Ya no fue la desvelada por la maqueta o el disfraz. O por el festival o la poesía o el fusil de cartón.
Todos los días, desde la última semana de marzo, hubo que duplicar la jornada en casa porque el salón de clases y las tareas se hicieron frente a una pantalla negra y un pupitre improvisado.
La emergencia del COVID-19 puso de cabeza las casas de estudiantes de educación básica.
Y la clase digital y desempolvar cómo se dividen los “quebrados” y cuál palabra es esdrújula trastocó la rutina.
Estos son algunos testimonios en el último día de clases.