En 1740, por petición expresa del Papa Clemente XII, el cabildo angelopolitano votó para convertir el beaterio de Santa Rosa en Convento.
Su cocina, forrada con más de 18 mil azulejos, fue un referente en todo el país, luego de que Sor Andrea de la Asunción elaborara en ella por primera vez un plato de mole poblano.
Es considerado uno de los sitios católicos de mayor relevancia de la época, a tal grado que el obispo Pantaleón Álvarez pidió que al morir enterraran su corazón ahí.


