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Richy Okunorobo, no tiene reproches para el futbol

Antonio Zamora por Antonio Zamora
25 octubre, 2020
en Deportes
Richy Okunorobo, no tiene reproches para el futbol
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Richard Okunorobo es un futbolista pobla­no de ascendencia nigeriana que a ba­se de esfuerzo e ím­petu se ha ganado un lugar en el futbol profesional, construyendo una carrera de ya 12 años de du­ración con altas y bajas, pero en la que lo único que no se puede reprochar es haber luchado pa­ra alcanzar su sueño.

Las calles de Bosques de San Sebastián fueron su primera cancha, pero hasta ahora se ha movido por nueve ciudades al­rededor del país e incluso el ex­tranjero con tal seguir pateando el balón, sobreponiéndose a todo tipo de obstáculos.

Con características físicas que difícilmente pasan desapercibi­das sobre el terreno de juego por su impactante estatura y pecu­liar look, Richy también tuvo que aprender a manejar comenta­rios con tintes racistas de rivales o afición contraria.

 

HIJO DE NIGERIANO Y POBLANA

Richard pertenece a la familia Okunorobo Islas que es enca­bezada por su madre, Clara Is­las, y su padre y homónimo Ri­chard Okunorobo, nacido en Ni­geria, pero que sus ganas de sa­lir adelante lo llevaron a varias partes del mundo hasta que llegó a Puebla y nunca se volvió a ir.

Son más de 45 años los que don Richard lleva en la Angeló­polis, luego de una etapa nóma­da que inició siendo un adoles­cente en la que pasó por Euro­pa, Estados Unidos hasta llegar a México, donde además de es­tablecer su familia se formó co­mo profesional y persona.

“Mi papá salió de su país ter­minando la prepa, en busca de mejores oportunidades de estu­diar, salió de Nigeria y se fue a Europa, que era el destino más cercano al que podía ir, ahí estu­vo un tiempo, se le venció el per­miso de trabajo y tuvo que salir, de ahí llegó a Estados Unidos y estuvo un tiempo trabajando y estudiando, pero también se le venció el permiso y tuvo que sa­lir, y así fue que llegó a México y en específico a Puebla”.

“Aquí empezó a estudiar y terminó la carrera de Quími­co Farmacobiólogo en la BUAP, conoció a mi mamá, ella es po­blana, se hicieron novios, se ca­saron y empezó a trabajar para una farmacéutica grande como Roche, en donde estuvo 30 años. Nos tuvieron a nosotros, mi her­mana primero, después yo y al último mi hermano, y mi papá se hizo más mexicano que na­da, lleva más de 45 años aquí en Puebla”, indicó.

SU MEJOR REGALO: UN BALÓN

Y justamente siguiendo a su pa­pá en sus juegos fue cómo em­pezó el enamoramiento de Richy por el futbol.

“Mi gusto por el futbol lo tu­ve desde muy chiquito, siempre me llamó la atención, mi papá lo jugaba, así que a mí siempre me gustó irlo ver jugar, me acuer­do que siempre me quería meter a jugar, él jugaba con veteranos y no me dejaban porque estaba chico, me decían que me iban a lastimar”, apuntó.

Esta influencia de su padre generó que de niño, el regalo que más le gustaba recibir era un balón o cualquier cosa rela­cionada con el futbol, pasión que compartió con su hermano me­nor Michel.

“En navidades y cumpleaños, a mi hermano y a mí nos regla­ban distintas cosas, pero ya sa­bían que a mí lo que me gustaba recibir era un balón o cosas pa­ra jugar, desde chiquito por la in­fluencia de mi papá me empezó a llamar mucho la atención el fut­bol”, recordó.

Las primeras canchas que lo vieron jugar fueron las de la Unidad Habitacional Bosques de San Sebastián, una colonia po­pular al nororiente de la capital poblana en donde vivía y en las que conoció el rigor, pero a su vez la magia del futbol de llano.

“En Bosques había muchos campos de tierra y había una es­cuelita de futbol de Atlas, nos

metió ahí mi papá de chiquitos a mi hermano y a mí. Después fui a la escuela de Chivas que es­tá por La Resurrección, que aho­ra se llama FC Los Ángeles, an­tes era Chivas Puebla”, señaló.

 

NUNCA PENSÓ EN SER JUGADOR PROFESIONAL

Si bien su gusto por el balompié fue incentivado por su padre, él mismo fue el que le aclaró que su prioridad debería ser el estudio, por lo que hasta la preparatoria solo vio en el deporte una forma de distraerse, nunca pensando en convertirlo en su profesión.

Fue hasta la etapa de univer­sidad en la que a Richard le llegó la tentación de llevar la práctica del futbol a otro nivel, y aceptó la invitación de un amigo para ir a probar suerte con el Real San Cosme, equipo de Tercera Divi­sión que tenía sede en San Cos­me Mazatecochco, en Tlaxcala, y así comenzó su camino en el ám­bito profesional.

“Yo siempre jugué en escue­litas, nunca pensé en jugarlo de manera profesional porque para mis papás era más importante la escuela, teníamos que estudiar y responder ahí, y después podía­mos hacer lo que quisiéramos, para los tres hermanos fue algo que nos impusieron, entonces yo estaba jugando en la universidad en UPAEP, hasta que cuando te­nía 19 años un amigo me invi­tó a unas pruebas en un equipo en Tlaxcala que se llamaba Real San Cosme y me quedé. En ese momento sentimos que ya éra­mos profesionales, obviamente lejos de la cúspide, pero fue algo muy padre”, señaló.

DE TERCERA DIVISIÓN AL MÁXIMO CIRCUITO

Era 2008 y la carrera en el fut­bol de Okunorobo empezó, aun­que la evolución no se dio con la velocidad que esperaba ya que tuvo que pasar por prácticamen­te todas las categorías del ba­lompié nacional, hasta llegar al máximo circuito casi diez años después.

Después de Tlaxcala, su si­guiente destino fue Lobos BUAP, equipo que posteriormente mar­có su vida deportiva, pero en el que tuvo que vivir un vaivén, te­niendo hasta tres regresos en di­ferentes etapas.

“En Tlaxcala estuve solamen­te un torneo porque de ahí me salió la opción de ir a la Segun­da de Lobos y así fue cómo em­pezó mi carrera profesional. En Lobos tuve como técnico al pro­fe Nacho Trejo, después a Car­los Poblete, estuve un año jugan­do y no regresé hasta cinco años después”.

“Después de Lobos se me dio la oportunidad de jugar en Arro­ceros en Segunda, me quedé un año y después regresé a Puebla, entré a una Segunda del Puebla, pero a unos días de empezar la temporada se deshizo el equipo, entonces mi tirada era ya seguir estudiando hasta que un amigo me contó que su hermano esta­ba jugando en Querétaro y dije que era la última oportunidad de seguir jugando, si no se daba me regresaba a Puebla a estudiar”.

“Me terminé quedando, no me pagaban, pero yo quería es­tar ahí entonces hablé con mi

papá y me ayudó para mante­nerme allá. Estuve dos años y me fue muy bien, estuve con el equi­po de Segunda y ya después en el primer equipo con técnicos co­mo Gustavo Matosas, José Car­dozo y Ángel Comizzo”, dijo.

Después de esa gran aventu­ra en Querétaro de nueva cuen­ta la posibilidad de retirarse se presentó, ya que una mala juga­da en Reynosa lo dejó sin equipo y volvió a la Angelópolis para, ahora sí, retomar sus estudios, pero quienes confiaron en él en Gallos lo llevaron a Ciudad del Carmen para jugar con Delfines.

“Después de Querétaro me re­gresé a Puebla, me hablaron de Reynosa para jugar en Segunda, armaron un equipo para ascen­der, nos prometieron muchas co­sas, pero en plena pretemporada no nos cumplieron, pensaba en ahora sí regresar a mi casa y re­tomar mis estudios, pero la gente de Querétaro inició un proyecto en Ciudad del Carmen y me lle­varon para subir al Ascenso MX y al final lo logramos”, agregó.

Tras cinco años afuera, el Ne­grito pudo volver a su ciudad y a su club en 2013, una chance que se dio sin buscarlo, porque en primera instancia su idea era permanecer un año más en Ciu­dad del Carmen, pero debido a su buen rendimiento, en Lobos BUAP lo convencieron de regre­sar y se quedó en la Jauría hasta 2018, aunque no sin antes sin vivir un semestre apartado por decisión de la dirección técnica.

“Después de que ascendimos con Delfines, ellos me dicen que quieren que siga para jugar en el Ascenso, entonces nos fuimos de vacaciones, yo regresé a Lobos para hablar con ellos y me deja­ran ir a préstamo, porque yo se­guía perteneciendo a ellos, pero cuando llegué me atendió Gusta­vo Moscoso, no me conocía, pe­ro ya tenía referencias mías y me convenció de quedarme, aunque yo al principio no quería”.

“Cuando regresé a Lobos fue cuando contrataron a Cuauh­témoc, se armó buen equipo y me quedé cinco años, aunque en 2016 me tocó salir seis meses porque no entré en planes de Ri­cardo Valiño, que era el técnico, pero regresé en 2017 y nos tocó vivir el ascenso y estar en Prime­ra División”, comentó.

 

“EL ASCENSO FUE ALGO INCREÍBLE”

Siendo uno de los tres poblanos que integraron el plantel de los licántropos que en 2017 ascen­dió, junto a César Cercado y Da­niel Tehuitzil, para Okunorobo fue una experiencia increíble, por el contexto que había entor­no al club con poca credibilidad de que pudiera jugar en algún momento en el máximo circuito y todo el revuelo que se generó en la ciudad.

“Fue algo bonito y difícil de expresar con palabras, porque sabíamos que había buenos equipos y era lo que siempre se había buscado, me acuerdo que nos metimos a la liguilla de últi­ma, el equipo no iba tan bien al principio, pero de medio torneo para adelante mejoramos y de ahí no perdimos ningún partido hasta el ascenso, fue padre por­que se logró algo que nadie es­peraba, pues en la ciudad siem­pre era Puebla y Puebla, y Lobos era el de abajo, el grupo que hi­cimos era extraordinario, una unión, compañerismo impre­sionante, todos jalábamos pa­ra todos lados, ya después que se logró pues ver todo el alboro­to que se armó en Puebla, hici­mos caravana y fue increíble, lo más importante para mí siem­pre será mi familia y el verlos así de contentos a mis papás, a mis hermanos también, pero mis papás en particular no cabían de felicidad por ver lo que logra­mos, fue lo que más me llena­ba, fue algo increíble”, recordó.

SUFRIDA ESTANCIA EN PRIMERA DIVISIÓN

El picar piedra por 10 años, bus­car la trascendencia en Tlaxca­la, en Cuautla, en Querétaro o en Ciudad del Carmen con tal de alcanzar el sueño de llegar a Primera División, tuvo su re­compensa en 2017 cuando Ri­chy ascendió con Lobos, pero la estancia en el máximo circuito no fue como esperaba.

“Después del título me quedé un torneo en Primera, la reali­dad es que tuve poca participa­ción, nos bajaban a jugar con la 20, estuve seis meses y me fui. Los pocos que nos quedamos del ascenso no tuvimos participa­ción, llegó mucha gente de ex­periencia y buena, entonces fue un poco sufrido porque siempre le apuntamos a lo más alto, se disfrutó mucho y se sufrió por­que lo que queremos es jugar arriba, tener participación y son cosas del futbol, cosas que pa­san”, comentó.

 

ILUSIONADO CON LA LIGA DE BALOMPIÉ MEXICANO

Tras su salida de Lobos, Richard mantuvo el ímpetu buscando un lugar dónde poder seguir ju­gando y en dos años tuvo cuatro mudanzas con tal de aferrarse al sueño de ser futbolista, sien­do Dorados de Sinaloa, Alebrijes de Oaxaca, Universitario de Pa­namá y Venados de Mérida, los equipos en los que jugó.

“Después de Lobos me tocó ir a Dorados a préstamo, nos fue bien, hicimos un torneazo, per­dimos en semifinales en con­tra de Cafetaleros. Después me voy a Alebrijes, estuve ahí un torneo, se supone que me iba a quedar en Dorados, pero por te­mas económicos estaba mejor Alebrijes y luego salió la opción de ir a Primera División en Pa­namá, fue algo nuevo para mí, un cambio complejo porque es­taba acostumbrado estar cerca relativamente de mi familia, fue una experiencia buena, el futbol muy diferente al de México, mu­cho más físico y rápido, quizá no técnico. Después de Panamá re­gresé a México, salió la opción de ir a Mérida y súper contento, sin duda ha sido una de las ciu­dades que más me ha gustado, una ciudad muy bonita, muy segura, volví a estar en México con mi familia que era lo más importante para mí”, señaló.

Pero debido a la desaparición del Ascenso MX, fue parte del grupo de futbolistas que se vio afectado ya que al inicio de este 2020 se quedó sin equipo.

“Después de Venados yo te­nía seis meses más de contra­to, se llegó a un acuerdo por­que hubo cambio de técnico e iban a llevar a otros jugadores, se atravesó la pandemia, yo me fui a Estados Unidos un rato y estando allá fue que se empezó a gestar lo de la nueva liga, vi que presentaron a Ricardo Carba­jal, hablé con él y la verdad es­toy contento a gusto con el pro­yecto, conozco al entrenador y su forma de trabajar, la verdad todo muy bien”, destacó.

 

SE SOBREPUSO AL RACISMO

Pero sus complejidades en el fut­bol no solo fueron para encon­trar el lugar dónde poder esta­blecerse, sino también el enfren­tarse al racismo y saber cómo so­breponerse a un fenómeno que casi es inherente al futbol en el mundo.

“Sí lo viví porque en el futbol es algo que se da mucho, antes del futbol en la escuela, de chi­quitos cuando te peleas, pero no es algo que me haya afecta­do, por el mismo futbol yo tengo compañeros que les digo y me di­cen de cariño negrito, como con Luis Advíncula o el Mozu Martí­nez, que los tuve de compañeros en Lobos”.

“Soy una persona de un ca­rácter fuerte que puede estallar rápido y la palabra no es el tema, si yo me doy cuenta que quie­res decirme algo para ofenderme así me digas tonto o baboso pues voy a responder, cuando me to­ca ir a otros estadios tu gente te quiere y te apoya, pero vas a otro lado con otra porra y se meten con todo, pero es algo que no me afecta”, agregó.

Con 32 años de edad y empe­zando una nueva aventura en la Liga de Balompié Mexicano con los Industriales de Naucal­pan, Richard Okunorobo Islas no se reprocha nada por la ca­rrera que ha hecho.

“La realidad es que todos qui­siéramos estar en la élite, cual­quiera daría todo por estar en América, Tigres, Monterrey o Cruz Azul, pero a veces así es el futbol, no todos pueden es­tar, hay jugadores que son muy buenos y no llegaron a nada, por mala suerte, dedicación o disciplina, pero yo volteo y es algo que no cambiaría por na­da, no puedo arrepentirme de lo que he hecho, me gustaría estar mucho más arriba, pero nunca me he guardado nada, la gen­te que me conoce, los entrena­dores, mis compañeros es algo que saben de mí, y la verdad es que estoy tranquilo con eso, con mi manera de ser y la forma en la que me he manejado en el fut­bol, he tratado de ser una perso­na derecha, creo que podrán de­cir lo que quieran de mí, pero co­mo persona siempre me he ma­nejado de la mejor manera por­que así me lo enseñaron mis pa­pás, claro que me gustaría es­tar arriba o en otros lados, pero también soy afortunado de estar donde estoy, porque muchos tie­nen las condiciones, pero no se les dio, entonces estoy contento, aunque no conforme con mi ca­rrera”, puntualizó.

Etiquetas: Angelópolisbosques de san sebastianQuími­co FarmacobiólogoRichard Okunorobo

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