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Grietas en el Universo

Crónica Puebla por Crónica Puebla
29 septiembre, 2022
en Opinión
Grietas en el Universo

Pixabay

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Dr. José Manuel Nieto Jalil

Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

Hace unos 10 mil o 20 mil millones de años, una onda expansiva masiva permitió que toda la energía y materia conocidas del Universo (incluso el espacio y el tiempo) surgieran a partir de algún tipo de energía desconocido.

Las teorías aceptadas para explicar la forma­ción del Universo plantean que, en un instante (una trillonésima parte de un segundo) tras el Big Bang, el Universo se expandió con una velo­cidad incomprensible desde su origen del tama­ño de un guijarro a un alcance astronómico.

La expansión aparentemente ha continua­do, pero mucho más despacio, durante los si­guientes miles de millones de años. Los astró­nomos desconocen con exactitud la forma en que el Universo evolucionó tras el Big Bang.

Algunas teorías consideran que, a medida que acontecía el tiempo y la materia se enfria­ba, se formaron tipos de átomos más diversos y que estos finalmente se condensaron en las es­trellas y galaxias de nuestro Universo presente.

Según las nuevas teorías, el Universo pue­de haber sido creado a partir de unas cuerdas cósmicas: hilos invisibles más delgados que un átomo, horrendamente energéticos (la energía del Big Bang está en su interior) y desconcer­tantemente excéntricos en su comportamien­to. Los hilos estarían repartidos de modo dis­perso, como una madeja de hilo desenrollado a lo largo y ancho del cosmos y se moverían a una velocidad cercana a la luz.

Las cuerdas cósmicas son la más larga y po­siblemente la más vieja estructura del Univer­so conocido.

De acuerdo con la Teoría de Gran Unifica­ción (TGU), el diámetro de una cuerda cósmi­ca sería de tan sólo una trillonésima parte del tamaño del átomo de hidrógeno (si el átomo de hidrógeno fuera del tamaño del sol, el diámetro de la cuerda no alcanzaría el grosor de un pelo humano). En cambio, su longitud puede adoptar proporciones cósmicas.

Una cuerda de solamente seis kilómetros de largo tendría una masa igual a aproximada­mente la masa de la Tierra.

Los científicos especulan que en caso de que una cuerda cósmica alcanzara un planeta, al ser tan delgada, podría traspasarlo sin trope­zar con un solo núcleo atómico, pero su inten­so campo gravitatorio causaría el caos. Una cuerda cósmica es un defecto topológico, casi unidimensional, en el espacio.

Por el momento, las cuerdas cósmicas só­lo se conocen teóricamente; no hay observa­ciones que demuestren su existencia. Ahora bien, de las teorías sobre la evolución del Uni­verso se puede deducir, al menos, la posibilidad de que existan.

Las cuerdas cósmicas fueron propuestas por primera vez por el físico teórico Tom W. B. Kibble en 1976. Estaba reflexionando so­bre la primera fracción de segundo después del Big Bang, cuando el Universo experimen­tó una rápida expansión, y luego se enfrió rá­pidamente. Esto, sugirió, provocó un cambio de fase en los campos cuánticos, como la con­gelación del agua.

En un bloque de hielo, algunas regiones pueden congelarse con sus cristales en dife­rentes orientaciones, como las baldosas que se colocan simultáneamente en diferentes ex­tremos de una habitación. Donde se encuen­tran, no encajan sin problemas, lo que resul­ta en una grieta.

Del mismo modo, Kibble conjeturó que los cambios de fase cuántica en el Universo pri­mitivo habrían causado que los campos se ali­nearan en diferentes orientaciones, provocan­do grietas, las cuerdas cósmicas.

Hoy en día no hay evidencias observacio­nales de la existencia de las cuerdas cósmicas y uno de los métodos más prometedores de la detección de estos esquivos objetos es buscar la radiación gravitacional que deberían emitir.

La emisión de ondas gravitacionales es el principal método por el que las cuerdas cósmi­cas disipan energía. Cuando una cuerda cós­mica se cruza a sí misma, el lazo resultante se separa, formando un nuevo objeto.

Un estudio de investigadores del Departa­mento de Física de la Universidad McGill, en Montreal, que acaba de publicarse, plantea que el Universo en que vivimos podrá estar re­pleto de grietas espacio-temporales o cuerdas cósmicas.

Las cuerdas cósmicas, si es que realmen­te existen, se habrían formado muy poco des­pués del Big Bang, cuando el Universo empe­zaba ya a enfriarse y pasaba de ser una nube de plasma ardiente a algo más parecido a lo que vemos hoy.

De modo que las burbujas más frías se for­maron y se fueron extendiendo por el espacio hasta encontrarse con otras burbujas. Al fi­nal, todo el espacio hizo la misma transición y el viejo Universo desapareció. Sin embargo, el viejo estado de alta energía anterior podría haber sobrevivido en las zonas fronterizas de esas burbujas frías en expansión, dando lu­gar a grietas en la estructura misma del espa­cio-tiempo. Grietas que no permitieron que las burbujas encajaran a la perfección.

No hay una relación directa entre la teoría de las cuerdas cósmicas y la teoría de cuerdas. La palabra cuerda se usa en ambos casos co­mo analogía, pero de manera independiente.

No obstante, los trabajos sobre teoría de cuerdas en la década de 2000 han vuelto a re­novar el interés por las cuerdas cósmicas. Al­gunos físicos creen que sería posible, aún en la actualidad, encontrar evidencias de esos defectos de fábrica.

En la actualidad, la teoría más avanzada y mejor probada sobre las partículas que hay en el Universo y las fuerzas que las gobiernan es el Modelo Estándar, que incluye a todas las partí­culas fundamentales y a todas (que sepamos) las fuerzas de la Naturaleza.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los fí­sicos sabe que el Modelo Estándar resulta in­completo, ya que no nos dice nada sobre cues­tiones como la energía o la materia oscuras, ni tampoco resuelve el problema de la inexplica­ble ausencia de antimateria, por no hablar de la cuestión pendiente de la gravedad, la única de las cuatro fuerzas fundamentales conocidas que no ha podido ser cuantificada.

Actualmente muchos científicos buscan otras soluciones o extensiones del Modelo Es­tándar. La gran mayoría lleva de forma natu­ral a las cuerdas cósmicas nacidas justo des­pués de la inflación.

De modo que tenemos un objeto cuya exis­tencia está predicha por varios modelos. Si fi­nalmente ese objeto (las cuerdas cósmicas) no existe, todos esos modelos se descartarán.

Desde 2017 numerosos grupos de inves­tigadores han tratado de detectar cuerdas cósmicas en el fondo cósmico de microondas (CMB), aunque por ahora todos esos esfuerzos han sido en vano, la mejor oportunidad para conseguirlo sería utilizar una red neuronal, un poderoso software capaz de encontrar patrones que a los humanos se nos escapan.

Sin embargo, resulta casi imposible propor­cionar a la red neuronal datos lo suficiente­mente limpios como para que consiga detec­tar las cuerdas. De hecho, otras fuentes de mi­croondas más brillantes oscurecen el CMB y resultan muy difíciles de separar de los datos que revelarían la presencia de las tan desea­das estructuras. Aunque eso no significa que todo esté perdido.

Hoy en día aún no existen evidencias ob­servacionales de la existencia de las cuerdas cósmicas, y los datos de la radiación de fondo de microondas demuestran que de existir no serían abundantes. Unos de los métodos más prometedores para la detección de estos esqui­vos objetos es buscar la radiación gravitacional que deberían emitir. La emisión de ondas gra­vitacionales es el principal método por el que las cuerdas cósmicas disipan energía.

De hecho, existe un nuevo método, basado en la medición de la expansión del Universo en algunas de sus partes más antiguas.

El método, llamado mapeo de intensidad de 21 centímetros (porque el hidrógeno emi­te energía electromagnética con esa medida de longitud de onda), no consiste en estudiar los movimientos de galaxias individuales o en imágenes más o menos precisas del CMB, si­no que se basa en mediciones de la velocidad a la que los átomos de hidrógeno se alejan de la Tierra, en promedio, en todas las partes del es­pacio profundo.

Los mejores observatorios para el mapeo de 21 cm aún no están en línea. Pero cuando lle­guen, tendremos la posibilidad de conseguir evidencias más claras de cuerdas cósmicas y, a partir de ahí, la caza puede volver a empezar.

Etiquetas: astrónomosBig Bangevoluciónexpansiónuniverso

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