

  1. Textiles de lana en telar de pedal en Zacatlán, Tetela de Ocampo y Hueyapan
  2. Tejido en telar de cintura y telar de pedal con aplicación de bordado en Hueyapan
  3. Blusa bordada en Necaxaltepetl, Ahuacatlán, Papatlazolco, Cuacuila y Chachahuantla
  4. Bordado en pepenado en San Miguel Tenango

Sonidos

  1. Sones de costumbre (en municipios de la región de la Sierra Norte)

Lenguas

  1. Tutunakú (Sierra Norte)
  2. Ngixa (popoloca, Sierra Norte)

Cerámica

11. Talavera poblana

Etiquetas: cerámicaceremoniasdanzaslenguasPatrimonio Cultural InmaterialPueblatalaveratesoros intangiblesUnesco

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