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China Poblana maratonista

Antonio Zamora por Antonio Zamora
22 noviembre, 2020
en Deportes
China Poblana maratonista
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Luisa Julieta Escobar es esposa, madre de una niña, un niño y dos perrhijos, también doc­torando y docente, pe­ro cuando se pone sus tenis pa­ra correr se convierte en la China Poblana Corre con Causa, perso­naje con el cual ayuda a la fun­dación Camina Junto a Mí, que se encarga de auxiliar a niños que sufren Síndrome de West, padecimiento que tuvo su hija.

Con cinco años siendo trota­dora y más de 100 carreras en su haber, la China Poblana Con Causa ha pasado del dolor por la enfermedad de su pequeña y la depresión por una pérdida, a la alegría de un milagro y la satis­facción de ayudar haciendo lo que le gusta, además de mostrar orgullosa sus raíces.

 

EL RUNNING LA LLENÓ DE VIDA

La vida de Julieta tuvo un giro en 2015, cuando le diagnostica­ron a su pequeña el Síndrome de West, un mal que aqueja a una reducida porción de la población infantil en el mundo, con la que sufren continuos ataques de epi­lepsia que le van degradando sus capacidades motoras y genera un déficit cognitivo.

“En 2015 le detectaron a mi hija, a los ocho meses de edad, una enfermedad muy rara. Le detectaron síndrome de West, entonces empezó a perder mu­chos logros que ya había tenido como el sentarse, llorar, reír, se le olvidó todo eso, es una enfer­medad que se le llama ‘el peque­ño gran mal’, porque al peque­ñito lo va marchitando en vida, entonces mi esposo y yo la lle­vamos con diferentes médicos, yo dejé el trabajo, dejé todo para verla a ella”, recordó.

Con este diagnóstico comen­zó un viacrucis para ella y su es­poso, que la llevó a manejar al­tos niveles de estrés, los cuales comenzó a controlar mediante el running.

“Fue un giro de 360 grados, porque yo no corría nada, no ha­cía ejercicio tan fuerte como el

running, porque desde pequeña me diagnosticaron asma, enton­ces llevé una vida muy controla­da y nunca me atreví hasta que mi hija se enfermó y mi esposo me vio tan estresada que me dijo que hiciera algo que me relajara, entonces un día me salí como a las 6:00 de la mañana a correr con mi pug como loca y me em­pecé a llenar de vida, ahí enten­dí que debemos hacer cosas que te llenan, que a pesar de que es­tas viviendo un dolor muy fuer­te, tienes que hacer algo para ti, además siempre tuvimos la es­peranza de que mi hija iba a sa­lir adelante y mi esposo me de­cía que el día que Emilia saliera adelante yo iba a ser la que se iba a enfermar, porque estaba meti­da en mucho estrés”, comentó.

SÍNDROME DE WEST En 90% de los casos las crisis aparecen antes del primer año de edad, en 10% restante, antes del tercer mes.

CORRIÓ SU PRIMER MARATÓN POR EL MILAGRO

Del estrés por el duro momen­to que estaba viviendo, le llegó la motivación y con apenas un año de entrenamiento se lanzó a sus primeras pruebas de fondo.

La magia de su primera carre­ra la llevó a tomar sus pruebas como un sacrificio a cambio de recibir un milagro, en específi­co, el de la salud de su hija Emi­lia. Fue así que llegó la decisión de prepararse para correr el Ma­ratón de Puebla de 2016, el cual corrió con la imagen de su niña en el pecho y las piernas llenas de la energía, que ella le irradiaba por su favorable evolución.

“Más de un año seguimos con la enfermedad de nuestra hija y yo entrenando, un poquito antes logré el Medio Maratón de San Andrés Cholula que hacen por el Día de Padre y ese día me planté correr el Maratón de Puebla, que se hace en noviembre, y que to­do ese esfuerzo, todo el entreno y sacrifico fuera a favor de la salud de mi hija, le decía a Diosito que estaba haciendo un sacrificio y que me ayudara por favor a que mi hija sane, leí una historia por ahí que había un milagro de un paciente con Síndrome de West y entonces me aferre a que mi hi­ja podría ser una niña milagro”.

Los 42.195 kilómetros que re­corrió se convirtieron en una li­beración para ella, mientras que su llegada a la meta la transfor­maron en un momento familiar.

“La evolución que iba tenien­do mi hija me iba motivando a llegar al milagro, aunque la en­fermedad la tuvimos en secre­to mi esposo y yo porque la gen­te como que lo veía mal, enton­ces no queríamos que vieran feo a nuestra familia y queríamos ser dueños de nuestras decisio­nes, pero ya cuando estaba cer­ca el maratón no me pude quitar la espinita y lo abrí públicamen­te en Facebook, que iba a correr por la salud de mi hija y que es­peraba lograr mi primer mara­tón, el cual lo empecé con todo el nervio, pero ya cuando me falta­ban 100 metros para llegar a la meta, mi esposo y mi hija me es­peraron ahí y cruzamos juntos los tres”.

“A los 20 días después del ma­ratón tuvimos la consulta con el neurólogo y mis hermanas em­pezaron una campaña en re­des con la que a nivel nacional la gente empezó a mandar re­caditos con el hashtag #Estoy­ConEmilia, #ByeWest, nos llegó un sinfín de fotos pidiendo por mi hija, entonces fue de esas co­sas increíbles, y en esa consulta el doctor sin saber nada de esto, nos dijo: ‘Saben qué, Bye West es un milagro, su hija ya no tiene síndrome de West”, señaló.

 

DE LA DEPRESIÓN A SER CORREDORA CON CAUSA

Pero cuando parecía que todo sería color de rosa para la nueva maratonista, se le presentó otra desgracia.

“Cuando mi hija sanó me concentré en retomar la vida, buscar trabajo y demás, y tam­bién pensamos en un hermani­

to para Emilia, pero nos suce­dió otra situación complicada porque perdimos un bebé, son de esas cosas duras que pasas, ese tiempo estuve muy espan­tada, metida en mi dolor, pero el ver a mi hija sonreír, caminar, ir al kínder, me ayudó a levantar­me”, dijo.

Volvió a calzarse los tenis pa­ra tener una preparación exprés pensando en el Maratón de Ciu­dad de México, el cual marcó su primer evento con causa.

“Después de ese golpe tan fuerte, una sobrinita enfermó de un tumor y dije: ‘Mi bebé ya no está, pero puedo correr por ella’, y empecé no sólo a correr por mi hija sino por Valentina, otra chiquitina que es de la fa­milia, y así logré mi primer Ma­ratón de Ciudad de México, que como me acababa de levantar de cama después de esa pérdida, tuve poco tiempo para preparar­me desde cero, cuatro meses jus­titos, lo logramos y así fue cómo me surgió la espinita de correr por más niños”.

Fue entonces que inició su búsqueda para dar con alguna fundación que le permitiera co­laborar a través de sus kilóme­tros recorridos.

“Después de eso comencé a buscar una fundación que me permitiera acercarme a los pa­pás de los pequeñitos, pero no encontré una específica en Sín­drome de West, hasta que por Facebook no sé quién me eti­quetó y conocí a la Fundación Camina Junto a Mí, la chequé y me di cuenta que el hermano de la fundadora hizo un ultra ma­ratón en Europa para recaudar fondos, les empecé a escribir, pe­ro no me hacían caso, por lo que pensé que tenía que correr para llamar su atención, para que me conocieran, y fue así que pensé en correr vestida como la China Poblana”, indicó.


UN AÑO CORRIENDO COMO CHINA POBLANA

Así, creó el personaje que le ha brindado la oportunidad de ayu­dar, con el que se ha presentado a sus carreras desde 2019.

“Causó mucho impacto a la gente verme vestida de China Poblana con el número puesto, era una carrera Bimbo, la gen­te se acercó y me pedía fotos, me sentía rara, la gente empezaba a ubicarme y yo saqué mi pós­ter para que vieran mis motivos y que me buscaran en mi pági­na de Facebook para que cono­cieran nuestras causas. Así, des­pués de las primeras carreras, volví a escribirle a la fundación diciendo: ‘Soy la China Poblana que Corre por Causa’, y ahí me empezaron a contestar”.

Fue hasta ese momento que Julieta Escobar conoció a fondo

la realidad de la enfermedad en el país.

“Conocí a los integrantes de la fundación en una carrera en México, conocí a Sebas, el pe­queñito que es la inspiración de su mamá para crear la funda­ción. En realidad, son pocos los casos con Síndrome de West, pe­ro son más de 100 familias a ni­vel nacional, y unas 10 de Pue­bla, las que están inscritas en la fundación que es única en el país”, precisó.

A partir de eso, se comprome­tió a lograr una causa por año con el fin de apoyar.

“Cuando mi hija estaba enfer­ma yo decía: ‘¿por qué a mi hija?’ y lloré mil veces por pensar en la calidad de vida iba a llevar, pe­ro hoy entiendo el para qué nos pasó eso, porque hoy mi hija es mi inspiración para correr con causa, ahora con la fundación hemos trabajado varios propó­sitos, tengo una causa al año en donde yo corro una carrera muy larga y cada kilómetro tengo un monto en donativo para poder comprar sillas de ruedas especia­les para los niños con Síndrome de West, cada una cuesta 22 mil pesos, son caras porque las traen de Estados Unidos, este año no pudimos hacerlo, pero el pasa­do sí y les entregamos sus sillas a Eder y a Said”, dijo.

Pero su labor altruista no ter­mina ahí, ya que también se de­dica a acopiar donativos para poder comprar medicamentos.

“También hacemos recau­dación de medicamentos, ese lo hago una o dos veces al año, si la gente me empieza a entregar medicamentos va directo a la fundación. Tengo otra campaña en la que por un donativo se le entrega unos ositos de tela a las personas, así la gente va deposi­tando a la fundación”, apuntó.

 

CORRER COMO CHINA POBLANA, TODO UN ARTE

Y si el simple hecho de lograr un maratón es para destacar y reco­nocer, el hacerlo ataviada como China Poblana lo vuelve un arte.

“Cuando corro como China Poblana voy con la mejor acti­tud, me ha costado cómo mane­jar el traje porque pesa mucho, entonces tengo que hacer una zancada correcta para que vaya en equilibrio mi tren inferior con el superior, ese es mi mayor re­to, por eso recibo entrenamien­to para ayudarme y no lesionar­me sobre todo”.

“Mis tenis son normales, es­pecíficos para corredora, pero la falda es la tradicional con lente­juelas, que lo que hago es no per­mitir que se pise al frente, por eso trato que la fajilla quede apreta­dísima para que no se mueva y así no se me atore la lentejuela. La blusa la tengo muy estudia­da porque es con la que he co­rrido siempre, es la típica borda­da, y de tanto uso ya no me ro­za. Para prepararme como Chi­na Poblana me tengo que levan­tar muy temprano, mucho an­tes que cualquier corredor la ver­dad, y lo que hago en las carre­ras presenciales es irme medio lista y donde se queda el coche termino de arreglarme. El hecho de llevar el traje típico a la gen­te le emociona y estoy orgullo­sa porque es llevar mis raíces a otros lugares, cuando corro tra­to de sonreír, aunque esté can­sada y me esté muriendo siem­pre tengo una cara con una son­risa”, declaró.

CORRIÓ EL MARATÓN VIRTUAL DE NY CON CUBREBOCAS

Como en su momento se supo adaptar a las adversidades de la vida, ahora también se hizo par­te de la nueva normalidad para el atletismo, debido a la pande­mia, con carreras virtuales, mo­dalidad en la que ha participado en más de 50 pruebas, aunque ninguna tan demandante como el Maratón de Nueva York.

“Hace más de un mes hice el Maratón de Nueva York, no me fue tan bien como a mí me hu­biera gustado, fue muy fuerte porque yo no había corrido en la calle y aunque he estado en­trenando tuve que salir y correr­la con cubrebocas. Hice la dis­tancia en el Parque Metropoli­tano sola, sin familia, sin apoyo, cada ocho kilómetros regresaba al estacionamiento para abaste­cerme y regresaba, haciendo el mismo circuito cinco veces pa­ra completar los 42 kilómetros”, comentó.

Pensando en cuidarse a ella y a su familia, tomó la decisión de correr con cubrebocas, algo que mermó su rendimiento debido a que le restó oxigenación, aun­que todo esto le ayudó a su vez a conocer su nuevo límite.

“Primero usé un cubrebo­cas de tela que no me sirvió por­que se me bajaba, entonces usé el quirúrgico y las veces que re­gresaba al coche cambiaba uno nuevo porque cuando se moja pierde su utilidad. Empecé el ma­ratón como 6:20 de la mañana y me hice 5 horas 25 minutos, fue muchísimo tiempo, pero mi sueño era correr este maratón, aunque lo quería hacer en Nue­va York por la pandemia cam­biaron la modalidad, y me ins­cribí pensando que era como los demás, pero no permitieron ca­minadoras, tenía que ser un lu­gar con GPS y pues tuve que sa­lir, por eso el cubrebocas me res­tó oxigenación, la hidratación también me restó, además de una molestia en rodilla, pero to­do eso me sirvió para conocer un nuevo límite”.

“El correr como China Pobla­na me genera muchas emocio­nes, tengo el pasado muy fres­co para que me motive a futu­ro, cada que voy corriendo ten­go las imágenes plasmadas de los pequeñitos por los que estoy co­rriendo, la de mi hija sin duda, que ahora toca el violín, toma cursos a distancia de hawaia­no, de robótica, estuvo en gim­nasia, la verdad es una niña sor­prendente, yo me acuerdo de to­do lo que hemos pasado y lo que ha logrado y me motiva a seguir corriendo por más pequeñitos, y si la gente se emociona y salu­da yo también y hago que grite, la idea es llevar mucha energía, siempre corro con una sonrisa, quiero ser ejemplo para la socie­dad y las siguientes generacio­nes, quiero que un día mi hija di­ga: ‘Mi mamá corrió así por este motivo’, sueño con eso, que ella algún día siga esos pasos”, dijo.

 

Etiquetas: China PoblanaLuisa Julieta EscobarMa­ratón de Ciudad de MéxicoPueblarunningSíndrome de West

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