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Roberto Morales

Crónica Puebla por Crónica Puebla
8 enero, 2022
en Deportes
Roberto Morales
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Por: Daniel Aguilar Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2

Hay muchas historias que contar cuando se trata de hablar de mi abuelo, en días recientes trascendió a la eternidad, se ha reunido con sus papás y, sobre todo, con su viejo amigo Aurelio López, El Buitre de Tecamachalco.

Hace unos meses dediqué este espacio con motivo del Día del Abuelo, hoy no en­cuentro mejor manera que honrar su me­moria hablando de la pelota. En el hospi­tal pude hablar con él por última vez y sus palabras fueron “¿cómo va el beis?”, faná­tico y con un sentimiento arraigado por los equipos locales. No importaba el uni­forme, si representaba a Puebla, él estaría ahí apoyando.

Recuerdo el campeonato de los Tigres, nunca simpaticé con ellos; nadie me va a venir a hablar del manejo de jugadores en­tre “equipos hermanos”. Aquel sexto jue­go en el Hermanos Serdán los felinos te­nían la ventaja en la serie frente a los Sa­raperos, mi papá compró boleto para mí, todos lo sabíamos: esa era la gran noche, los poderosos y mexicanísimos Tigres ya habían desplumado durante la tempo­rada a su hermano para tener un equipo contendiente.

En fin, no quise ir y le obsequié el bo­leto a mi abuelo. Tomé la mejor decisión, no era mi equipo y si alguien tenía que ver un título era él.

Sin embargo, siempre tuvo un lugar es­pecial en su corazón para los verdes, ca­da año me repetía la misma inquietan­te pregunta: “¿se van a llevar a los Peri­cos?”, los rumores de la venta de la nove­na verde son una tradición. Era aquel le­jano año 2000, cuando luego de la sequía sin pelota, la ciudad de Puebla volvía a ver los Pericos en acción en la Liga Mexicana de Beisbol. Íbamos a ver a esos empluma­dos, que no tenían muchas alas para vo­lar, pero eran nuestro equipo. Se enojaba ante los malos resultados y, evidentemen­te, los comparaba y añoraba aquellas no­venas que le tocó ver.

Tengo muy presente un triunfo de los Verdes por pizarra de 1-0 gracias a un cuadrangular de Lorenzo de la Cruz, él no paraba de decirme: “Está bueno el juego”.

De las pláticas que más he disfrutado ha sido sin duda sobre el título de 2016, porque ambos los esperábamos y se dio. Luego del título ante los Toros de Tijuana me comentó, a manera de broma: “Ahora sí ya se pueden llevar a los Pericos”.

MIS ANÉCDOTAS FAVORITAS

Sin duda, el viaje a Córdoba es la histo­ria que siempre me gusta escuchar desde la versión de mi abuela. Un amigo le que­dó mal a mi abuelo en su aventura de ir si­guiendo a su equipo en la postemporada, pero quien nunca lo dejó solo fue su fiel esposa, en un acto de amor, mi abuela lo acompañó y viajó hasta el Caníbal Park, como tuvo a bien bautizar Cananea Re­yes. “Nos aventaron de todo, aunque yo espero que sólo haya sido agua”, me con­taba siempre.

Y, sobre todo, los 18 años de mi ma­má. A unos 70 kilómetros de la capital poblana se encuentran los orígenes de mi abuelo, la tierra del primer poblano que logró lanzar en las Grandes Ligas. El Bui­tre de Tecamachalco es el culpable de que mi abuelo se ausentara de la fiesta de mi mamá. En la celebración, ella buscaba al hombre más importante de su vida, su señor padre, pero no lo encontraban. Mi abuelo estaba encerrado, viendo la Se­rie Mundial de 1984, donde los Tigres de Detroit se alzaban ante los Padres de San Diego. El resultado era lo de menos para él, ahí estaba su amigo, en la narración de Pedro El Mago Septién, que decía “las campanas de la Catedral de Puebla sue­nan, porque Aurelio viene al centro del diamante”. El oriundo de Tecamachalco conquistaba el Clásico de Otoño. Un mexi­cano más que lo lograba, El Buitre, el ami­go de mi abuelo.

Un día caminando por el Hermanos Serdán vi a mi padre responder una en­cuesta, le pregunté de qué era y me di­jo que era una votación para cambiar el nombre del estadio: dejarlo así o llamarlo Aurelio López. Volteamos y sabíamos que el poblano, justo en ese momento, había recibido un voto.

Etiquetas: Aurelio LópezEl Buitre de Tecamachalco.

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