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Entre trigo, molinos y casi beatos

Crónica Puebla por Crónica Puebla
31 agosto, 2022
en Opinión
Entre trigo, molinos y casi beatos
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Adolfo Flores Fragoso / [email protected]

Desde el año 1697, los Molinos de Amatlán fueron mencionados en los expedientes del Archivo Histórico del Municipio de Puebla (9/329), y a nombre de una tal familia Fraga casi una década posterior (manuscrito del Cabildo 11/237).

Pero eso, es historiografía para la fo­tografía.

La Puebla de los Ángeles obtuvo su primera ilusión como gran ciudad cuan­do descubrieron que el trigo sí “se logra­ba” en este valle, que no lo era del todo.

En lejanos campos, el territorio recién habitado era una resbaladilla de incli­nadas lomas en la parte del sur de la na­ciente Ciudad de los Ángeles –“el Sur ig­nora la mirada que adivina dónde ama­necerá mañana”, escribió Borges–, don­de también fue sembrado trigo. Sí: en las actuales Huexotitla y Prados de Agua Azul que por cierto, en este siglo XXI, son mingitorios públicos de clientes de la Calle 43, más en las madrugadas que en sus noches de aguas de parras, aque­llas que son puestas al toro que sí llega “al cite”.

Con el anterior párrafo (que la vid fue enraizada en nuestro angelical terreno) queda confirmado que los fundadores crearon tantas fantasías “como cúpu­las hay por cada día del año en esta ciu­dad”, según escribió un posterior cronis­ta imaginario hispano, cuyo texto trasla­daron a una leyenda que nada tiene que ver con la Cholula cercana.

Pero hay que coger al torero; no al toro.

*

Otros temas guardados en un tintero imaginario enriquecen nuestra historia, pero hoy, ¿quién escribe tan ‘vintage’ ro­deado de seres alados, o sin ellos?

Porque si sor Juana no se hubiera muerto…

*

Este escrito que observas fue reescri­to una tarde de tormenta.

Avecindados en una región urbana, somos consentidos por esas lluvias po­blanas destructivas, pero que apenas y “dilatan” veinte minutos.

Junto a un río que es paraíso de mos­cos, donde un chinaco sabe de la emo­ción emocionada ante el no silencio de una chinita.

*

En 1790 son nombrados en docu­mentos tres molinos en el hoy Mayoraz­go de San José: (San Cristóbal) Amatlán, el Batán (de Diego Furlong) y el molino de Enmedio (o de San Juan de Enmedio), según el expediente del Ayuntamiento número 128 de aquel año.

Molinos de trigo que despertaron co­dicia de propios y más cercanos. Familia­res, más que cercanos.

“Ciego que no ve, ordena. Y gana”, decía mi abuela.

Pero, ¿a qué vienen estas intimida­des históricas?

*

La independencia de la Nueva Espa­ña cae y cae y recae en Puebla.

En su obra “La Independencia en Puebla”, el Doctor Efraín Castro Mora­les comparte lo más cercano a aquella realidad.

Una edición rústica editada en cier­to sexenio poblano de los ochenta, con marco verde en la portada.

Un hecho que no es un dicho: lo vivi­do por “héroes”, traidores y lambiscones debe de estar escrito, no sólo dicho, como lo reitera Efraín.

Es lo que vale.

Una ciudad con manantiales, ríos, fértiles tierras, muchos molinos y más trigo, ceras, telas y jamones, y con ve­cinas poblaciones similares, fue una de las tantas razones para hacer partícipe a la Puebla en algunos movimientos in­surgentes.

*

Camino al Mayorazgo de San José –hoy 11 Sur– hay una calle paralela. La Nacional, creo que es nombrada.

Alguna vez rodeada de ríos, trigales, molinos y sacerdotes casi beatos, desde hace algunas décadas del siglo XX cam­bió de giro.

Una avenida que es abrevadero de golfistas de buena familia que reposan el baño y el vapor posterior a los 18 hoyos.

Uno de ellos es cierto motel: El Beato Carlo, entre otros.

Una alusión a la fertilidad de estas tie­rras poblanas.

Etiquetas: archivo historicoMolinos de AmatlánPuebla de los Ángeles

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