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El sueño inalcanzable

Crónica Puebla por Crónica Puebla
23 junio, 2021
en Opinión
El sueño inalcanzable
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Por: Adolfo Flores Fragoso / [email protected]

 

Según Geoff Boyce, geógrafo del Earlham College de Indiana, los migrantes tienen una probabilidad mucho mayor de morir en el desierto de Sonora hoy, que hace 15 años.

De 220 muertes por cada 100 mil de­tenciones en 2016, las cifras han aumen­tado a 318 en 2020, revela un artículo recientemente publicado en la platafor­ma de Undark, organización sin fines de lucro que da seguimiento a estos casos.

Del total señalado el año pasado, 227 migrantes murieron tan sólo en la juris­dicción del condado de Pima, en el sur de Arizona, aunque los activistas sostienen que es probable que el número sea mucho mayor debido a la forma en que los cuer­pos desaparecen o son hallados sin iden­tificaciones en el desierto.

Hace casi un par de décadas recorrí aquellos puntos al sur de Pima.

La zona de montaña es entre templa­da y fría aunque larga y muy cansada pa­ra acceder. Es poco probable encontrar ca­dáveres ahí.

Por el contrario, la región baja y de pla­nicie, es extremadamente calurosa y, en consecuencia, cruce “fácil” y habitual pa­ra los inmigrantes.

Pero es una zona de muerte desqui­ciantemente calurosa, alimentada para esos infiernos por muchos muertos. Cien­tos, atrevo a asegurar.

Para dar una idea: camisas, blusas, za­patos, pantalones y galones plásticos sin agua quedan ahí cubriendo osamentas en desierto abierto, cual anuncios incla­sificables de que son migrantes que duer­men eternamente soñando con el sueño americano.

Según el reporte de Undark, cito:

“Una mañana de noviembre, Rebecca Fowler, gerente administrativa de Huma­ne Borders, se subió a un camión, armada con 53 barriles de agua. A ella se unieron dos voluntarios que llevaban en otro ve­hículo varias yardas de mangueras y ba­rriles azules de 55 galones, que la organi­zación compra con un descuento a cier­tas compañías de refrescos.

“Fowler transporta agua (en apoyo a mitigar la sed de inmigrantes) todos los viernes por la mañana a siete estacio­nes de la ruta estatal 286, que corre hacia el sur del estado de Arizona, desde Tucson hasta una ciudad fronteriza aislada lla­mada Sasabe. Cada semana, Fowler y sus voluntarios verifican que el agua sea po­table y abundante. Cambian barriles su­cios y toman nota de cualquier acto de vandalismo. (En el pasado, se encontra­ron algunos de los barriles del grupo con agujeros de bala o con los grifos arran­cados).

“Entre otros puntos, Fowler y su equi­po recopilan datos sobre el uso del agua, las huellas y la ropa que se encuentran cerca de sus sitios. Utilizando los datos de los médicos forenses del condado, tam­bién han creado un mapa interactivo de muertes de migrantes. Una búsqueda en su sitio web revela una gran extensión de puntos rojos en el suroeste de los Esta­dos Unidos, entre Phoenix y Tucson. Esto significa que la organización ha registra­do más de tres mil muertes en las últimas dos décadas.”

Una cifra que personalmente me pare­ce mínima, ante la dimensión real del te­rritorio y lo no investigado aún.

En sus años en el desierto, Fowler ha notado el mismo tipo de cambios adver­tidos en otras investigaciones. “Los mi­grantes han sido empujados (por la pa­trulla fronteriza y organizaciones antiin­migrantes) cada vez más hacia áreas más desoladas e implacables para que mue­ran”, asegura.

El desierto de Sonora, visto en perspec­tiva desde el lado estadounidense, es una mala suerte de basurero de cuerpos de as­pirantes anónimos, que sueñan con un inalcanzable sueño.

Y así la próxima temporada de calor en el desierto.

Etiquetas: Geoff Boycegeógrafo del Earlham College

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