Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava
correo: [email protected] web: parmenasradio.org
Después de 112 años del inicio de la Revolución Mexicana, pareciera que a lo lejos han quedado esas generaciones de mexicanos que, por un lado, exigían mejores condiciones de vida. Del otro lado, los aprovechados de la ocasión, los que se acomodaron para obtener esos beneficios que nunca vieron los que lucharon por esos buenos ideales.
Lo que llamamos Revolución Mexicana
no es sino una construcción cultural
realizada por los ganadores de la larga
secuencia de guerras civiles
que vivimos entre 1910 y 1935.
…las huelgas de Cananea y Río Blanco,
a la revolución de Madero, al enfrentamiento
general contra Huerta y, finalmente, al cardenismo,
aunque eso obligaba a reducir la
importancia de los sonorenses,
magnificando las figuras de Villa y Zapata,
ambos víctimas de aquéllos
Macario Schettino
Pareciera que se ha reducido esa historia de México en museos, desfiles y nombres de muchas calles en todo el territorio nacional, de todos aquellos que lucharon en esos tiempos. Pero, con el devenir de las décadas, pareciera que los efectos y las consecuencias de ese movimiento armado, por cierto, el más sangriento, que generó más muertes en toda América (se calcula que murió más de un millón de personas) se ha agotado, se ha reducido simplemente a eso, a desfiles, museos, calles y avenidas haciendo alusión a la Revolución Mexicana.
Y es que, a más de un siglo de esos movimientos, las cosas pareciera que prácticamente han quedado en las mismas condiciones, como se encontraban anteriormente al movimiento armado.
Los reclamos en esos tiempos eran sobre la recuperación de las tierras perdidas por las haciendas, por los grandes terratenientes, que dejaron a los pueblos y a su población a su suerte, sin espacios para poder sembrar tierras, por lo menos indispensables para su subsistencia.
Basta con recordar que en aquellos tiempos Emiliano Zapata al reclamar al gobernador de Morelos la recuperación de tierras para la siembra, el mandatario sostuvo: “Siembren en macetas”.
Pareciera que todos esos reclamos en estos tiempos contra el poder económico y el poder político siguen vigentes, con otras realidades, pero siguen vigentes, con los cambios que sobre todo han representado los avances de la tecnología y la ciencia, particularmente, de la que corresponde a la tecnología de la información y la biotecnología.
Las tiendas de raya de esos tiempos, del inicio del siglo XX, son las instituciones financieras, esto es los bancos, que se han convertido en eso, que con la anuencia del poder político han permitido que esas instituciones hagan de cada cuentahabiente un cliente al que se le puede exigir cada día más, con las aspiraciones del consumo permanente, han causado que cualquier ciudadano se convierta en un deudor del sistema financiero.
Los nombres de los créditos es lo de menos, llámese hipoteca, préstamo por nómina, por tarjeta de crédito o como se le quiera llamar, en todos esos casos estamos ante la presencia de deudores por doquier; de no entrar en alguno de esos supuestos, hay otros consumidores, como es el caso de los usuarios de los envíos de dinero, pues México prácticamente depende de los recursos que provienen de los países del norte.
Y para variar, con la citada anuencia del legislador, resulta que aun hay otro reducto de ciudadanos deudores de los servicios bancarios, a esos denominados como “contribuyentes”, que para poder simplemente cumplir con sus obligaciones fiscales, deben de contar con cuentas bancarias y, por ende, se convierten en clientes de esas instituciones, lo cual implica que son deudores del sistema financiero, pues deben de pagar comisiones por apertura de cuentas, retiro de dinero, uso de la banca por Internet y hasta el número de pasos que se dan en el interior de las oficinas de los bancos.
Es una realidad que la explotación que había anteriormente con los propietarios de las tierras, ya no es así, ahora es con las instituciones bancarias. En esos tiempos revolucionarios, la anuencia era del poder político, lo mismo que sucede actualmente, pero lo que ha cambiado es el titular del poder económico. Por ello es que, aquella revolución que inició hace más de cien años se ha quedado en los museos, en los desfiles, en el nombre de las calles de nuestras ciudades.


