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Neutrinos: mensajeros cósmicos

Crónica Puebla por Crónica Puebla
10 noviembre, 2022
en Opinión
Neutrinos: mensajeros cósmicos

ESPECIAL

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Dr. José Manuel Nieto Jalil

Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur Tecnológico de Monterrey Campus Puebla

Los neutrinos son las partículas elementales subatómicas más livianas de la naturaleza, la porción más pequeña de la realidad y el objeto más difícil de estudiar en el mundo microscópico; son más pequeñas que un átomo, suponen un componente fundamental del Universo y atraviesan por trillones nuestro cuerpo y el resto del planeta Tierra cada segundo casi a la velocidad de la luz y sin que nos demos cuenta de ello.

La mayoría de los neutrinos que llegan a nuestro planeta proceden del Sol y sólo unos pocos, los de mayor energía, se ori­ginan más lejos, en otras estrellas y ga­laxias lejanas.

Tienen una masa muy, muy pequeña, un espín de un medio, y no tienen carga, por eso se llaman neutrinos: son neutros.

Con estas características es muy raro que interaccionen con la materia y por eso es complicado de encontrarlos, ya que atraviesan la materia igual que la luz atraviesa un cristal.

Casi todo lo que rodea a los neutrinos constituye un misterio, incluso su mis­ma existencia. En 1930, el físico austria­co Wolfgang Pauli la predijo para resol­ver el problema de la desintegración beta de los neutrones, un fenómeno radiacti­vo en el que un átomo inestable o un elec­trón o su antipartícula, un positrón y así poder compensar la aparente perdida de energía y momento lineal. Pauli esgri­mió una razón de mucho peso para afir­mar que los neutrinos tenían que existir; en caso de que no existieran se violaría la ley de conservación de la energía.

Esta partícula hipotéticamente pre­vista por Pauli debería no poseer masa, ni carga, ni interacción fuerte, por lo que no se podía detectar con los medios de la época. Durante 25 años, la idea de la exis­tencia de esta partícula sólo se estableció de forma teórica. De hecho, es muy pe­queña la posibilidad de que un neutrino interactúe con la materia ya que, según los cálculos de física cuántica, sería ne­cesario un bloque de plomo de una longi­tud de un año luz (9.5 billones de kilóme­tros) para detener la mitad de los neutri­nos que lo atravesaran.

No fue hasta 1956 que los norteame­ricanos Clyde Cowan y Frederick Reines demostraron su existencia experimen­talmente, finalmente, en 1962 los físicos norteamericanos Leon Max Lederman y Melvin Schwartz y el físico alemán Jack Steinberger mostraron que existía más de un tipo de neutrino al detectar por prime­ra vez al neutrino muónico.

Los neutrinos surgen en procesos nu­cleares: en el Big Bang, en los núcleos de las estrellas y también en los aceleradores de partículas. De las cuatro fuerzas fundamentales que existen en el uni­verso: electromagnética, gravitatoria, dé­bil y fuerte, los neutrinos solo se ven afec­tados por la gravitatoria de una manera pequeñísima y la débil. Al no tener carga no interaccionan con la fuerza electro­magnética y tampoco interaccionan con la fuerza fuerte.

Los fantasmales neutrinos son de tres tipos: electrónico cuando aparece con un electrón, muónico si se asocia a un muón o taónico si se relaciona con el taón (muón y taón son los nombres que reci­ben las partículas elementales parecidas al electrón y su denominación deriva en los nombres para los neutrinos). Aunque los tres son aparentemente diferentes se convierten espontáneamente uno en otro de manera oscilante cambiando de iden­tidad. Este peculiar comportamiento hi­zo pensar a los físicos que, después de to­do, tienen una masa.

En los últimos días han aparecido noti­cias de la medición de la masa de los neu­trinos. En efecto, los neutrinos no debe­rían tener masa, pero en 2001, dos de­tectores, Super-Kamiokande en Japón y el Observatorio de Neutrinos de Sudbury, demostraron que en realidad tienen una distinta de cero, un avance reconocido en 2015 con el Premio Nobel de Física.

Los experimentos han situado el límite superior de la masa en 2 eV. Pero ahora, los líderes del experimento Karlsruhe Tri­tium Neutrino o Katrin, famoso por las es­pectaculares fotografías cuando era tras­ladado en 2006 por la ciudad alemana de Eggenstein-Leopoldshafen, han dado a co­nocer nuevas mediciones que reducen el rango de masa en más de la mitad. En con­creto, disminuyen el límite superior de la masa del neutrino de 2 eV a 1 eV.

Aunque los neutrinos atraviesan la materia son terriblemente esquivos. Son partículas neutras sin carga e interac­túan con otra materia sólo a través de la llamada interacción débil, lo que significa que las oportunidades para detectarlos y medir su masa son raras y difíciles. Si re­llenara el sistema solar con plomo hasta cincuenta veces más allá de la órbita de Plutón, aproximadamente la mitad de los neutrinos emitidos por el Sol aún aban­donarían el sistema solar sin interactuar con ese plomo.

Por otro lado, los neutrinos que llegan a nuestro planeta proceden del Sol o de la atmósfera, pero unos pocos, los de altísi­ma energía, se originan mucho más le­jos. El 12 de julio de 2018, el experimento IceCube, un inmenso observatorio ente­rrado bajo el hielo de la Antártida, anun­ció la detección de uno de estos poderosos neutrinos inergalácticos y finalmente en estos días apareció la noticia que fue de­velado el origen de la misteriosa partícula fantasma hallada en la Antártida.

La partícula solitaria, conocida como IceCube-170922A, provenía de un bla­zar, uno de los fenómenos más violen­tos del Universo, denominado TXS 0506 + 056 y situado a unos 4 mil millones de años luz de distancia en la constelación de Orión.

Un blazar es una galaxia elíptica gi­gante con un enorme agujero negro su­permasivo que gira rápidamente en su núcleo. Emite desde sus polos dos gigan­tescos chorros de luz y partículas elemen­tales que van en direcciones opuestas. Uno de los chorros de este blazar en con­creto apunta directamente hacia la Tie­rra, lo que fue clave para desvelar el ori­gen del neutrino.

El hallazgo también permitió identifi­car la primera fuente de los rayos cósmi­cos, unos chorros de partículas de altísi­ma energía que bombardean continua­mente la Tierra y proponer en la revista Astronomy & Astrophysics que los neu­trinos podrían ser generados por una co­lisión cósmica entre el material inyecta­do. Esta colisión de material inyectado es actualmente el único mecanismo viable que puede explicar la detección de neu­trinos de esta fuente. Conocer la masa y las propiedades de los neutrinos de altísi­mas energías permitirá a los científicos responder preguntas fundamentales en cosmología, astrofísica y física de partícu­las, cómo evolucionó el Universo o qué fí­sica existe más allá del modelo estándar.

En los últimos días del mes pasado, un equipo internacional de científicos ha conseguido reunir nuevos datos sobre el núcleo energético de una galaxia activa a millones de años luz de distancia me­diante la detección de los neutrinos emi­tidos por ella.

En su artículo de Science, los investi­gadores explican cómo han descubierto que NGC 1068, también conocida como Messier 77, en la constelación de Cetus, a 47 millones de años luz de la Tierra, es un emisor de neutrinos de alta energía. Neutrinos que los científicos han podido observar gracias a uno de los mejores de­tectores de estas partículas que existe, el Observatorio de Neutrinos IceCube en la estación Amundsen-Scott, en la Antárti­da, donde trabajan más de 400 científi­cos de 58 instituciones de todo el mundo.

El logro de los científicos de IceCube es sólo el preludio de toda una serie de ha­llazgos futuros que mejorarán lo que sa­bemos sobre el Universo.

Etiquetas: físico austria­coJosé Manuel Nieto Jalilneutrinosrayos cósmi­cosuniversoWolfgang Pauli

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