Por: Jorge Alberto Calles Santillana
Agencia Ciudadana
Si bien el gobierno federal propuso incrementar en 4.1 por ciento el presupuesto en educación pública para el año próximo, el interés no se refleja de manera equitativa en todas las dimensiones del área. Así, por ejemplo, se observa un creciente desinterés por la formación de los docentes.
El presupuesto destinado a la Dirección General de Formación Continua de Maestros en Servicio es el más bajo en la última década. México destina actualmente el tres por ciento del PIB a la educación, lo que lo ubica por debajo del cinco por ciento, que es la media de los recursos asignados al rubro por los 38 países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
En el año 2014, la organización civil Mexicanos Primero lamentaba la reducción de recursos destinados a la formación de docentes de la educación pública en México. Ese año, según sus análisis, se destinaron 239 pesos por docente para mejorar la calidad docente. El año anterior, en 2013, esa cifra había sido de 374 pesos. En un año, el presupuesto se redujo en 36 por ciento.
Según la organización, en esos momentos, se deberían dedicar, al menos, mil pesos por docente para conseguir una formación adecuada. Interesantemente, en el año 2016 el gobierno destinó poco más de mil quinientos pesos por docente, para descender bruscamente los años posteriores. Enrique Peña Nieto cerró su sexenio con una aportación de 983 pesos por cada docente.
Es en la administración de López Obrador cuando se han realizado las reducciones más fuertes. Según reportes de Mexicanos Primero, elaborados con base en datos oficiales de la Secretaría de Educación Pública, en 2019, se presupuestaron 422 pesos por docente, lo que significó un decremento del 57 por ciento respecto del último año de Peña Nieto. Esta cifra cayó aún más en 2020; esta vez sólo se dedicaron 186 pesos por docente y para 2021, escasos 108 pesos.
El presupuesto para el 2022 contempla solamente 81 pesos por profesor. Es decir, el año que entra el programa de formación docente representará la quinta parte de lo que fue en el primer año de este sexenio y menos de la décima parte de lo que fue en el último año del sexenio peñista. Si dividimos esos 81 pesos por día, a los docentes les corresponderán 22 centavos diariamente en materia de capacitación y mejoramiento de calidad.
El asunto, por sí mismo, es preocupante. Pero lo es más si se observa que gran parte de este presupuesto se orientará a las becas Benito Juárez de niveles básico y medio superior. El programa recibirá 67 millones de pesos, 3.2 por ciento más que el año pasado. Para este gobierno es más importante entregar recursos económicos a los estudiantes que fomentar la calidad académica.
Esa política prefiere subsanar, de manera limitada, las carencias que caracterizan los estilos de vida de buena parte de los estudiantes de los niveles medios de las instituciones educativas públicas, al tiempo que descuida la mejoría de la calidad de la educación que reciben y que podría tener consecuencias positivas futuras en su andar por la vida.
Desde esta perspectiva surgen muchos asuntos que deberían ser materia de debate. ¿Por qué priorizar el presente y no el futuro de los jóvenes? ¿Qué destino dan los becarios a los recursos recibidos? ¿Qué beneficios obtienen?
Las consecuencias de estas decisiones presupuestarias resultan más preocupantes a la luz del análisis de los mejores sistemas educativos del mundo, entre los que destacan los de varios países asiáticos y en los que el canadiense es el único que califica en el continente americano. La alta calidad de los profesores, elegidos en varios de esos países a través de rigurosos métodos de selección, el aprendizaje transversal y el uso profuso de tecnologías de la información, son tres de las más importantes características de estos sistemas.
Desestimar la formación de los profesores significa empobrecer al sistema educativo. ¿Cómo podrán nuestros profesores estimular a los estudiantes, como sí ocurre en esos países, a procesos de auto aprendizaje mediante la realización de proyectos temáticos en equipo y basados en el uso de tecnologías de punta, sin capacitación? No olvidemos que la edad promedio de nuestros profesores los ubica como miembros de generaciones que fueron educadas mediante métodos tradicionales y que, además, no son nativos digitales.
Más allá de la retórica, proyecto que pretenda transformar de raíz a un país sin priorizar la educación, no es, simple y sencillamente, un verdadero proyecto considerado transformador.