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Sentimentalismo por el gym

Crónica Puebla por Crónica Puebla
17 agosto, 2021
en Opinión
Sentimentalismo por el gym

/Rafael Pacheco/Agencia Enfoque//

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Por: Adolfo Flores Fragoso/ [email protected]

Nos estamos habituando tanto a la muerte de los otros que, en este tiempo, hay muertes que son –para algunos– sólo un instante de sentimentalismo.

Un momento de egoísmo vacuo.

Barato.

Antes, la muerte era asumida con un triste silencio y como algo inevitable, do­lorosamente inolvidable.

Hoy la muerte es un tema de presuntas condolencias públicas y de una fake conver­sation en Facebook, expresando “lo bue­no” o “lo buena que era”, siempre hablan­do en primera persona, pues hoy la esque­la escrita debe de menospreciar al falleci­do: “Yo comí con ella… Yo lo conocí… Yo le aprendí… Yo la acompañé a… Yo lo quise… Yo… Yo… Yo…”.

Narcisismo puro en tiempo de conta­gios presenciales, a la espera de recibir los like y pésames en la red social favorita.

Tiempo de decadentismo.

En fin.

El día que su amigo Rodolfo murió por la COVID, Pablo estuvo más molesto por­que esa noche don Juanito no abrió el puesto de tacos de carne asada, una situa­ción desesperante en momento de antojo.

A don Juanito le ha bajado la cliente­la, especialmente los fines de semana de “arrancones” de autos, esos de ilegales apuestas protegidas por la autoridad, en­tre “pilotos” influyentes, tan soberbios co­mo patéticos y poco eruditos. Creyentes de autos más o menos bien adaptados por sus mecánicos, que sonríen con malicia y me­nosprecio una vez que salen de sus talleres.

Allá ellos.

La situación es que quienes quieran o puedan llegar al emparrillado de carnes poco agraciadas de Juanito (pero que ma­tan el hambre), no lo puedan hacer. Allá por la avenida “de las torres” o Municipio Libre, que es el nombre bautismalmente correcto. La salsa roja de molcajete es, por cierto, lo que valen esos tacos. Pero esa, es otra historia.

Pablo es un cliente frecuente de don Juanito y también amigo del fallecido Rodolfo.

Indiferente a la vida –perfumado escort de su Yo–, Pablo es el asistente del propie­tario de una de esas llamadas textileras.

Un chalán poblano muy bien pagado, pues.

Supervisa los procesos de producción en ciertos talleres clandestinos donde son cosidas y estampadas prendas finas, ma­ñosamente etiquetadas con un Made in China o Made in Bangladesh o Made in Italy, con el inevitable estampado “de marca” –cual mito teogónico de origen–.

Ropa “sembrada” para su venta en las plazas comerciales de buena estepa del sur de la ciudad de Puebla.

Pablo es tan hábil, tan galante, tan her­moso y tan insignificante que, cierta tar­de de pandemia, enamoró (sin enamorar­se, obvio) a una poco expresiva pero boni­ta trabajadora de aquel taller de hilados y tejidos, la embarazó, pese a lo ineficaz e in­eficiente que es en sus intentos de mano­seos y movimientos íntimos en cama, se­gún cuenta una de sus fallidas amantes.

Pablo no reconoció tal transmisión ge­nética que produjo la preñez de la chava­la, casos tan inevitablemente comunes en la Puebla de los angelitos huérfanos de padre.

Ella decidió no abortar, a pesar de estar impregnada del virus “de moda”, conse­cuencia también de aquel encuentro con Pablo.

Sin atención médica y sin pesos ni cen­tavos, ella exhaló un último suspiró: “Pa­dre, Hijo y Espíritu Santo”, en nombre de dos.

Nos estamos habituando tanto a la muerte en este tiempo que, una más, es sólo un instante de sentimentalismo in­trascendente.

Pablo resultó asintomático, por cierto, y goza de tan buena salud que espera im­paciente el día y la hora para que le abran el gym.

Etiquetas: contagioscovid19gym

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