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El beisbol de ahora

Crónica Puebla por Crónica Puebla
25 octubre, 2020
en Deportes, Opinión
El beisbol de ahora
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Por: Daniel Aguilar/ Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2

Nunca olvidaré que un sábado por la tarde en el parque de los Hermanos Serdán, mi papá gritaba y hacía corajes luego de que el mánager emplumado Enrique “Che” Reyes mandaba un toque de bola sin out ¡Y con las bases llenas!

Era la jugada más extraña que había visto. No entendí por qué Edgar Vega se cuadró para un mal toque frente al lan­zador, pero eso sí, era una práctica muy común.

A la par, iba a entrenar beisbol bajo la tutela del mejor mánager infantil y ama­teur que ha visto Puebla. Antes de que iniciara la práctica de bateo, don Rafael Castelán nos hacía tomar una ronda de toques de bola y sí –como siempre en la vida– trataba de hacerlo de la forma en que lo ejecutaba Derek Jeter, con las ma­nos pegadas y no separadas.

“Pregúntale a tu papá”, ha sido una de las frases más comunes que escucho cuando hablo de pelota con alguien ma­yor que yo.

Entre esas charlas, mi amigo Raymun­do Calderón me mandó a preguntar por un mexicano que cuando venía de emer­gente lo metían para, precisamente, to­car la bola. Mi papá sin pensarlo respon­dió: “Jorge Orta”, lo recordó rápido y se emocionó platicando de “El Charolito”.

Hace años, tuve la oportunidad de ver junto a mi hermano una película beisbo­lera llamada “Mr. 3000”, con un guión bastante aceptable. Nos cuenta la histo­ria de un pelotero arrogante y soberbio (como muchos) que por un error al cap­turar sus estadísticas tiene que regresar al beisbol profesional. A pesar de todo lo que se viene para retomar su carrera, termi­na por entender de qué trata el juego y su último turno como profesional es un to­que de bola. No dice mucho el filme, pero hasta en el séptimo arte desapareció esta linda práctica.

Yo sé, y lo he manifestado cada año, que mi filme favorito de siempre será “Mo­neyball” (“Juego de la fortuna”) y lo que establece ahí va en contra de que lo que estoy añorando. “Sin toque”, se escucha decir a Brad Pitt e cuando explica cómo será el método del “Moneyball”, ya que estadísticamente los corredores que ini­cian entrada embasándose anotan en más ocasiones de primera a home, que de segunda al plato luego de un toque de sacrificio. “Sin robos” insiste el gerente a lo que Ray Durham cuestiona la orden ar­gumentando que para eso le pagan: “no, te pago por llegar a primera y anotar. No para que te saquen en segunda”.

Y sí, estoy totalmente de acuerdo, la estadística se vuelve cada vez más dura porque ¡Ya no existe ese beisbol!

Los Simpson, una de las series favori­tas de todos los tiempos, tienen su capítu­lo en homenaje a la película y lo que esta­blece la filosofía del “Moneyball”. Una sá­tira descarada del “Juego de la fortuna”, nos muestra a un Bart furioso por lo que su mánager y una computadora le han hecho al juego.

Él se pregunta: ¿dónde quedó el juego al que aprendió a amar con sus jugadas suicidas? “Sin robos, es estadísticamen­te imposible que lo logres” le gritan pre­vio a robarse el plato… No lo logra, pero la esencia del juego y lo que fue, está plas­mado perfecto en “MoneyBart”.

En el tercer juego de esta edición del Clásico de Otoño, vimos un robo de base y hasta un toque de bola, el mundo se sor­prendió. ¡Qué se suponía que estaba pa­sando! Algo en peligro de extinción apa­reció en un mundo que lo recuerda en ca­da jugada ilógica del nuevo beisbol.

Los mánagers de ahora me sorpren­den, aplaudo a los que son atrevidos co­mo el timonel de los Cerveceros, Craig Counsell, pero él luego ya cae en lo exage­rado. Me desespera lo tibio que puede ser Dave Roberts en decisiones de este calibre cuando él, siendo jugador, rompió la mal­dición más importante en la historia del beisbol, jugando pelota pequeña.

Habrá quien diga que se debe evolucio­nar, pero sigo creyendo que Aaron Boone entregó la serie frente a las Rays cuando bajó a Deivi García luego de haber lanza­do una entrada. Sé que ya pasó, pero co­mo esa estupidez he visto muchas que só­lo los mánagers de hoy entienden.

¡VIVA MÉXICO!

Hay quien dice que el peor enemigo de un mexicano es otro mexicano. En el beis­bol eso no existe. La pelota de este país es el deporte que más atletas exporta al ex­tranjero. Por año y por historia, ahí están los números.

“No importa si estaban pasando la te­lenovela del momento, si tiraba “El Toro”, Televisa metía la señal”, recuerdan mu­chos aficionados. No, no tuve el honor de ver lanzar a Fernando Valenzuela, es dis­tinto a mi época, pero me han contando tantas veces de él que el orgullo se conta­gia, lo mismo que hoy en día está hacien­do el culichi Julio Urías.

Creo firmemente que si algo nos apa­siona es conocer la historia que hay de­trás de nuestro ídolos deportivos. Esos monstruos que al estar en el terreno tie­nen nuestro respeto y admiración, pero también tienen una historia qué contar.

Si alguien conoce el ejemplo de vida que es Urías y no se emociona, esa perso­na no sabe nada de beisbol o simplemen­te tiene sentimientos ni entiende nada de la vida. El zurdo ha escalado al mejor beisbol del mundo de manera impresio­nante, lo rápido en que el lanzador llegó a la Gran Carpa ha deslumbrado a pro­pios y extraños.

Si pudiera existir un “pero” en la ca­rrera de Julio, sería el ser dirigido por el mánager más estúpido que he conocido (y que con todo, está a nada de ganar el Clásico de Otoño. Mismo que llegó, por la actuación del mexicano).

Lo mejor está por venir para Urías, pa­ra que todos nos tomemos un tiempo ca­da que le toque subirse a la lomita y un día contar: “que vimos lanzar al mexica­no que inmortalizó la frase: ‘Dios me dio un ojo izquierdo malo, pero un brazo iz­quierdo bueno’.

¡Viva México siempre!

Etiquetas: Aaron BoonebeisbolMoneyballUrías

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