Por: Víctor Reynoso/ Profesor de la UDLAP
¿Qué tienen en común el movimiento FRENAA y el presidente López Obrador? Más de una cosa, pero revisemos quizá la más importante: dan más relevancia a las personas que gobiernan que a las instituciones que enmarcan el gobierno.
FRENAA parece tener una sola demanda: que el presidente renuncie. Parte de la idea de que el problema es él, y que si renuncia (si pide licencia, sería el término jurídico) las cosas se resolverán. Es una visión un tanto simple, que no considera cuestiones como la composición de los poderes legislativos ni el entorno político del país.

Se habló solo de un país, México, y en la peculiar versión del país que tiene nuestro presidente. En la que destaca que su llegada a la presidencia en 2018 es tan trascendente como la Independencia, la Reforma liberal y la Revolución de 1910. Llamó la atención su referencia a los dos Benitos (Juárez y Mussolini).
Para algunos fue un lamentable lapsus, pues mencionar en estos tiempos de riesgos populistas y autoritarios al creador del fascismo, es una mala señal. Para otros no fue un lapsus, sino un mensaje consciente y deliberado. La distinción entre gobierno de personas y gobierno de instituciones (o de leyes) es tan vieja como el pensamiento occidental. La primera tiene su origen en Platón, la segunda en Aristóteles.
Dejemos de lado, por ahora, si tiene relación con la distinción entre izquierda y derecha, distinción que tardaría unos 22 siglos en aparecer en el pensamiento occidental. Ya no es habitual en el lenguaje político, pero a mediados del siglo pasado se utilizaba el término “oposición desleal” en las democracias.
Una oposición que utilizaba las instituciones democráticas para acceder al poder, pero que una vez en él las destruiría. Fue el caso del gemelo político de Mussolini, que llegó al poder en Alemania en 1933. Desde luego la distinción entre gobierno de personas y de instituciones es de énfasis. Todos los gobiernos son de personas. Pero el énfasis es muy importante.
Tiene que ver con la idea de democracia en Karl Popper: ¿cómo organizamos la política para que los malos gobernantes no hagan demasiado daño y para poder deshacernos de ellos sin derramamiento de sangre? Con instituciones democráticas. No fue el caso ni de Italia ni de Alemania a mediados del siglo pasado.


