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Prevención del lavado de dinero: ¿Estado débil, incompetente o criminal?

Crónica Puebla por Crónica Puebla
27 agosto, 2022
en Opinión
Prevención del lavado de dinero: ¿Estado débil, incompetente o criminal?

Cuartoscuro

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Rubén Salazar / Director de Etellekt

www.etellekt.com / [email protected] / @etellekt_

Si combatir las finanzas de los gru­pos delictivos ha sido la apuesta de los últimos gobiernos en México para ganarles la batalla, con inte­ligencia y menos uso de la violencia letal, no deja de ser una simple retórica. Escenas de violencia en la que civiles armados in­cendiaban vehículos y pequeñas tiendas de autoservicio en Baja California, Gua­najuato, Colima y Zacatecas, son fiel re­flejo de que a los delincuentes no se les ha tocado en lo más importante: el bolsillo.

Debido a ello, los grandes cárteles del narcotráfico han multiplicado sus capaci­dades operativas, a tal grado que pueden poner de cabeza a ciudades enteras las ve­ces que les plazca, haciendo gala no sólo de su equipamiento, armamento de punta y pie de fuerza, sino alardeando de algo más grave y deshonroso para el Estado mexica­no: la facilidad de sobornar y corromper a las policías locales y estatales, que no sólo se hacen de la vista gorda ante su presen­cia, les proveen protección y contrainteli­gencia con la que pueden burlar los opera­tivos de seguridad federales.

Del tamaño de los activos de los que dis­pone la delincuencia es la dimensión del fracaso de las instituciones de seguridad para hacerle frente y doblegarla, que se observa –descarnadamente– no sólo en los ataques recientes a la población civil en estas entidades (que el gobierno federal normalizó al calificarlos de eventos aisla­dos), se expone igualmente en los múlti­ples atentados de los que han sido objeto ediles, funcionarios, candidatos a puestos de elección y policías del ámbito munici­pal, por enfrentar al crimen o resistirse a sus presiones; en peores casos, por apoyar a grupos delictivos rivales.

En marzo de 2021, en una rueda de prensa, el general Glen VanHerck, coman­dante del Comando Norte de Estados Uni­dos (Northcom), confirmó que “hay áreas no gobernadas en un 30 ó 35%” del terri­torio mexicano, en las que la delincuen­cia se ha convertido de facto en un gobier­no alterno. Tienen capital de sobra para eso y más.

Nada les impide corromper autorida­des, cogobernar con ellas mediante la en­trega de jugosas recompensas o amenazar a otras. Lo que les permite a cambio acre­centar sus ganancias mediante la expan­sión de sus negocios ilegales, pero añadien­do también operaciones que les resultan más fructíferas, como la extorsión o el co­bro de derecho de piso a la ciudadanía. Un círculo vicioso en el cual transitamos a pa­sos acelerados de un Estado débil a un Es­tado criminal y corrupto.

El monopolio legítimo de la violencia en manos del Estado ha comenzado a desba­ratarse empezando por sus cimientos bá­sicos: el gobierno municipal, la esfera que más ha resentido los efectos de la entrópi­ca política de seguridad federal, en los últi­mos 16 años, centrada en un combate mi­litarista a la delincuencia, que ha dejado en segundo plano una de las intervencio­nes más efectivas: seguir la pista del dine­ro de los delincuentes (follow the money).

Y en el presente sexenio, la intercep­ción de operaciones de recursos de proce­dencia ilícita generados a través de activi­dades delictivas de fuero común (por ejem­plo, el fraude) u otros delitos sancionados por la Ley Federal de Delincuencia Organi­zada (como el narcotráfico, el terrorismo, el secuestro, la trata de personas, el acopio y tráfico de armas, la corrupción de meno­res, el contrabando, la defraudación fiscal –muy ligado a los delitos de corrupción por el que se encuentran presos infinidad de personas servidoras públicas–, el robo de hidrocarburos, el tráfico de vida silvestre o el propio lavado de dinero), al igual que en el pasado, va por mal camino, estrellándo­se con una pared llamada impunidad, pa­riente cercana de la corrupción política.

Para muestra basta un botón. El lunes pasado, agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Uni­dos (CBP) detuvieron en Texas a Yeishi Mo­riya Villaseñor, hija del alcalde de Tacám­baro, Michoacán, Artemio Moriya Sán­chez (militante de Morena), llevaba una cantidad aproximada de 248 mil 532 dó­lares americanos en efectivo, que no de­claró en la aduana (una parte escondida en los paneles de una de las puertas del ve­hículo en el que viajaba y otra pegada a su cintura), y dos pistolas, cuando intentaba cruzar la frontera de regreso a Laredo, Ta­maulipas. Fue acusada por el delito de la­vado de dinero e internada en una prisión del condado de Webb. ¿De haber cruzado a México habría tenido el mismo destino que en Texas?

Muy probablemente no. En marzo de 2021, la Fiscalía General de la Repúbli­ca (FGR) informó que de las 273 carpe­tas abiertas por el presunto delito de ope­raciones con recursos de procedencia ilíci­ta, derivadas de las denuncias interpues­tas por la Unidad de Inteligencia Financie­ra (UIF), teniendo como titular en ese pe­riodo a Santiago Nieto Castillo (acusado de cometer el mismo delito por el panista Ro­berto Gil Zuarth), entre diciembre de 2018 y enero de 2021, sólo un caso se había ju­dicializado sin que hubiera sentencias. La efectividad de casos judicializados por lava­do de dinero, respecto al total de carpetas, equivalía al funesto porcentaje de 0.4%, según la FGR, debido a “la falta de infor­mación que no ha proporcionado la parte denunciante (UIF)”.

Pero también porque el uso de los me­canismos para combatir el lavado de dine­ro de parte de la UIF, a lo largo de la presen­te administración federal, se ha concen­trado más en la persecución de enemigos políticos que en desbaratar las estructuras financieras de la delincuencia. Se está co­metiendo en parte el mismo error del pa­sado, cuando se pensaba que sólo las or­ganizaciones del narcotráfico lavaban di­nero, dejando fuera del radar a otras agru­paciones que se dedican a múltiples delitos en ascenso, como la trata de mujeres o el tráfico de flora y fauna silvestre.

La fiscalización del Sistema de Admi­nistración Tributaria, como siempre, se ha focalizado en los contribuyentes cautivos, pero no en los malos contribuyentes que obtienen ingresos a partir de infinidad de actividades ilegales. ¿Qué están haciendo el SAT y las Unidades de Inteligencia Pa­trimonial y Económica (UIPES) de las 32 entidades federativas, para evitar que la delincuencia trasvase su dinero mal habi­do a la economía formal, con lo que sigue acumulando poder e imponiendo su ley?

En materia de lavado de dinero, ¿tene­mos un Estado débil, incompetente o cri­minal, que lo tolera y permite?

Etiquetas: delincuenciagobiernolavado de dineroMéxiconarcotraficoUIF

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